
El ex funcionario municipal de la gestión de Francisco Torroba, Pedro Salas, afirmó que durante la elección del candidato a gobernador por la UCR, no sólo el ex intendente y el senador Juan Carlos Marino se postulaban, sino que también apareció una «cuarta nominación, muy tardía y poco seria».
Cinco horas antes de que se oficiliazara el anuncio de candidato a gobernador por el radicalismo a Daniel Kroneberger, Plan B informó que desde la agrupación del diputado ya comunicaban que él iba hacer el candidato.
Durante esas horas, también le informaron a Plan B que existía la posibilidad de que otro candidato apareciese, pero esta versión se esfumó con el pasó de las horas.
Pedro Salas, a través de Facebook, dio a conocer de la “tentativa” de un cuarto candidato y además criticó la decisión de que no haya internas en los municipios que gobierne el radicalismo.
Textualmente este es el texto de Pedro Salas:
El Abrazo del Oso
tres figuras prominentes de la UCR habían anunciado sus intenciones de postularse a la gobernación de La Pampa. Hubo una tentativa de cuarta nominación, muy tardía y poco seria, más parecida a una operación de prensa para posicionarse en un futuro reparto legislativo que en la disputa actual de cargos ejecutivos.
A pesar de los cuestionamientos formulados por algunos afiliados y dirigentes de la UCR, el camino recorrido por el radicalismo pampeano para la selección de su precandidato a gobernador constituye un hito histórico en la vida interna del partido, siempre más ocupado y movilizado por las pujas internas que por los desafíos de alcanzar el poder real.
Duras derrotas sufrió el radicalismo en las elecciones legislativas de 2017: la primera en las PASO, dentro del Frente Cambiemos, en las que los dos candidatos de la UCR perdieron la confrontación interna frente a un ignoto postulante del PRO; la segunda, en las elecciones generales, en las que el radicalismo pampeano perdió una banca de diputado nacional en favor del Partido Justicialista. Esa reciente experiencia traumática impulsó el clamor generalizado de evitar la reiteración de aquellos errores tácticos: enfrentar divididos una nueva elección interna, provocar la dispersión de votos radicales dentro del frente electoral y facilitar nuevamente un probable triunfo del precandidato del partido circunstancialmente socio.
Hoy, en el marco de un inédito escenario de elecciones generales desdobladas, tres figuras prominentes de la UCR habían anunciado sus intenciones de postularse a la gobernación de La Pampa. Hubo una tentativa de cuarta nominación, muy tardía y poco seria, más parecida a una operación de prensa para posicionarse en un futuro reparto legislativo que en la disputa actual de cargos ejecutivos.
Los tres precandidatos del radicalismo pampeano a la gobernación comprendieron la exhortación a la unidad –que fue un mandato expreso, discutido y votado por el máximo organismo de conducción partidaria- y se comprometieron expresamente a definir mano a mano una única postulación.
Los tres precandidatos aceptaron someterse a una encuesta seria e imparcial, realizada por una empresa prestigiosa en sondeos de opinión pública, para disponer de una herramienta científica y objetiva que les permitiera saber el grado de conocimiento, la imagen positiva y negativa, los ámbitos de preferencia y las posibilidades de proyección de cada uno de ellos.
Juan Carlos Marino, Francisco Torroba y Daniel Kroneberger son radicales que pertenecen a la camada de dirigentes que sucedieron a las figuras históricas que preservaron al radicalismo pampeano durante las interrupciones del orden constitucional y que lo condujeron durante la transición en el retorno a la democracia.
Los tres han sido Presidentes del Comité Provincial de la UCR y los tres han ejercido importantes cargos de representación política. Los tres han sido Intendentes Municipales en sus respectivos pueblos, los tres han sido (o son aún) legisladores nacionales, los tres han ganado y también han perdido (tal vez más perdido que ganado como todo radical) numerosas elecciones que los llevaban personalmente como candidatos o no.
Juan Carlos Marino, Francisco Torroba y Daniel Kroneberger son hombres grandes, experimentados y con legítimas aspiraciones políticas. No se llega a desempeñar los cargos partidarios y de representación política que los tres han alcanzado sin una firme decisión personal y sin el amplio acompañamiento de los afiliados y de los electores independientes.
Los tres precandidatos sabían con absoluta certeza que en un plazo breve de negociaciones e inexorable de definiciones, dos de ellos deberían resignar su pretensión y los tres precandidatos sabían que solo uno de ellos continuaría adelante para enfrentar a socios y adversarios en distintas instancias.
No se declina una postulación al máximo cargo ejecutivo provincial por berrinches ni caprichos; no sirven las excusas de conspiraciones, roscas o componendas; no son creíbles los análisis de especulaciones mezquinas. Si así fuera, mal hablaría de la integridad personal de los candidatos y de las motivaciones de sus pretensiones. Me resisto a ello.
Es necesario dar crédito a sus expresiones públicas que fundamentan sendos pasos al costado: “la unidad partidaria y del frente ameritan esta decisión” (Juan Carlos Marino); “la necesidad de encolumnar a todo el partido en una elección que va a necesitar de las estructuras partidarias” (Francisco Torroba).
Hay, probablemente también, algunas otras razones de peso que habrán evaluado en su momento y que tal vez no sea políticamente correcto expresar públicamente por quienes solo deben unir y aglutinar voluntades.
Tanto en la Convención Provincial como en las conversaciones previas con los otros partidos llamados a ser socios en un Frente electoral, las autoridades partidarias de la UCR han exigido el compromiso de la abstención de competencia interna en al menos quince municipios gobernados por el radicalismo, allanando así el camino de las postulaciones a la reelección de los actuales Intendentes o su sucesión acordada por ellos mismos.
Esta exigencia, intrínsecamente inviable frente a cualquier aspiración legítima de otros posibles competidores, pareciera ser una coraza que resguarde la pretensión de los actuales Intendentes, pero puede ser un abrazo de oso para el candidato a Gobernador que necesita tracción de votos en las ciudades más pobladas de La Pampa y no la continuidad de gestiones municipales que los ahuyenten.
Esta disyuntiva flanquea la imagen de Daniel Kroneberger y condiciona su mayor potencialidad como candidato exitoso en la elección general.

