
La especulación sobre un futuro del gobernador Verna en la política nacional amplía el escenario de posibilidades pampeanas. La sucesión gubernamental, las posibilidades de la oposición, el “candidato” inesperado al que le puede faltar tiempo y el hijo agazapado que espera su oportunidad.
El presidente del PJ, Rubén Marín, destacó que al gobernador Verna “le sobra volumen político” para ser vicepresidente y aseveró que “sería un orgullo para los pampeanos” que alcanzara ese lugar. Como siempre, sus palabras no tienen un solo significado y mucho menos, un solo traductor.
Carlos Verna ha demostrado ser un político con capacidad para intervenir en la discusión para encontrar la solución a los problemas del país. También, que cuando se tuvo que poner el overol para no perder La Pampa, el uniforme le calzó a la medida y encabezó la remontada de más de 20 mil votos entre la PASO de agosto de 2017 y la general de octubre, con el agregado de la recuperación de una banca para que el peronismo volviera a tener 2 diputados nacionales.
Y por eso, las palabras de Marín, no sorprendieron a nadie: tiene volumen y capacidad de acción nacional. Basta recordar cómo se dio vuelta la votación en la media sanción de la ley que despenaliza el aborto.
Pero, también, las frases del “Tío”, nunca tienen un solo sentido. Y si lo tuvieran, sus interpretaciones, no son únicas. Que Rubén Marín alabe las condiciones nacionales de Verna significa que otro u otra peronista deberá tomar las riendas de la provincia y encarar la próxima elección general de 2019.
Hasta ahora, el coro unánime del peronismo pampeano ha proclamado que el actual gobernador es el que garantiza la unidad y la continuidad en el poder provincial. No es menos cierto que Verna no dijo nada al respecto. Y es más cierto aún que en 2007, cuando este coro creía tener cerrado el concierto, el candidato se bajó.
No faltará quien diga que ese renunciamiento no fue traumático para el PJ porque estaba en vigencia el triángulo dirigencial que se turnó entre 1983 y el día de hoy en el sillón principal del Centro Cívico: era la hora de Oscar Mario Jorge, uno de los lados del equilátero.
Pero hoy, Jorge y Marín aparecen fuera de la escena por una cuestión etaria y Verna, si se va de La Pampa, no podría ocupar dos lugares. Claro que con el desdoblamiento de las elecciones podría jugar la provincial y luego la nacional. De ganar las dos, forzaría una nueva elección de autoridades en tierras pampeanas. De no llegar a la vicepresidencia, le quedaría el consuelo de la silla de Casa de Gobierno.
Lo que parece una tómbola muy arriesgada, no termina allí. Si el lector sigue el juego, habría que pasar a la etapa de la sucesión, la del nombre del reemplazante, que tiene además, la obligación interna de mantener el gobierno para el peronismo.
Y aquí, volvemos a Marín. Orgullo y oportunidad, de adelantar varios escalones para que uno de sus vástagos llegue a dónde sueña, por un atajo. Los intérpretes del presidente del PJ no tardaron en decir, “este nos quiere dejar al Taco”.
Y lo que aparece como descabellado puede ocurrir si se confirman las especulaciones sobre el futuro de quien, todos coinciden, es el único que hoy garantiza el triunfo del peronismo ante Cambiemos. En la ruleta, hasta ahora sonaron varios como segundo de Verna, pero nadie se había animado a decir que apetecía el primer lugar de la fórmula. Obligado, el PJ tendría que instalarlo en un año y esa premura, deja a varios fuera de carrera.
Por conocimiento podrían ser desde el vicegobernador Mariano Fernández, el presidente del bloque de diputados, Espartaco Marín, ambos de Convergencia, los ministros Daniel Bensusan, Martín Borthiry, Fernanda Alonso, del vernismo, y en el jorgismo, podrían orejear Ariel Rojas, Facundo Sola, Ariel Rauschenberger o Fabián Bruna, pero las posibilidades de triunfo de éstos últimos se reducen a que del otro lado de la mesa hayan tocado cartas bajas.
Incluso, la lista, puede tener otros nombres: el del condenado Juan Carlos Tierno y el de su reemplazante, Julio “Tato” González, un político desfachatado, popular y que “ató” el acuerdo con los intendentes cuando Carlos Verna a principios de 2018 los reunió para contarles que el ajuste nacional les tocaría a los pueblos y que la ayuda provincial se vería reducida.
Tierno tiene un voto duro y lo sigue el sector más conservador y reaccionario de la sociedad. González no es tan conocido pero tiene las mañas del político con experiencia pero con la juventud que le falta a muchos de sus hipotéticos rivales.
Mientras Marín tiró este anzuelo, de dudosa probabilidad pero imposible descarar en el “arte de lo posible”, Cambiemos dista de poder aprovechar ese hipotético escenario: los radicales no quieren que un político sin historia y del macrismo, encabece la fórmula, y muchos menos, que un no radical sea el que por primera vez desbanque al peronismo.
Contra Verna, los radicales perdieron cuanta batalla dieron. Los de Cambiemos también, pero estuvieron más cerca. Cuentan como poroto propio el triunfo de Macri en el escenario nacional, pero cuando estuvieron en juego los intereses provinciales, ni el famoso ex jugador de Boca y de breve paso por la selección, pudo con el más tradicional de los dirigentes peronistas.
Bien esta podría ser una columna de humor. Y así la pueden tomar. Los que no se ríen, son los peronistas que critican a Marín y en voz baja repiten cada vez que pueden que “este nos quiere poner 2 o 3 gobernadores más”. Hoy lo frena Verna, al que le queda una sola chance porque se lo impide la constitución. El 11 de diciembre de 2019, si el actual mandatario repite otro triunfo en la comarca, comienza la guerra por la sucesión de manera impostergable ya que para 2023 el triángulo equilátero será parte de la exitosa construcción histórica del PJ pampeano.
JJB

