
La interna que Daniel Kroneberger le ganó por paliza a Carlos Javier Mac Allister generó sorpresas, enojo y decepción en las huestes del macrismo pampeano. Tienen un desafío, devolver la fidelidad radical de 2017 o comportarse como el despechado de la pareja.
Carlos Javier Mac Allister tenía todo preparado para ser él. Pero el domingo 17 de febrero las urnas le volvieron a marcar el casillero de la derrota: desde que comenzó en la política, perdió todas. Algunas veces “jugó mejor”, esta última, fue goleado.
En 2013, cuando arrancó, llegó a la diputación nacional al salir tercero. En 2015 amagó con hacer una interna, terminó conformando “Propuesta FrePam” el nombre alternativo de lo que hoy terminó siendo cambiemos, cedió la gobernación a Francisco Torroba y puso de vice a Eduardo Pepa.
Para él mismo se reservó la pelea por la senaduría. Basó su campaña en la cantidad de años que su rival, Juan Carlos Marino, llevaba en la política tradicional. Mejoró la performance de 2013, pero no le alcanzó y el radical le dio la primera muestra del valor de la estructura del centenario partido.
En 2017 postuló a un “fiat 600” contra la Ferrari del gobierno. Son palabras textuales del “Colo” a Plan B. El fitito, era Martín Maquieyra, y la Ferrari, Carlos Verna, que puso de piloto a Ariel Rauschenberger. Esa fue la vez que estuvo más cerca, pero perdió.
Y en esa elección aparece un compromiso a futuro. Maquieyra renovó su banca, a la que había llegado como suplente y luego de un renunciamiento de Adriana Leher, que era la que seguían en orden a Mac Allister, devenido en funcionario de Macri desde diciembre de 2015.
El “fitito” ganó por amplio margen la PASO a la UCR. Pero se la ganó, porque fueron divididos Martín Berhongary y Francisco Torroba. Se dice que las matemáticas no son aplicables a la política, pero la sumatoria de aquellos y los porcentajes de estos votos, dan cuenta de que unida, la Unión Cívica Radical doblega en votos al macrimso pampeano.
Tras la derrota, los correligionarios la aceptaron con “resignación y valor” y todos se pusieron a trabajar por Martín Maquieyra. Y lo hicieron con tal lealtad que si uno se toma el trabajo de sumar los votos de los dos precandidatos radicales más los del macrista, la sumatoria es casi perfecta. Y ese resultado matemático es la muestra más clara de fidelidad que se haya visto en los últimos años.
También es, un compromiso que debería ser devuelto de la misma manera por el PRO. Sin embargo, la fuga a las vacaciones forzadas de Mac Allister, el casi silencio de los que quedaron acá, las críticas por lo bajo a la forma de campaña electoral y el achaque a quien alguna vez fue concejal radical, hablan de un hervidero de cuya cocción no se sabe que resultará.
En charlas privadas los nuevos de la política ya se quejan de que los radicales van a volver a perder por su eterna vocación de segundos y eso hace que duden sobre el grado de exposición pública que asumirán los amarillos.
Públicamente, los pocos que hablaron, prometen fidelidad. Pero se sabe, que la infidelidad, no se grita a los cuatro vientos, se la disfruta a escondidas y parte del encanto de la situación, pasa por la “clandestinidad” de la acción.
Hoy se escuchan de las dos voces: las que se aferran al sacramento y las que prefieren una traición. Cómo se sabe, esta fidelidad o infidelidad, será descubierta tarde o temprano. Habrá que esperar a mayo. Después se verá si el matrimonio continúa.

