
En esta columna de opinión, el periodista Javier Urban se refiere al resultado electoral del domingo pasado, donde la fórmula Alberto Fernández – Cristina Fernández, se impuso ampliamente. Analiza las motivaciones del electorado para optar por el proyecto político opuesto al gobierno neoliberal de Mauricio Macri.
Javier Urban excribió:
La perversa decisión de liberar la cotización del dólar, para después hacer explícito en una alocución cargada de odio que “quien las hace las paga” y si la mitad del pueblo argentino había votado en contra de su pretensión reeleccionista, tendrán que bancarse el inevitable traslado a precios; para luego salir con un más perverso aún, pedido de disculpas y anuncio de un paquete de medidas “aliviadoras”, que sólo servirá para desfinanciar el Estado y que el próximo presidente se las arregle, un próximo presidente que ni siquiera está electo pero que tuvo que salir a dar “señales”: decir que el dólar a $ 60 es razonable y en un juego, no para la tribuna, sino para los palcos bien caros de los grandes estadio, renegar de Nicolás Maduro y hasta de la revolución chavista casi, para que el desastre no se siguiera extendiendo…Todo sucediéndose vertiginosamente desde que las PASO consumaron un ganador y sobretodo un perdedor. Todo eso, nos las hace parecer a esas elecciones hasta lejanas en el tiempo, cuando sólo pasó una semana. Por lo que me parece necesario, bajarnos del torbellino y reflexionar aún sobre ellas, porque su resultado no fue para nada menor, justamente.
Entonces: si bien en el mundo entero la pregunta es “¿por qué hay veces que la gente vota en contra de sus propios intereses? o ¿Por qué hacen cosas que no se pueden explicar?” A los analistas europeos, por ejemplo, les resulta inadmisible que los británicos, que tienen un 90% de relaciones comerciales con el resto de Europa, hayan votado a favor del brexit para irse del mercado común; o que los catalanes encuentren algún tipo de beneficio en independizarse de España…
Si bien en todo el planeta pareciera ser que los intereses que los ciudadanos defienden con su voto ya no son ideológicos sino que parecen haber comenzado a considerar esa palabra “intereses” en estructuras más opacas y difíciles de desentrañar; y pareciera ser que la civilización en estos tiempos ha roto muchas barreras de las consideradas simbólicas y que la mayoría de las personas son desenfrenadamente racistas, desinhibidamente xenófabas, sin problema alguno para sentenciar que “sobra gente”.
Si bien han aparecido sujetos como los que dicen en público “estoy harto de los empleados, la esclavitud no estaba tan mal”, como aquel dirigente ultraderechista español que manifestó “estamos hartos que los progres nos controlen”, dejando sin eficacia simbólica a aquellas conductas que nos distinguían como humanidad.
Si bien en la Argentina proliferan los locutores que como Claudio María Domínguez encantan con su discurso de 10 mil palabras por segundo con barbaridades del tipo “lo único que vale es la paz espiritual, que teniéndola lo demás nada importa, que hay que convencerse de que todo lo podemos, que lo único que vale es la fe en uno mismo, que de ese modo nadie va a manejarnos la vida”, mostrándose como el campeón mundial de la autoayuda y que nada ni nadie más importa.
U otros, como Javier Milei, ese economista que convoca a eliminar al Estado, cerrar el Banco Nación, suprimir los subsidios, porque lo que ocurre es que sobran miles de personas y no hay derecho a asistirlas con el esfuerzo de las demás.
Si bien los seudo-intelectuales que apoyan a Macri, en aquella solicitada que publicaron llaman a defender la democracia ya que, según ellos, los únicos democráticos son los de cambiemos y el resto son totalitarios, como lo sentenció Alejandro Rozinger al hacer una analogía entre el proceso militar y el kirchnerismo, asegurando que no podían volver, “nunca más”.
A pesar de todo eso, los argentinos no podían desaprovechar la posibilidad de darle respuesta al drama cuasi teológico que padecíamos, no se podía perder la oportunidad de ponerle fin al proceso autodestructivo al que habíamos ingresado y que nos hacía preguntar ¿por qué tanto absurdo y dolor sin sentido?
En las PASO los argentinos pudimos demostrar que, aunque nuestro problema sea la organización institucional, todavía contamos con una gran estructura simbólica, con una memoria histórica que nos preserva y que no existe en ningún otro lugar del mundo.
Una vez más los y las argentinas, todes, o si se quiere la gran mayoría, para ser más preciso, de los argentinos, demostró que los “anti derechos” (del pueblo) pueden tener poder, pero no son hegemónicos. Y Macri, como tampoco pudo hacerlo la revolución fusiladora del 55, ni el resto de los golpes de Estado, sobretodo el sangriento del 76, ni las circunstanciales derrotas electorales, ni el neoliberalismo de los 90, no pudo generar una construcción cultural. No han podido vertebrar algo histórico.
Y así como la cárcel al coronel Perón en el 45, ni los bombardeos a Plaza de Mayo en el 55, ni el golpe de Estado del 76 que diezmó a toda una generación, ni el liberalismo de los tiempos en los que se creía que estábamos en el “fin de la historia”…tampoco ahora, con la exorbitante inversión en lo comunicacional de los últimos años, con las fortunas que gastaron en montar las operaciones más sofisticadas con islas, cajas fuertes, excavadoras y hasta la eliminación de la mínima seguridad jurídica haciendo culpables a quienes se les antojase sin tener que demostrar ninguno de los delitos por los que se los manda presos, con la propagación del odio…con nada de eso, tampoco ahora, pudieron destruir esa secuencia histórica que pervive en la memoria de argentinos y argentinas y que pasa por el 17 de octubre, Evita, las Madres de Plaza de Mayo, Néstor y Cristina Kirchner.
El Poder ha hecho siempre lo imposible por desafectar esa secuencia para siempre, lo que sería horrible. Pero una vez más deben resignarse a que semejante estructura simbólica no se consigue en ningún laboratorio de marketing, ni se puede organizar con “coaches” nacionales o importados. Es puro sentimiento e ideología.
Por eso, ellos en las PASO no podían ganar. Habían entrado a una hipertrofia de buscar fórmulas en los laboratorios y sin perspectiva histórica, sin lectura política ni construcción discursiva, sólo apelaban a la expansión del odio y terminaron reconociendo que estábamos “a la mitad del río”, sin darse cuenta que la enorme mayoría de la población, lo que nunca quiso fue que la metieran al río y ellos lo hicieron, por eso, después de eso sólo les quedó llamar a votar sin argumentos, a puro odio.
Pero la gran mayaría de los argentinos le dijo al mundo entero que somos distintos y, en medio de un contexto de derechización mundial produjo un episodio impresionante…es que ante los 70 despidos diarios que en los últimos tres años y medio generó el gobierno de Macri en la Argentina, los miles de compatriotas que viven en situación de calle, la flexibilización laboral de hecho que ya existe pero que estaban dispuestos a institucionalizarla a toda velocidad, la paralización de las paritarias, el endeudamiento externo que asusta, la devaluación, el cierre de fábricas, la bicicleta financiera y la entrega del Estado…apareció algo muy propio de los argentinos, argentinas y argentines, la solidaridad.
Porque es cierto que en Bs As hay siete mil personas viviendo en la calle, pero hay otros dos millones que tienen casa y trabajo; es cierto que hay un 12% de desocupados y el número va en crecimiento constante, pero hay más del 80% que aún conserva el empleo…es cierto que en La Pampa hay más de un centenar de familias que tomaron terrenos y hay otros 3 mil y pico anotados en espera de una vivienda social, pero el resto tenemos casa…es cierto que Calzar dejó un tendal de desocupados y que cada comercio que cierra va dejando de a dos o tres empleados más en la calle, pero también hay miles de empleados públicos que tienen su, no muy bien remunerado, laburo pero lo tiene…O sea, la mayoría de los argentinos podría haberle dado la espalda a los que más sufren y confiar en el segundo semestre, en los brotes verdes, en la lluvia de inversiones, total…Sin embargo no, la mayoría enorme de los argentinos demostró que es solidario y lo demostró con su voto.
Y así, encontrando una vez más la salida política y cultural de siempre, terminamos de poner al mundo de la cabeza. Porque no entiende cómo es que un muchachito porteño, judío, hijo de sicoanalistas, un economista keynesiano, Axel Kicilloff, haya ganado en el conurbano bonaerense y, sobretodo, que esa Mujer a la que daban por muerta y liquidada, ahora esté volviendo sin necesidad de los aparatos de poder, como vicepresidenta del presidente que puso ella (¡menos lo entienden todavía!). Y es porque nunca podrán entender al Peronismo y mucho menos que acá se vote con amor, con amor por el otro, porque la Patria es el otro. Lo entendemos así y es maravilloso.
Javier Urban – Periodista

