
Por Silvio Tejada. El título de un poemario de la poeta Anamaría Mayol refleja la sensación de avistar esa casa de hornero que se sostiene sobre la columna de luz de calle y que cuelga a metros de los ventiluz del frente del Colegio de Abogadxs. Estos días de humedad extrema son el mejor momento para la construcción de ese horno de barro. El barro está en el pico del hornero, en su pecho, en sus dedos, en su natural manera de vivir obrera, alejado él, de aquel orgullo de ser pájaro nacional y mucho más de ser la figura del billete devaluado de $1000 de curso legal.
El Hornero de la patria alada que entre su cantar milonguero está construyendo su nido a metros aire del estrado, escucha los testimonios de las víctimas de este segundo juicio de la verdad de la sub zona 1.4.
Miguel Angel ingresa al recinto y se sienta en su lugar frente al tribunal, por la ventana entra el sol que peina sus canas, afuera el mismo brillo da de lleno al nido del hornero. Miguel Angel es víctima de aquel tiempo de dictadura sangrienta, era estudiante universitario, con ilusiones, militante. Cursaba el último tramo de Ciencias Económicas, tenía 24 años, vivía con algunos estudiantes más en la calle Escalante de la ciudad capital.
Miguel Angel recibió una citación policial y se presentó para conocer el motivo y quedó detenido en la seccional primera, lo registraron, lo anotaron en un libro diario y lo esposaron y vendaron sus ojos. Miguel Angel recuerda que lo suben a unas oficinas, un sitio renombrado en estos juicios, lo interrogan con violencia, picana eléctrica y golpes en toda su humanidad.
La sala del recinto del Colegio de Abogadxs estaba repleta de estudiantes, parecía derramarse un manto de verdad, afuera el hornero entre el barro sacudía sus ojos no vendados, mientras trataba de comprender el testimonio doloroso y un trino prolongado y angustioso sale de su garganta.
Miguel Angel repiensa que tal vez lo más trágico y doloroso era estar esperando la secuencia posterior de esos sucesos traumáticos que vivió. Luego de diez días en ese infierno comandado por el jinete de la muerte y su jauría, Miguel Angel ,fue trasladado a la unidad carcelaria 4, allí alojado en un pabellón específico durante un par de meses. Luego traslado a la Unidad 9 de La Plata en un avión obscuro, dónde Miguel Angel estaba esposado, vendado y maltratado.
Miguel Angel permaneció detenido hasta julio del 80 y dejado en libertad vigilada por un año más.
Miguel Angel retoma sus estudio y se recibe de Contador y retoma su vida entre un estruendoso silencio social.
Miguel Angel habla de que los factores que promocionaron aquel golpe de estado son los mismos intereses actuales que sacuden las condiciones de este país desigual.
Miguel Angel construye su relato transformado en clase pública, habla de libertad, de solidaridad, de la cárcel, del miedo, del horizonte, de la búsqueda de verdad, y afuera un tresillo que sale del nido hornero acompaña los aplausos para el valiente testimonio que no espanta los pájaros mientras el sol de mayo es el poncho de este nido suspendido en el aire que se llama justicia.


