
Integrantes de la Asociación Luci realizaron una actividad este sábado al mediodía. Hicieron hincapié en la detección temprana y brindaron información sobre el funcionamiento de la entidad. “Hay síntomas comunes en los niños que si se repiten por más de dos semanas, requieran de estudios complejos que pueden solicitarle a los pediatras”.
Maricel Giovana, mamá de Luciana Eleicegui que tuvo cáncer a los 14 años, es una de las promotoras de la Asociación Luci, que este sábado 15 de febrero al mediodía realizó una actividad de concientización del cáncer infanto juvenil en la plaza San Martín.

En diálogo con Plan B, Maricel explicó los alcances de la jornada. “Es una actividad que estamos haciendo sobre concientización del Cáncer Infanto-Juvenil y la realizamos en la plaza como una forma de que nos conozcan, que se acerquen y estamos repartiendo folletería y cómo funciona la asociación”.
“Uno de los objetivos es la concientización, hablar que el cáncer infantil existe, que es una problemática, que es diferente al cáncer de los adultos y detectado a tiempo, en un 70% de los casos se cura. Por eso hacemos mucho hincapié en la detección temprana y en un correcto tratamiento”, agregó.
—¿Cómo puede detectarse?
—Siempre hay señales de atención que es lo que repartimos en la folletería. Síntomas comunes, que puede tener cualquier niño, pero ante la insistencia de esos síntomas, por más de dos semanas, pedirle al pediatra que le haga estudios más complejos y que no se quede con que es nada.
Hay que investigar a fondo por qué persiste esa fiebre, esa pérdida de peso, ese dolor muscular o mareos. Son problemas comunes de cualquier niño, no quiere decir que vaya a tener cáncer, pero sí descartar todas las posibilidades que pueda existir cáncer. Este es un punto en común en todas las familias que hemos estado hablando en estos seis años y tiene que ver con la detección tardía. Después de varios meses de estudios o decir que no es nada, derivan a Buenos Aires y estudios más complejos detectan que es cáncer. Por eso hay que evitar esos seis meses de avance de la enfermedad, detectarlo tempranamente y poder hacer en Buenos Aires tratamientos oncológicos infantiles.

—¿Acá no se pueden hacer?
—Acá en La Pampa no, lo que nosotros queremos es la detección temprana. En La Pampa, como en muchas otras provincias, no hay tratamiento oncológico infantil, porque se necesitan cosas muy complejas, como equipamiento médico, preparación específica, equipamiento de hospitales infanto juveniles y oncológicos.
Nosotros entendemos que en Buenos Aires, Córdoba o Neuquén, están más capacitados. En general se deriva todo a Buenos Aires, a grandes hospitales que atienden miles de casos por día. En el caso de La Pampa son diez o doce casos anuales y tampoco hay tanta incidencia para que se arme un equipo complejo acá. Por eso se deriva a Buenos Aires y nosotros, como asociación, hacemos hincapié en la detección temprana para una derivación.
—¿El desarrollo dela enfermedad es igual que los adultos?
—Generalmente la metodología es que se hacen todos los estudios, se detecta qué tipo de cáncer es, se hace quimio o rayos, controles habituales y en los últimos controles, si está todo bien, se da el alta. Y luego de esa alta, donde el paciente ya está en La Pampa, se hacen controles periódicos, depende lo que el médico día, cada dos o tres meses y si salen bien los resultados, se extienden los periodos de controles cada un año, cada dos años y luego se da el alta definitiva.

—¿Por qué haces esto?
—Porque a mi hija, Luciana Eleicegui, en el 2010, le detectaron un linfoma de Hodgkin. Estuvimos viviendo en Buenos Aires todo un año, ella fue atendida en el Hospital Italiano y estuvimos en la Casita Ronald McDonald. En esa casita había muchas familias con esa misma problemática y nos sentimos muy contenidos, porque todos estábamos en la misma.
Cuando nos dieron el alta y volvimos a Santa Rosa, veíamos que faltaba esa contención y pensamos que estaría bueno ayudar a las familias, que tienen que viajar a Buenos Aires y ayudarlas de este lado. Al vivirlo en carne propia, vivimos todo lo que le pasa a una familia, desesperación, miedo angustias. El hecho de que la familia se tiene que desmembrar, porque una parte va a Buenos Aires y el resto queda acá, en general van papá, mamá y el hijo y el resto se queda con los abuelos, las inquietudes para saber qué pasa en Buenos Aires, lo que nos pasó a nosotros, es lo que le pasa al común de la gente que tiene que estar derivada a Buenos Aires.
—¿Hablamos de un tiempo largo?
—Sí, de un año a más. Generalmente es un año y se puede extender. Si sale todo bien, en un año se termina todo el tratamiento y quedan los controles mensuales cada tres, seis meses o anuales. Nuestra idea es contenerlos emocionalmente y si económicamente necesitan ayuda, los ayudamos con mercadería, pasajes, estadías de abuelos allá. Si bien salud pública abarca y cubre muchas necesidades, vivir en Buenos Aires cuesta dinero y ayudamos de este lado.
—¿Tu hija como está hoy?
—Está perfecta, acá dando vueltas. Ella debido a su enfermedad y cómo la trataron en el Hospital Italiano, estudió enfermería y es enfermera. Ahora tiene 24 años, cuando le detectaron la enfermedad tenía 14. Trabaja en el Instituto a la mañana y en Faerac, en la parte de terapia.

Acerca da la Asociación Luci
La Asociación está conformada por un grupo de personas que se juntaron con el fin de ayudar a familias con niños enfermos de cáncer en La Pampa.
Surgió la idea, cuando La familia de Luciana Eleicegui (14 años), convivió con otras realidades similares en la Casita Ronald Mac Donald y conocieron la Fundación Natali Dafner Flexer.
Desde ese momento, se tuvo la necesidad de formar una Asociación que cumpla la función de nexo, orientando y apoyando a las familias que atraviesan dificultades económicas, emocionales y de desarraigo.
Por mayor información, puede contactarse con su página de Facebook https://www.facebook.com/AsociacionLUCI/


