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Sólo en los mejores sueños K

3 diciembre, 2019
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El periodista Javier Urban, envió un comunicado a la sección Libertad de Expresión de Plan B Noticias donde «hace un raconto de lo que fue el año más importante para el kirchnerismo pampeano, particularmente el santarroseño que demostró todo su potencial recuperando la capital para el peronismo». Destacó que «Era una empresa casi quijotesca que supieron soñar, planificar y llevar a la práctica una política que ya juega definitivamente en las grandes ligas, un soñador que tendrá que domar la realidad y la estadista que conduce».




Cuando el miércoles la vicepresidenta Gabriela Michetti le tomó juramento a María Luz Alonso, y ésta, como no podía ser de otra manera, conociéndola a Luchy, juró en nombre de Cristina Kirchner servir lealmente en la función para la que la eligió la vicepresidenta, como secretaria administrativa del Senado, se terminó de consolidar el mejor año del kirchnerismo en La Pampa, con un avance sustancial dentro de la política en nuestra provincia.

Y eso no fue producto del azar,  sino de la convicción, la militancia y la estrategia puesta al servicio de un crecimiento político al que no se le avizora techo.

Sin dudas, para el sector,  lo más trascendente fueron las victorias electorales en Santa Rosa.  Primero en la que fue la madre de todas las batallas, la interna; después el triunfo en la general y por último la estruendosa victoria en las presidenciales asegurando, con su enrome caudal de votos el triunfo de los Fernández en la provincia, sobre todo teniendo en cuenta la debacle en cantidad de votos que significaron esos comicios para un General Pico cada vez menos bastión del peronismo en La Pampa.

Pero aún entreverado en innumerables cuestiones que han pasado este año, lo más saliente fue la recuperación de la capital provincial para el peronismo, algo previsible ante el pésimo gobierno del cambiemita Altolaguirre, pero que fuera de la mano del kirchnerismo era, a estas alturas del año pasado impensable, imposible.    

Pero en esa supuesta utopía encontramos lo que fue la síntesis de lo transitado en este año de gloria para el kirchnerismo vernáculo donde la primera en creer fue Luchy, el que siempre creyó fue Luciano y la que confió y jugó fue Cristina.

El preciso raconto indica que María Luz Alonso lo intuyó posible ya en julio del año 2015, cuando el pírrico triunfo del “Ningo” Jorge en la interna del PJ santarroseño donde superó a los dos candidatos que se le opusieron (aquella magistral jugada de Verna que,  aprovechándose de las colectoras,  le sustrajo peso específico a ese triunfo y así no gravitó en su confrontación con Fabián Bruna) le hizo suponer que de ninguna manera los casi 11 mil votos que había cosechado el por entonces gobernador le pertenecían totalmente.  Seguramente -estaba convencida- la identificación del mandatario con Cristina Kirchner fue lo que más tuvo que ver en esa colecta de sufragios.

Esa presunción, incluso, la llevó a evaluar que podía afrontar, cuanto menos con dignidad, la elección que inmediatamente se le venía encima, aquellas PASO donde confrontaría con Daniel Lovera por la candidatura a senador nacional. Y no se equivocó. Alonso en Santa Rosa obtuvo casi 14 mil votos y superó claramente a quien se quedó con la postulación,  por lo que sumó en el resto de la provincia.  Pero ahí a Luchy le quedó claro, Santa Rosa es kirchnerista, lo comprobó empíricamente.

Ya cuando se terminaba 2016, María Luz  había sido artífice de la unidad de los bloques con impronta peronista para rechazar la reforma política en el Congreso.   Igualmente lo trabajoso que le significó, desde su lugar de secretaria de coordinación operativa en la Cámara de Diputados de la Nación, alcanzar ese primer gran acuerdo anti Macri, la hizo evaluar correctamente que las elecciones legislativas 2017 iban a ser muy difíciles de afrontar y que no se obtendrían resultados positivos si esa unidad no se plasmaba.

Tampoco se equivocó Luchy al hacer esa evaluación, ni Cristina pudo con Esteban Bullrich en provincia, Buenos Aires,  porque el peronismo fue dividido. Por eso tampoco se equivocó cuando rechazó toda posibilidad de competir internamente, o incluso por fuera del peronismo, con candidatos propios en esos comicios. No fueron pocos, de adentro y de afuera, los que procuraron convencerla de que había que jugar.  Luchy rechazó todos esos convites y no sacó los pies del plato, se imponía la unidad. Y tuvo razón, el peronismo pudo quedarse con dos de las tres diputaciones en juego pero por sólo 76 votos de diferencia.

No obstante, a finales del 2017 palpó en las calles que el desencanto con Macri presidente se había instalado y después de aquellas legislativas en las que no le fue mal al oficialismo, el 19 de diciembre de 2017 observó que la reforma previsional impuesta por el macrismo desnudaba el divorcio de las mayorías con el presidente y que eso se transformaría decididamente en un clamor por el kirchnerismo.  La hora había llegado.

Por eso, más allá de que no pocos se agarraban la cabeza e imaginaban que era casi utópico pensar siquiera en sacar una derrota digna, ante el candidato que ya se intuía como el número puesto dentro del peronismo,  Luchy salió a decirlo casi en solitaria, “vamos a ganar la interna en Santa Rosa”. Y ni bien arrancó el 2018 impulsó a Luciano, convencida de que sería el candidato a intendente.  Fue la primera en creer y dio claras muestras de que estaba decidida a hacerlo posible.

Luciano di Nápoli lo venía soñando desde sus épocas de estudiante universitario. Su apego a Santa Rosa y su vocación política confluían en un punto, su intención de ser intendente.  Su militancia en La Cámpora, de la que fue fundador en la capital pampeana, lo hizo diputado provincial, pero él estaba convencido de que podría ser candidato a intendente.  Ya allá por finales del 2014 armó el primer encuentro de políticas públicas “Santa Rosa, ayer, hoy y mañana” en el Recreo Mercantil, reuniendo no sólo a militantes sino a expertos en diversos temas que delinearon casi una plataforma política de transformación y crecimiento para la ciudad. Ya entonces estaba listo para salir a la pista. El desprecio del Ningo a las colectoras –en definitiva el error no forzado que le terminó favoreciendo las cosas a Verna en el 2015-  hizo que tuviera que guardarse todo ese ímpetu. Pero claramente estaba al pie del cañón y la deplorable gestión Altolaguirre parecía convocarlo. Cuando junto a Luchy Alonso y Saúl Echeveste, analizaron la posibilidad de confrontar internamente por  la candidatura del PJ, no lo dudó un instante.

En cuanto a Cristina, ha sido irreprochable todo su derrotero desde que desalojó la Casa Rosada.  Cada uno de sus movimientos fue fríamente calculado y no cometió errores, al punto que hoy es la vicepresidenta electa, que el mundo reconoce como la estadista que en una maniobra tan genial como inusitada puso delante de sí al candidato que urgiría la unidad con la que se le ganó a la derecha, en un momento donde la derecha tan fuerte parece estar pisando en latinoamérica.  Siendo la política que mayor intención de votos tenía y tiene en el país,  pero no sólo por lo que hizo mientras fue presidenta, sino por cómo se fue moviendo desde que dejó de serlo, resignó su candidatura para asegurar la victoria. 

De semejante genia de la política, no cualquiera contaría con su bendición en épocas tan definitorias como las que se veían venir a principios del año pasado  ¿Quién podría animarse a decir que a Cristina se le puede vender una realidad que no es?  Cristina confía en quienes jamás la defraudaron y si apostó por di Nápoli, cuando en Santa Rosa pocos creían,  no fue una ficha al azar para ver qué pasaba, ella confió en  quien le decía que ganaba, en su casi otra hija, la Luchy.  Y ganó.  Mucho es lo que hubiera perdido si no, y de ahí el valor del regalo que le hicieron los kirchneristas en Santa Rosa justo para su cumpleaños.

Pero entre aquella decisión de querer ser, a la victoria que se obtuvo ante el caballo del comisario y casi todas las líneas pejotistas que detrás de él se aglutinaron, pasaron tantas cosas.  Sólo por citar un par:  la decisión del gobernador Verna de armar un gran frente justicialista.  Eso potenció las posibilidades de Luciano. La mayoría de los partidos del frente comulgan con el kirchnerismo y de ahí que se sospeche de una maniobra brillante de los k, con Luchy a la cabeza naturalmente,  que se sentaron a la mesa con el gobernador para delinear ese frente. Y, por otro lado,  la impresionante militancia que se armó en derredor de Luciano. Fue como una bola de nieve que se agigantaba cada día, en cada barrio que se recorría, con un entusiasmo  propio de épocas gloriosas.  Nunca nadie habló de tirar a nadie por ninguna ventana, sólo se coincidió en que era necesaria una vuelta a lo nacional y popular. 

Después vino todo lo demás, el triunfo del peronismo unido ante Altolaguirre, la consagración de Sergio Ziliotto como gobernador y la victoria de los Fernández para terminar con la amargura en todo sentido que significaron los 4 años de Macri en el gobierno.

Pero todo eso junto era casi imposible de imaginar hace apenas 12 meses, pero saber avizorar lo que se viene es característica de los buenos en política, por eso vale destacar que Luchy fue la primera en creer; Luciano el que quiso creer siempre y Cristina, la que confió, apostó y ganó.

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