
Ricardo Cheli, abogado y miembro integrante de la Asamblea Ambientalista Pampeana, envió un artículo para la sección Libertad de Expresión, donde cualquier persona puede opinar.
El artículo es titulado: Coronavirus, Neoliberalismo y Antiglobalización
El gran desarrollo económico desde la década de 1950 en adelante llevó consigo un crecimiento extravagante de consumo en general y en especial en los sectores económicamente más opulentos, a lo que se sumó el sobredimensionamiento de la urbanización en detrimento -en todo el mundo- de la llamada sociedad estática por excelencia: la campesina (peones rurales y sus familias). A esto, ya a fines de los años 60, económicamente se comenzó a llamar “globalización” y luego, políticamente se definió como la época del “fin de las ideologías”. El combo perfecto del capitalismo.
Pero ya en la década de 1970, la crisis del petróleo dio las primeras advertencias de la avería del sistema instaurado y por vía de la globalización se convirtió a China en la fábrica del mundo a costa de salarios de miseria de sus trabajadores y EE.UU, desplazando al Reino Unido, en el centro financiero de la economía mundial y sostén de la hegemonía de la ideología neoliberal, todo ello en medio del desmoronamiento del socialismo real, lo que eliminó cualquier idea de generar una alternativa que limitare al capitalismo. La crisis que comenzó a ahondarse a principios de los años 80 tendría luego réplicas sucesivas. Así, en México en 1994 y en los países del sudeste asiático en 1997. Es precisamente, ya en esta década de los años 90 cuando se puede encontrar el nacimiento de los primeros movimientos antiglobalización, que alertaban de esa crisis mundial, especialmente en Europa y en algunos países de Latinoamérica.
La oposición a la globalización muestra sus primeros importantes síntomas políticos en Europa con la negativa de Francia al dictado de la llamada Constitución Europea en 2005, mediante un referéndum donde el 55% de los ciudadanos se negaba, precipitando así, a la Unión Europea a una de las mayores crisis de identidad que haya sufrido en su medio siglo de historia (sin perjuicio de la actual que parece más grave aún). La crisis financiera de 2007 en Estados Unidos, el colapso del banco Lehman Brothers, en septiembre de 2008, que se expandió después por todo el mundo, es el último episodio de esa crisis iniciada en los años 70. La humillación de la Unión Europea a Grecia dándole la espalda en su peor crisis económica y dejándola en las garras del FMI, demostró que el capitalismo salvaje de austeridad no está en vías de reformarse o humanizarse solidariamente, y esto fue entendido por el Gobierno Portugués que se salió de las recetas que le obligaba a cumplir la máxima entidad financiera mundial, la que hoy también nos está ahogando a los Argentinos.
Movimientos diversos en el mundo, como las Primaveras árabes entre 2010 y 2012, con grandes manifestaciones populares, reclamando por los derechos sociales al igual que el 15-M y 15-0 en 2011 que dieron origen a la llamada “Ocupa Wall Street” con el acampe en acción de protesta de miles de jóvenes, aunque poco articuladas políticamente, representaron fuertes manifestaciones contra el sistema económico-financiero mundial y se vieron replicadas en todo el mundo y particularmente en 2017 en nuestro país cuando movimientos sociales y sectores de izquierda hicieron una protesta «global» contra la cumbre de la Organización Mundial de Comercio y por el cambio climático. Ya antes, habían comenzado –como otra manifestación de la crisis del sistema financiero neoliberal-, el levantamiento de los muros fronterizos, el proteccionismo económico y la ayuda de todo tipo del Gobierno de EE.UU. y sus aliados, para los fascismos y autoritarismo, que aún continúa en el presente.
Hoy el mundo científico denomina “Antropoceno” a la actual época geológica para suceder al “Holoceno” (época vigente del período Cuaternario en la historia terrestre), debido al significativo impacto global que las actividades humanas han tenido sobre los ecosistemas terrestres. Se trata de un gran problema de fondo que ningún gobierno quiere abordar seriamente bajo el argumento de que el desarrollo humano se vería afectado, escondiendo que el problema es el capitalismo y su forma más refinada el neoliberalismo. Esto lo estamos viendo en La Pampa en la discusión del Proyecto de Ley de gestión de fitosanitarios, con las resistencias a la trasformación del sistema productivo con agrotóxicos en un modelo agroecológico. Esta negativa al cambio o insistencia a seguir usando verdaderos venenos para producir también traerá nuestras propias “pandemias” locales, hoy lamentablemente poco visibilizadas y atendidas, pero reales y concretas.
Está claro que la “gripe aviar”, el mal de la “vaca loca”, o el “ébola” y hoy el “coronavirus” y los cientos de miles de muertos (al igual que el actual número de afectados y fallecidos por el dengue en Argentina y países vecinos) son una verdadera muestra de lo que implica una epidemia en un mundo globalizado e hiperconectado, pero que no sólo carece de sistemas de salud integrales a la mano de toda la población, sino que tiene las herramientas de defensa política y moral, muy deterioradas.
Después de más de 40 años de neoliberalismo, el descalabro socio-económico que afecta al mundo y que se expresa ya, como una crisis civilizatoria porque muestra un riesgo ecológico, sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que es responsabilidad exclusiva de este sistema perverso y de quienes abrazados al mismo han aprovechado para hacer sus negocios a la sombra de los millones de muertos que generaron a su paso. Declarar y decretar su caducidad es responsabilidad propia de toda/os y cada uno de los que habitamos esta tierra y que no podemos dejar exclusivamente en manos de los poderes políticos de turno.
*Ricardo Víctor CHELI

