
A propósito del proyecto que impulsa el oficialismo para gravar las fortunas de los ricos, el presidente de la Unidad Básica de Villa Alonso, Oscar Christensen, reflota el debate ideológico en torno a la expresión «vivir de la teta del Estado».
Los dichos de algunos exegetas de teorías populares plantean la inutilidad y el desastre que significa la participación del Estado en la asistencia social hacia los ciudadanos de menores recursos o la población en riesgo. Es común la estigmatización de ciudadanos en riesgo social con el denominador frecuente de un dicho de la clase social mas beneficiada, quienes identifican a los descastados como hijos bobos que viven de “la teta del Estado”.
Ahora bien; ¿qué significa vivir de “la teta del Estado”?
La gran mayoría de los que despotrican con la asistencia del Estado a los más humildes siempre han sido los más beneficiados por los distintos gobiernos nacionales, provinciales y municipales, pero, en su enorme individualismo y egoísmo personal o empresarial, solo miran sus intereses y beneficios.
Las grandes empresas como Techint, el Grupo Macri, Cementera Loma Negra, Grupo Clarín o Molinos Río de La Plata crecieron y se hicieron multinacionales por ser proveedores del Estado en la Nación; en cada provincia y municipalidad también pasó lo mismo, pero estos empresarios no serían los capitales que hoy son, si no hubieran recibido el apoyo de las contrataciones estatales.
Con la falsa premisa de que ellos trabajan; menosprecian a la política y el Estado con un concepto individualista y egoísta de que son los salvadores de la Patria, pero en realidad, son los que tienen la mejor posición para negociar mayores beneficios que se convierten en riqueza para pocos y sacrificios para muchos.
El humilde, el pobre, el trabajador independiente, el changarín y las mujeres que limpian mugre ajena para poder comer, no tienen la oportunidad beneficiosa del Estado en sus tareas; solo tienen y aspiran a la comprensión oficial por su situación económica y social. Las leyes laborales, los convenios de trabajo y su propio esfuerzo es la única herramienta para desarrollarse en la pobreza y lograr el crecimiento ascendente en la pirámide social; ellos solo tienen su voluntad y su esfuerzo.
Cuando el Estado reconoce las tareas de ama de casa, los beneficios para aquellos trabajadores que sus patrones nunca aportaron y la asignación por hijos en obreros sin relación de dependencia; se toma como un regalo del Estado cuando en realidad es justicia social, un concepto que no entienden ni aceptan los que nunca pasaron hambre.
Los descalificadores de la política hoy reclaman la presencia del Estado ante una situación límite por la pandemia; pero no hay Estado sin política, ni política sin Estado.
La economía es muy importante en la vida cotidiana de hoy, pero cuando la economía está al servicio del capital no es útil a la sociedad. El capital es esencial a la economía, pero si este está al servicio de la economía puede ser el motor de crecimiento de cualquier país; en cambio, si la economía está al servicio del capital, son unos pocos los que se ven beneficiados.
Hay dos versiones de la función del Estado, los grandes empresarios que necesitan del trabajo de sus trabajadores para continuar con sus ganancias, y los pequeños emprendedores que viven de sus emprendimientos, pero en ambos casos, tienen un concepto erróneo de las decisiones políticas; unos creen en el mercado y sus réditos y los otros solo ven su propia situación.
La política es esencial en la vida comunitaria, pero hay quienes tienen intereses en descalificar la política como herramienta de igualdad social.
Volviendo a la “teta del estado”; este es un concepto retrogrado que solo entiende la vida comunitaria en función económica sin tener en cuenta que parte de la sociedad no tiene las oportunidades de otros ni los recursos para crecer.
Los que reciben planes de asistencia, ayuda escolar, comedores comunitarios o elementos tecnológicos para sus estudios es el segmento más frágil de la sociedad, y a quienes se deben proteger para alcanzar una sociedad más justa.
Es imprescindible que los que más tienen aporten un mínimo de sus recursos para que los más humildes, los que menos tienen y el segmento de la sociedad más castigada puedan aspirar a una mejor calidad de vida.

