
Patricio Poli, un un tatuador acusado de viralizar videos sexuales de su ex, podría recibir una pena de hasta 6 años de prisión. El juicio comienza 21 de noviembre, en La Rioja.
Más de dos años y medio pasaron para que el Juzgado de Instrucción en lo Criminal y Corrección N° 3 de La Rioja enviara a juicio oral a Poli por difundir videos de su ex. Al terminar la relación, el hombre la amenazaba a Paula para que volviera a ser su novia. Si no lo hacía, difundiría videos íntimos. Al no conseguir su objetivo, violentó la intimidad de la joven mujer.
Patricio Pioli está imputado por “coacción agravada y lesiones”, delitos que prevén un máximo de seis años de prisión efectiva. Es el primer caso en el país en que una mujer logra llevar a juicio a su ex, por difundir material audiovisual de sus relaciones íntimas.
“Él la amenazó durante mucho tiempo, exigiéndole que vuelva a estar con él, de lo contrario, difundiría el material íntimo”, dijo Sebastián Andrada, abogado de la denunciante. “Serán cinco o seis jornadas y el veredicto estará antes de la feria de diciembre, que empieza el día 22. Imagino que será un castigo ejemplar y Pioli cumpliría una pena de prisión”, especuló el profesional del derecho.
El juez será un hombre, lo que despertó las suspicacias, pero Andrada estima que “no debería influir porque al momento de dictarse la resolución, el juez o los jueces deben motivar la sentencia. ¿Qué es la motivación? Es la exposición detallada del modo en el que el juez pensó y razonó al momento de valorar y analizar la prueba y reconstruir los hechos para, luego, llegar a la sentencia”.
Nueva figura legal. Cuando en 2016 Poli difundió el material íntimo, no había legislación específica para ese tipo de accionar. Se espera que la figura de violencia de género digital se introduzca en la reforma del Código Penal, con una pena de hasta tres años de prisión.
A partir de ello, la la intimidad de la pareja se va a proteger por primera vez.
Paula cuenta que desde hace más de dos años que está “detenida, paralizada, sin poder trabajar de manera continua y sin poder conciliar el sueño sin que tenga que tomar pastillas». Y agrega: «Lo único que pido es tener normalidad en mi vida, no es tanto, y creo que este juicio me va a ayudar a encontrarla. Confío en la Justicia porque sé las pruebas que se van a presentar. Sólo resta esperar una buena decisión tanto del fiscal como del juez”.
Paula y Pioli se conocieron cuando ella entró al local donde él se hacía tatuajes en la ciudad de La Rioja. A los dos meses de relación, Pioli se fue a vivir a su casa, a los cuatro el vínculo empezó a resquebrajarse por continuas peleas cotidianas que se amplificaban. A los ocho meses ella pudo echarlo, no sin antes recibir un sinfín de insultos, y amenazas en torno a la publicación de videos y fotos sexuales.
El tatuador grababa las relaciones íntimas con el consentimiento de ella, quien por entonces confiaba en su novio. “Yo no le preguntaba para qué, pero no me molestaba; pensaba que no pasaría de su círculo de amigos”, indicó.
Dentro de los altibajos, Paula cuenta que trabaja en una peluquería, lo que le permite poner la cabeza en remojo. Y pese a todo el desasosiego que viene padeciendo, también sabe reconocer su encomiable esfuerzo por salir adelante. “Intento mantenerme de pie ante tanta adversidad, tratando de no caer nunca, y ser siempre fuerte. Sigo adelante por mis afectos y si caigo vuelvo a levantarme”, dijo al diario Clarín.

