
Ricardo Cheli, abogado e integrante del Frente Ciudadano, envió a Plan B una nota de opinión, de cara a los comicios del 11 de agosto en todo el país y llamó a la ciudadanía a elegir y no votar, como planteara el presidente Macri.
“Elegir, entonces, es primero votar por uno mismo, negándose a ser un número dentro de las estadísticas oficiales, tan degradantes y falaces. Es un valiente acto de hacer valer los derechos inalienables que, después de haberlos conseguido y en su mayoría puestos en ejecución plena, hoy nos son negados. Significa también, dejar muy en claro el descontento y el descreimiento fundados legítimamente”, plantea en uno de sus párrafos.
“Hoy hemos llegado al absurdo donde el sarcasmo y el anacronismo, configuran la alegoría de la historia Argentina de este tiempo, donde los peores ocupan funciones de relevancia y el espectáculo mediático de los falaces estafadores de la vida, intenta perpetuarlos en sus sitiales de honor, impidiendo la reconstrucción de una República, hoy, en franca desaparición, donde el ciudadano ha perdido su identidad como ser político y se lo ha transformado en un mero cliente de las grandes corporaciones que prestan servicios de gas, electricidad, peajes, etc”, señala más adelante.
“Se trata entonces, de preparar nuestras mentes para el combate vital por la lucidez que reflejaremos al expresarnos en las urnas, donde el conocimiento de la realidad implique responsabilidad y el pensamiento tenga un sitio de honor en la vida de nuestra comunidad”, argumentó.
La nota completa, plantea lo siguiente:
“Días pasados el Presidente Mauricio Macri, como parte de su campaña política en las próxima contienda electoral, publicaba un mensaje (por twiter) donde proponía a la ciudadanía no pensar el voto, así decía que “No se necesitan, argumentos, no es necesario dar explicaciones” y concluía con su imagen y el mensaje “YO LO VOTO”.
Y aquí aparece la primera trampa al ciudadano, pues no es lo mismo “votar” que “elegir” y la diferencia es muy simple, el votante sólo cumple con una obligación legal y el elector decide por candidatos/as y para ello entra en juego su propio criterio y su responsabilidad.
A este respecto, lo que se llama el voto duro o incondicional podría considerarse un voto insensato, es decir, votar sin reflexionar sobre la gestión política, social y económica (si el/los candidatos han gobernado), y eso indica una verdadera renuncia a la independencia y libertad personal, y también pone de manifiesto una ausencia de madurez y de responsabilidad política. El ciudadano reflexivo sabe valorar si el político es una persona verdaderamente preparada para los cargos de tan alta responsabilidad, y si posee las cualidades necesarias para defender los intereses nacionales. Puede discernir si ha dado pruebas de ello, o si es más bien un arribista que utiliza la política para llegar o permanecer en el gobierno y desde allí hacer negocios en beneficio propio, de sus familiares y amigos y gozar de los privilegios del poder. El ciudadano responsable, inicialmente, analiza argumentos y luego se los explica, primero, a sí mismo y los confronta con la realidad circundante; o sea elige, recién luego de someterlos a su propia reflexión y examen. En síntesis, votar es sólo el medio para poder elegir, si sólo cumple lo primero, seguro pierde su capacidad de decisión y esa desmesura será un simulacro de democracia y, lo peor, habrá dilapidado la oportunidad de producir una profunda regeneración política, auténtica y efectiva.
Nuestra libertad, nos obliga a cada instante a comprometerla con dignidad y valentía, contra las fuerzas del resentimiento, el odio, la mentira, la cobardía, la traición y la mezquindad de gobiernos descartables, conformados por traumados personajes sin capacidad ni experiencia de haber experimentado el vivir con la sensibilidad del instante, con identidad y rebeldía, siempre a favor de una existencia cultural y personal.
En esta hora aciaga para la gran mayoría de los argentinos que se permiten permanecer en sobrevivencia, donde millones se acuestan mal alimentados o sin comer y se levantan sin saber si comerán en el día que deben enfrentar o si su lugar de trabajo estará abierto o habrá cerrado, donde la esperanza de vivir mejor se ha esfumado y ya la vida, en especial para niños y ancianos, se ha convertido casi en un castigo, más que un milagro. En tal sentido cabe mecionar la Biblia en un pasaje de uno de los profetas mayores de Israel, cuyo ministerio tuvo lugar durante el siglo VIII a.C dice:“Pobres de aquéllos que dictan leyes injustas y sus decretos organizan la opresión que despojan de sus derechos a los pobres e impiden que se haga justicia” (Isaias:10, 1-2) y para vencerla –agrego- el pueblo tiene el poder de decidir con su voto y en la próximas elecciones está la gran oportunidad.
La desinformación, fraude y fábula en nombre de la mentira se han desplegado en nuestro país en el que hay lugar ya, para la comprobación cierta, de toda la estafa de un gobierno a cargo del manejo del Estado, que como se puede observar con toda claridad está dispuesto a llevar a cabo cualquier felonía para mantenerse en el poder, por lo que deviene indefectiblemente concluir que la democracia se encuentra en estado de sumo peligro. El Presidente de los mercados, como se lo llama popularmente a Macri, si pierde las elecciones, seguramente tiene un lugar guardado en el mundo para seguir disfrutando de sus cosecha económica y financiera. Pero desgraciadamente no existe otra parte donde puedan ir los excluidos, pues no tienen una geografía de recambio, ni otro suelo que donde han nacido, su tierra, que va desde los parques a los cementerios.
Elegir, entonces, es primero votar por uno mismo, negándose a ser un número dentro de las estadísticas oficiales, tan degradantes y falaces. Es un valiente acto de hacer valer los derechos inalienables que, después de haberlos conseguido y en su mayoría puestos en ejecución plena, hoy nos son negados. Significa también, dejar muy en claro el descontento y el descreimiento fundados legítimamente. No se puede regalar un derecho humano que nos ha sido garantizado constitucionalmente, como el de elegir a nuestros gobernantes, donde cada habitante tenga asegurado su porvenir pleno de armonía y libertad y al mismo tiempo, el de poder rechazar categóricamente a los candidatos mononeuronales, sin ideas, ni ideales de soberanía, de patria en definitiva.-
Precisamente a contrario de lo que propone nuestro Presidente, debo decir que nada se compara con el encanto de un hombre que no esconde ninguna idea y la expresa libremente, sin necesidad de ofensa alguna, ni sintiéndose atrapado por el circo prostibulario de la política mediática o los trolls de la redes sociales, donde la inteligencia es extirpada del juego de esa política con mayúscula, único modo de cambiar la realidad de la vida de los pueblos, aquí y como se hace en todo el mundo democrático. Hoy hemos llegado al absurdo donde el sarcasmo y el anacronismo, configuran la alegoría de la historia Argentina de este tiempo, donde los peores ocupan funciones de relevancia y el espectáculo mediático de los falaces estafadores de la vida, intenta perpetuarlos en sus sitiales de honor, impidiendo la reconstrucción de una República, hoy, en franca desaparición, donde el ciudadano ha perdido su identidad como ser político y se lo ha transformado en un mero cliente de las grandes corporaciones que prestan servicios de gas, electricidad, peajes, etc.
Se trata entonces, de preparar nuestras mentes para el combate vital por la lucidez que reflejaremos al expresarnos en las urnas, donde el conocimiento de la realidad implique responsabilidad y el pensamiento tenga un sitio de honor en la vida de nuestra comunidad.
*Ricardo Víctor CHELI

