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Por qué no voté a Alberto

30 octubre, 2019
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En esta columna, el periodista Javier Urban festeja que “Cristina lo haya hecho de nuevo”. Evalúa que Carmina no perdió y que ganó Pérez Araujo y también Berhongaray, “pero los radicales socializan sus logros”.

Solamente para ser consecuente con lo que ha pretendido ser una línea de conducta desde que ejerzo el periodismo, la de revelar, antes de hacer conocer mis opiniones, desde el lugar en el que me ubico para manifestarlas, le pido me conceda esta digresión personal: me referiré a mi voto del domingo.



No voté a Alberto Fernández…porque sea el único garante para que “se vayan” estos.

No voté a Alberto Fernández porque lo manda la «Jefa»; ni porque fue soldado de Néstor.

No, no…no voté a Alberto por ninguno de estos ni de otros motivos semejantes.

Peros sí voté a Alberto porque creo que hay, fundamentalmente, dos proyectos: el del individualismo del sálvese quien pueda, de la falsa meritocracia emprendedora, y el de la “comunidad organizada”. Creo que el macrismo aplicó eficazmente un modelo donde nadie hace nada por nadie, ¡ni siquiera el Estado! y creo que, con sus más y sus menos, con distintos instrumentos según los instrumentistas, creo que el peronismo pone en funcionamiento un estado de solidaridad, una comunidad.

Me dirán que “fulano” o que “mengana” esto o aquello, y diré claramente: ¡me importa muy, pero muy poco! Si hay injusticia, corrupción, robo, espero que haya un poder judicial independiente que tome las riendas de la situación y “haga justicia” (es decir, algo en las antípodas de los actuales habitantes de Comodoro Pro a los que les deseo una pronta y eficaz jubilación), pero tengo claro que una cosa es uno, dos o mil corruptos y otra muy distinta es un sistema que es corrupto en su ADN, como es el neoliberalismo.

Es porque quiero otro país, otro proyecto, que voté otra dirección. Es porque miro a lxs pobres y lxs niños, lxs jubilados y lxs desocupadxs, lxs enfermxs y lxs docentes, lxs que en las “cómodas calles” del re-electo Larreta, lxs que tienen frio o se mojan con la lluvia, los y las que se inundan porque ha quedado demostrado que fue otra mentira aquel grito de guerra del prescindente “n se inunda más”. Mirando a todas y todos ellxs y mirándolxs como hermanxs es que voté con esperanza. Por eso sí voté a Alberto Fernández y Cristina Kirchner y ahora, celebro y canto que se van y brindo por un mañana que incluya a todas y todos en la fiesta de la vida.

E imagino cómo habrá tomado el establishmen mundial, ese que dispone que el 1 por ciento de la humanidad tenga el 90% de las riquezas y que el 99 % de la humanidad se mal reparta el 10% restante…imagino al mundo de los mercados abrumado por una realidad que les resulta intolerable y que no se esperaba que jamás se diera: que volviera Cristina, quien para ellos, estaba liquidada y que lo único que le quedaría por hacer sería transitar tribunales tratando de evitar ir presa, porque ese destino es el que le tenían asignado. Y Cristina fue rescatada por ese pueblo que al que ella supo empoderar para hacer realidad lo que ella misma dijo “la Patria salió a la calle porque no tiene miedo, brota como el agua cada vez que la maltratan». Al mejor estilo Salieri, en el mundo estarán diciendo “la odiamos, pero qué bien lo hace”. Y otra vez lo hizo.

Parecían tener todo controlado después del ballotage del 2015 y del paso sin sobresaltos de las legislativas de 2017, parecían estar consolidando esas posiciones de privilegio y apuntaban a su objetivo de máxima, ordenado por la Embajada de EEUU: borrar del mapa a 70 años de historia, destruir la conciencia colectiva del pueblo y arrasar los restos del estado social solidario, inaugurado en los tiempos felices del peronismo. Consagrar al Mercado, brutal, salvaje, como el ordenador social de los tiempos autoritarios actuales.

Había dos cosas que tenía en claro “El Dios Mercado” y mucho más aún, los delincuentes que gobiernan la Argentina. La primera era que mientras siguieran gobernando, los ricos iban a ser cada día más obscenamente ricos, y como causa o consecuencia, los pobres iban a ser cada día más obscenamente pobres. La otra que tenían más clara, era que el único en la Argentina que podía frenar a sus ambiciones y al destino de miseria planificada al que pretendían condenarnos, es el peronismo y su capacidad de organizar al pueblo detrás de sus objetivos. Tenían en claro que la única capaz de transformar la esperanza de un pueblo en la organización popular capaz de asestarle una victoria política y terminar con el brutal ajuste en la Argentina, era / es Cristina Fernández de Kirchner.

¿Por qué? Porque Cristina era quien expresó el punto más alto de conquistas alcanzadas en nombre del peronismo al frente del gobierno, capaz de transformar en votos la adhesión popular que sigue generando un tiempo mejor, que aún se encuentra fresco en la memoria colectiva. Es quien sigue constituyendo la suma de las pesadillas de los poderosos que hoy gobiernan. En el recuerdo de un pueblo memorioso, en el dolor de los humildes que pierden el laburo, en el corazón de ese peronismo no tan racional ni teorizado que consumen los portales de noticias, sucedía algo que la sobreinformación escondía. Lo que estaba pasando abajo era que había una expectativa de volver. De volver a soñar, a sentirse protagonista de la historia, a tener la esperanza de poder salir adelante con dignidad. Los de abajo, los que la estaban pasando para la mierda, necesitaban que alguien se plantara frente a los vendepatria, que fuera capaz de ponerle un freno a los miserables que gobiernan la Argentina, que pudiera transformar el dolor en la esperanza de volver a ser gobierno. Cristina Fernández de Kirchner como síntesis del altísimo piso de conquistas populares alcanzado durante los doce años y medio al frente del gobierno, es la que podía recuperar la adhesión popular que le permitiera a un gobierno popular sintetizar en agenda e iniciativa, el conjunto de demandas populares que surcaron las rutas y las calles de la Argentina en estos 4 años.

El establishment tenía claro que solo el proyecto político que encarna la figura de Cristina, contaba con el compromiso y el nivel de representatividad suficiente para poner un freno al ajuste económico y la exclusión social; al recorte del presupuesto educativo, y la inserción laboral de los más jóvenes (y menores de edad) en un sistema cada vez más precarizado. Al creciente nivel de desempleo y ocupación informal. Al congelamiento de las paritarias y los aumentos miserables que no alcanzaban a paliar la inflación exorbitante, ni el tarifazo en los servicios públicos. A un sistema verdaderamente deshumanizado, que reprime el descontento con violencia.

Por eso desataron sobre ella la deshumanización absoluta de las voces del periodismo hegemónico, pretendiendo convertirla en un ser frívolo, soberbio, y desvinculado de las necesidades sociales. Por eso los medios de comunicación mandando cámaras y móviles siguiendo al auto de la Presidenta mandato cumplido como un reality show, para operar editorialmente en las horas picos de los noticieros. Por eso aquellos 300 gendarmes desplegados para una mujer que iba solo a presentar un escrito justificando su inocencia en cada una de las tantas causas de la persecución judicial iniciada por Bonadío.

Una persecución judicial de la que es víctima la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner desde el 10 de diciembre de 2015, un hecho flagrante de violencia institucional englobado en un nuevo plan Cóndor continental, el mismo que persigue y mantiene encarcelado a Lula en Brasil, principal candidato a ganar las elecciones de este año; el mismo que persigue e hizo exiliar en Bélgica al ex Presidente Rafael Correa, principal referente de la oposición a Lenin Moreno en Ecuador; el mismo plan Cóndor continental que intenta por todos los medios desestabilizar al gobierno de Nicolás Maduro, presidente de la República Bolivariana de Venezuela; el mismo que golpea constantemente en contra de Evo Morales, presidente del Estado Pluricultural de Bolivia, es el mismo Plan Cóndor Continental que mancilla y ataca, permanentemente, todas y cada una de las expresiones populares a lo largo y ancho de la América Morena, aunado a la desinformación masiva de los Clarín, de los Oglobo, de los Mercurio…con el objetivo claro de silenciar y acallar todo intento por tumbar, democráticamente, la restauración reaccionaria en la república Argentina y con el juez Bonadio como brazo ejecutor.

Por eso desataron sobre Cristina toda la violencia institucional que significa no tener la posibilidad de ejercer sus garantías constitucionales. Claramente para el establishmen Cristina era quien expresaba el punto más alto de conquistas alcanzadas en nombre del peronismo al frente del gobierno, capaz de transformar en votos la adhesión popular que sigue generando un tiempo mejor, que aún se encuentra fresco en la memoria colectiva. Era quien seguía constituyendo la suma de las pesadillas de los poderosos que todavía gobiernan. La despreciaban como siempre despreciaron al peronismo porque hicieron irrumpir a los negros, los pobres, los descamisados, a los cabezas en la política Argentina. Un desprecio que siempre se tradujo en miedo cuando el pueblo, que no se bancó que el silencio mediático lo sepultara al subsuelo, del que brotó hace setenta años, expresó su voluntad de lucha. Históricamente la suma de todos los miedos de la oligarquía y los grupos económicos, se llama Peronismo, que volvió a irrumpir en la Argentina como lo que siempre ha sido, como un viento que todo empuja. Volvió y es un golpe en el corazón de la bestia.

En La Pampa el peronismo volvió a obtener una bocha de votos y se impuso cómodamente con 52% de los votos. Naturalmente no le alcanzó para alzarse con las dos bancas a diputados nacionales que estaban en juego, porque era un imposible. La constitución del año 1994 previó, en La Pampa, que el imperativo de doblar al adversario se constituya en una garantía de supervivencia para la segunda minoría, algo que Raúl Alfonsin cuidó a nivel nacional estableciendo que hubiera 2 senadores para la primera minoría y una para la segunda. Desde entonces nunca el peronismo logró las 2 diputaciones en juego en elecciones de este tipo, cuando se elige presidente. Y eso es importante de remarcar porque Hernán Pérez Araujo naturalmente se consagró diputado, pero Carmina Besga logró un nivel de instalación en la política pampeana que hace suponer que el kirchnerismo ha consolidado una dirigenta más con enorme proyección. Ya no sólo Luchy Alonso y Luciano Di Nápoli se erigen como tales, una diputada provincial electa y otro intendente de Sta Rosa electo, a ellos, junto a Saul Echeveste, intendente de Telén, se le suma Carmina cuya suerte es bien distinta a la que corrieron Manuel Baladrón y Gustavo Fernández Mendía. Ellos encabezaron la nómina del peronismo cuando perdió una banca en sendas elecciones, las de 1997 y 2013 y vieron así sepultadas sus aspiraciones de ser candidato a gobernador que es a lo que aspiraban. El peronismo en esas elecciones se quedó con una sola banca pero había tres en disputa. No es el caso de estas elecciones, acá solo había dos en juego y una sola exponía el peronismo. Por eso lo de Carmina lejos de ser una derrota por no haber accedido al Congreso, fue una ratificación del crecimiento que ha tenido el kirchnerismo que cuenta en Santa Rosa a su más significativo bastión con el 55% de votos colectados. Así el kirchnerismo se posiciona claramente al final del ciclo de elecciones de este año como la segunda fuerza dentro de un peronismo donde el vernismo es el número uno (por más que fue inesperado el retroceso en cuanto a cantidad de votos en General Pico, algo que fastidió de sobremanera al gobernador), el marinismo paga caro su decisión de no haber participado en la interna santarroseña de febrero y el jorgismo prácticamente ha desaparecido.

El radicalismo, por su parte, retuvo la diputación que puso en juego, Martín Berhongaray confirmó que era el mejor candidato que podía ofrecer Cambiemos y con el 39% de los votos suma hasta más de lo esperado. Con su consagración, más la aplastante victoria, en la interna de Cambiemos, de Daniel Kroneberger sobre el Colo Mac Allister, está claro que la Alianza queda absolutamente descompensada. Por eso es que seguramente lamentándose estarán los radicales de haber negociado con tanta anticipación la nomina de diputados provinciales, donde prácticamente tendrán la misma cantidad que los del PRO. Como cuando eran socios del socialismo y el Fregen, ellos ponen los votos, sus socios se quedan con los cargos.

Cómo resolverán radicales y los cambistas de Propuesta Federal y MoFePa, su alianza, desde un lugar más minoritario en la provincia y cómo el peronismo hará para atenuar el inconformismo píquense mientras preserva la unidad con los sectores progresistas, son capítulos venideros de un devenir que, aunque difícil, pinta mejor para todos y todas.    

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