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Salió de la cárcel y volvió, pero ahora, a predicar: “Busco que se alejen del delito”

14 enero, 2019
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Jorge Rocha nació en Buenos Aires hace 45 años. Estuvo más de 10 años presos, casi cinco en La Pampa. Ahora sigue visitando la cárcel pero va a predicar: “entendí que podía acercarme a esa gente que nadie se iba a interesar y poder hablarles de Dios para cambiar sus vidas”.

Rocha actualmente trabaja en electricidad de automotores y en peluquería. Desde hace 10 años llegó a La Pampa. Ya predicaba dentro de la cárcel como un interno. Hace cinco años le dieron la libertad, donde continúa yendo para predicar.



Jorge habló con Plan B sobre su vida desde pequeño cuando comenzó a robar: “Yo delinquí cuando era adolescente hasta una edad muy adulta. Tenía 14 años y ya robaba. Mis hermanos eran delincuentes. Igual mis padres querían e intentaron que yo me educará, pero no me llamaba la atención la escuela, me gustaba más hacer otras cosas”.

Destacó que más adelante formó una banda de ladrones: “viví una vida de plata, de cosas materiales muy fáciles, y además, nunca fui adicto a las drogas o alcohol, entonces disfrutaba más la plata”.

Detalló que a los 20 años: “empecé a tener mala racha y caía preso casi todos los años era como una maldición”.

Relató que estando preso: “uno no vive bien. Sentía mucho dolor, mucha injusticia y conoces adentro las cosas feas de la vida. Entonces en vez de cambiar el rumbo en la vida cuando salía, pensaba que debía hacer un robo grande y nunca más robar, pero todo era una gran mentira, porque volvía a robar y de nuevo caía preso. Atrás mío había toda una familia, y al final, destrozaba a mi esposa y a mi hijo”.

Jorge comentó que estuvo en varias cárceles de Buenos Aires y que habrá pasado más de 10 años preso.

Rocha señaló que a los 33 años una vez estando preso llamó por teléfono a su familia y se enteró de que estaban pasando muchos problemas: “no aguante más lo que vivía, y fui a mi celda, me arrodille y me puse a llorar. Pensé porque vivía todo esto y le recé a Dios, en ese momento sentí que algo cayó sobre mí que me abrazo y consoló. Sentí paz y amor”.

“Después de eso mi vida quedó marcada. Comencé a acercarme a Dios y aprender sobre él. Me di cuenta que no sólo yo tenía que acercarme a él, sino mis compañeros de la cárcel también. Como era una persona muy conocida y respetada en la cárcel, predique a los pibes allá dentro y podía acercarme a personas que eran muy malas y hablarles de Dios”.

Al tiempo, Jorge le contó a su mujer que se había acercado a Dios: “no me creyó, ya que yo le había mentido toda su vida, pero seguí cerca de Dios y hacia reuniones en la cárcel con gente de la mayoría de los pabellones, donde el jefe de la unidad me ayudo, me dio un galpón grade para predicar”.

Jorge Rocha le dijo a Plan B que hace alrededor de 10 años le ofrecieron elegir otra cárcel por su buena conducta: “le dije que quería venir a La Pampa, donde encontré muchos hermanos- Ellos me atendieron en la cárcel y ahí conocí el capellán Héctor Villegas (director de Capellanía) que me ayudó mucho para aprender sobre Dios y trabajamos juntos dentro de la cárcel”.

Después de unos años, cuando se acercaba la oportunidad de quedar libre: “sentí que Dios me decía que debía seguir predicando en las cárceles, y eso me tocaba el corazón porque no quería ir más a las cárceles, no quería sentir ni el olor. Pero entendí que podía acercarme a esa gente que nadie se iba a interesar y poder hablarles de Dios para cambiar sus vidas”, dijo.

Al salir en libertad, Jorge siguió yendo a la alcaidía y lleva cinco años trabajando ahí: “Han pasado una gran cantidad de pibes. Yo trabajo con ellos adentro y su familia afuera. La idea que yo busco es que puedan alejarse del delito acercándose a Dios y una familia que los contenga”.

Remarcó como una ventaja para predicar a los presos es la realidad que él ha vivido: “El preso no me puede engañar porque ya conozco la realidad de la pobreza, cómo el robo y estar dentro de la cárcel. El preso viene muy sincero y yo ya se cuando está mintiendo”.

Señaló que “Gracias a Dios me renueva la fuerza, ya que hace unos años dentro de la cárcel me enfermé y mis riñones empezaron a no funcionar y me hago diálisis casi todas las semanas, pero igual me quedan fuerzas para estar con mi familia, trabajar e ir a ver a los presos. También tuve la suerte que el sistema de salud pampeano me permitió salir adelante”.

Finalizó expresando que “estando en la delincuencia nunca encontré paz ni amor, pensaba que trayendo plata era la solución y me di cuenta que al final sólo destrozaba a mi familia”.

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