
El Gobierno y los medios afines hoy afirman que es la solución. * Por Ricardo Víctor Cheli.
El argumento contra el “CEPO”
El 9 de noviembre de 2014, con firma de Aldo Abram el Diario “La Nación” publicaba una nota titulada “El cepo que corta la libertad y la producción” demonizando la política oficial de ese momento de restricción de venta de divisas y reiterando los conceptos de otra columna en el mismo sentido publicada el 28 de Octubre del 2012 que titulaba como «Cepo a la libertad», o sea se ponía como valor supremo a la libertad, independientemente de la igualdad, que con un mercado librecambista hace que los “iguales” sean cada vez menos y los “desiguales” cada vez más numerosos. Entonces, hoy después de la experiencia vivida con la política del Gobierno de Cambiemos, cabe preguntarse: ¿La salida del cepo fue una política responsable o una irresponsabilidad con consecuencias nefastas?
Consecuencias del libre mercado cambiario
Partimos de esta premisa absolutamente comprobada: haber tenido un mercado cambiario libre con la macroeconomía inestable sólo significó cambiar el denominado “cepo cambiario”(como lo denominó Clarín) o “control de cambios” como es correcto llamarlo, por el “cepo crediticio”, que ha sido mucho peor, porque hizo directamente inviable cualquier proceso productivo y concluyó con la caída en tres años de más de 50 mil Pymes (sólo en el 2019 ya suman 15 mil), con decenas de miles de despidos y, las que aún siguen en pie, salvo poquísimas excepciones o rubros, están produciendo muy poco con el 60% de maquinaria ociosa, y en proceso de manifiesta obsolescencia, ya que la tecnología avanza y hace que sus máquinas hoy, ya sean viejas en términos productivos y no pudieron ser renovadas. Los despidos a su vez implican menos ingresos al Sistema de Seguridad social y al propio Fisco por pago de Impuestos, la imposibilidad de tomar nuevos empleados y que se capaciten paulatinamente en los oficios, lo que redundará en que miles de jóvenes carentes de toda capacidad laboral específica no podrán insertarse rápidamente, cuando el aparato productivo se recupere, pues los empleadores ocuparán primero a aquellos empleados con experiencia laboral. O sea ese odiable “cepo”, que sólo perjudicaba a algunos sectores de la economía y a una franja social que quería vacacionar en el exterior y les costaba acceder fácilmente al dólar, fue cambiado por una política de mercado cambiario libre que generó, paralelamente, un mercado financiero que fue elevando, mes a mes las tasas de interés del crédito bancario y perjudicó, en definitiva a la gran mayoría de la población.
No analizaremos el fenómeno inflacionario que esta incertidumbre genera y que Macri dijo que era fácil de solucionar o que si no lo hacía demostraría su incapacidad de gobernar, pues no hay nadie en la Argentina que no lo esté sufriendo en vivo y en directo con sus gravosas consecuencias y que, además, ha provocado en la pequeña y mediana empresa una verdadera confiscación del capital invertido por los sectores industriales y los pequeños y medianos productores rurales, que por vías de la dolarización de tarifas energética y combustibles, se ha derivado en una fenomenal transferencias de recursos de los sectores del trabajo a las empresas productoras de esos servicios, sin que éstas hubiesen puesto un dólar en inversiones para mejorarlos.
En síntesis un combo de crisis ruinosa de la economía general que afecta en mayor medida a los sectores más desposeídos de la sociedad como se ve en los merenderos y población en situación de calle cada vez más numerosa y que ya tiene, como común denominador, un rótulo impensable en este suelo bendito del pan, que es “hambre”.
Los resultados a la vista
Esto es tan elemental, que resulta difícil entender que muchos argentinos aún no lo detecten y más aún no tengan la capacidad o la honesta dignidad de admitir que el modelo pos neoliberal de exclusión económico-social fracasó una vez más y que después de cuatro años de gobierno macrista, sigan sosteniendo sin argumento válido alguno que el escenario de hoy es consecuencia de la supuesta “herencia” recibida.
Por eso, esto nos ha llevado a preguntarnos si el mal denominado “cepo” impuesto por el Gobierno anterior era en verdad tan grave como perder la “libertad” o tan necesario como lo es hoy. La respuesta está en recordar que en el 2011 cuando se estableció un régimen de restricciones cambiarias, Argentina, no obstante, tuvo un record de exportaciones que alcanzaron los 80 mil millones de dólares y en el 2015 cuando concluyó el mandato de Cristina Fernández el contexto socioeconómico y financiero era muy diferente al actual. Aquélla era una nación desendeudada, sin el nocivo ‘riesgo país’, sin fuga de capitales, produciendo y generando trabajo, con los salarios más altos de Latinoamérica, con alto consumo y una inflación y pobreza si bien elevadas, muy inferiores a las cifras actuales y con tasas de interés menores al tercio de las que hoy cobran los bancos. Ahora, en cambio, sí que puede hablarse de un país donde la libertad, para las PyMES está amputada para producir, sea para adquirir dólares o tomar créditos para invertir. Pero lo peor y muy grave, es que un 35 % de la población ha perdido derechos esenciales y entre ellos la libertad de poder alimentarse y vivir dignamente.
En síntesis es, en relación al aumento de las fabulosas ganancias del sistema financiero y del patrimonio de quienes gobiernan, tal como lo dice la antropóloga española Remedios Zafra (en ‘Zuheros’, Córdoba, 1973) “El aumento de la precariedad de muchos es paralelo al aumento de la riqueza de unos pocos. Ciego es quien no ve la injusticia”.

