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Los grandes, por el momento, lejos de lo esperado. (Por José Sevilla)

6 junio, 2020
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Imagen de Alexandra_Koch en Pixabay

“La pobreza no es natural, es creada por el hombre y puede superarse y erradicarse mediante acciones de los seres humanos. Y erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia. La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Nelson Mandela.

Hemos seguido a través de estas páginas la evolución de la Pandemia Covid – 19, habiendo establecido un análisis por países, por regiones, sin perder el foco en la evolución de esta enfermedad y sus consecuencias. Cabe preguntarse, más allá de cada uno de los Estados y sus decisiones, la evaluación de sus respectivas infraestructuras y sus propias realidades, el rol de cada uno de aquellos líderes de quienes, estando al frente de verdaderas potencias, se espera un protagonismo mayor.

Además de la magnitud del efecto de esta pandemia que paralizó al mundo, llevándose la vida de miles de personas (aunque se observen escenarios de cierto de control en algunos países) lo que se nos presenta ahora como urgente es cómo transitar la reconstrucción y cómo superar las desagradables consecuencias del impacto en la economía, vislumbrando un futuro en apariencia incierto. La globalización terminó por diagramar una mega complementariedad de servicios, bienes, recursos, en el que el papel rector lo juegan las grandes organizaciones y los Estados fuertes.

Otro de los efectos de esta pandemia reside en los riesgos de ruptura de los cimientos de esta interdependencia y complementariedad,  transfiriendo a los Estados roles más activos en la actualidad, razón por la cual resulta imperioso trabajar sobre un mundo de integración, colaboración, inter-transferencia y retroalimentación (feedback), hoy más que nunca.

El mundo en desarrollo tenderá puentes hacia la recuperación de las relaciones de interbloques, dentro de las cuales los países como Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, mucho tienen por trabajar dentro del Mercosur y recuperar las negociaciones con otras organizaciones supranacionales.  Por otra parte, Estados como China, Estados Unidos, Rusia o los europeos juegan un rol esencial, puesto que la magnitud del evento así lo requiere. Son ellos quienes están al alcance de arbitrar los medios para mitigar el impacto global, encontrando respuestas rápidas y liderando procesos de recuperación.

No escapa al análisis que economías fuertes dispondrán, de hecho ya lo están haciendo, de mayores recursos que en los Estados pobres. Evitar esta asimetría, o al menos mitigarlas, es una responsabilidad de las grandes potencias y de todos los organismos  multilaterales que aquellas integren.  En el tiempo en que esta enfermedad se ha extendido por todo el planeta, hemos visto más una competencia por recursos, sean estos conocimientos, equipamiento sanitario, medicamentos en general, advirtiendo además una recelosa manera de culparse o quitarse responsabilidades, en lugar de promover la cooperación y un mayor entendimiento.

China, Europa, Estados Unidos y América Latina:

China es un país de 1.300 millones de habitantes, aproximadamente el 17% de la población mundial, sus centros urbanos, Wuhan es uno de ellos, son verdaderas megalópolis. Aquí, como en muy pocos lugares el Estado ejerce un férreo control concentrando  todas las decisiones que allí se toman, la divulgación de lo que es más o menos conveniente, y finalmente es lo que explica, o al menos es lo que se puede inferir, la correspondencia entre las decisiones y los hechos. No quedó claro el desgraciado hecho que vivió el médico que alertó sobre la letalidad del virus, luego debió retractarse, se enfermó y finalmente, murió.

Por esta razón, en occidente se culpa a China de no haber difundido rápidamente la letalidad y alto nivel de contagio del virus y, tras las drásticas medidas tomadas, apresurarse a  anunciar al mundo que el virus estaba controlado, tanto los contagios como las muertes se frenaron y ya no volvieron a crecer. Por aquellos días no existía correspondencia entre los números oficiales y los anuncios de las casas de defunción en las ciudades más afectadas. Las ayudas posteriores prestadas a otros países como Italia, otros países de Asia, e incluso a nuestra Argentina ¿se nos ocurren como gestos de alto valor o representan hechos que se corresponden con los intereses que el gigante asiático tiene en latitudes más distantes?

Imagen de K. Kliche en Pixabay

Europa, donde la enfermedad golpeó con mucha fuerza habiendo registrado índices de mortalidad como en ningún otro lugar (entre 500 y 600 muertes por cada millón de habitantes) actuó de manera descoordinada, algo así como que cada gobierno hizo lo suyo, tarde, mal, a destiempo y en muchos casos, como en Reino Unido, debiendo retroceder y tomar otro camino. En este bloque, muy pocos países se pueden destacar por el buen manejo que han tenido frente a esta pandemia, tal vez haya que analizar en un futuro por qué se destaca Alemania, el país más poblado del continente (83 millones de habitantes), una campaña de testeo masivo, 185 mil contagios y “sólo” 8.600 muertes.

Luego del Brexit que determinó la salida del Reino Unido de la zona euro, economía y política entraron en un cono de sombras, no obstante, la canciller alemana Angela Merkel se erigió como el faro de referencia para todo el continente, no ya por el manejo que tuvo en su país de la enfermedad y su proceso con los resultados señalados,  sino liderando con claridad y templanza el  rescate y financiamiento para las apremiadas economías del continente.

En América, el caso de Estados Unidos requiere detener el análisis con más profundidad. Este mega país de 330 millones de habitantes y súper potencia económica mundial, está sufriendo las consecuencias de las equivocadas decisiones adoptadas en su momento. Algo que señalamos en estas columnas,  negando el impacto del virus al comienzo por parte de su presidente  Donald Trump, llevando la discusión incluso al ámbito del periodismo y negando toda la evidencia del arco científico-sanitario. Por si todo esto fuera poco, el presidente de Estados Unidos acaba de anunciar el retiro de fondos de la Organización Mundial de la Salud, acusando a esta organización de haber manejado mal la crisis, teniendo connivencia con su elegido enemigo, China.

Ya previamente, las expresiones del jefe de Estado referidas “al virus chino”, resultaron llamativas, temerarias puesto que no contribuye en nada a sobrellevar este de por sí complejo y doloroso momento. Situación que precipitara las declaraciones de  Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas quien expresó a comienzos de mayo  “la pandemia sigue desatando una oleada de odio y xenofobia, buscando chivos expiatorios y fomentando el miedo” e instó a los gobiernos a “actuar ahora para fortalecer la inmunidad de nuestras sociedades contra el virus del odio”.

Cabe señalar que como en América Latina (Brasil, México, Perú), es precisamente en los barrios pobres de Estados Unidos donde más crudamente azota la enfermedad. Negros y latinos se están enfermando y muriendo en una desproporción muy alta comparativamente con el resto de la población. En este contexto se produce la muerte de un joven negro a manos de la policía y, lo que es peor aún, pidiendo por su vida después de esposado y reducido en el suelo bajo el control de cuatro policías blancos. Rashawn Ray, investigador del Brookings Institution, un centro de estudios con sede en Washington señaló «Las personas negras tienen 3,5 veces más probabilidad que las blancas de morir a manos de la policía cuando no están atacando ni tienen un arma. Los adolescentes negros tienen 21 veces más probabilidades que los blancos de morir por agentes de policía. La policía mata un negro cada 40 horas»,  D.C. BBC.com.

La ola de saqueos que vemos en ciudades emblema como Los Ángeles, Nueva York y Washington se nos presenta como alocada, irracional e inaceptable, aunque no puede dejarse de lado las profundas raíces que existen debajo de la dermis de este conflicto y entenderlo para quienes no hemos vivido este proceso, nos resulta más que difícil, sin embargo, son décadas y décadas de odio y segregación. Cuando el presidente Donald Trump escribió “cuando comiencen los saqueos comenzarán los tiros”, rememorando expresiones de los años 60 tristemente célebres por su odio racial, sus dichos incrementan aún más la efervescencia social.

Finalmente, América Latina muestra el rostro más crudo, pues la enfermedad ya se cobró la vida de más de 50 mil personas. En este sentido Brasil y México, representan más del 50% de la población y el mayor potencial económico, sin embargo han recorrido la misma senda de negación, tropiezos e infortunios. Sus líderes han tenido una mirada corta, negando en principio los efectos de la pandemia, precipitando fuertes cruces con sus gobiernos estaduales y repercutiendo más en las áreas más pobres.

En este complejo mundo, la humanidad nunca estará exenta de conflictos severos, pandemias, catástrofes, etc., no se trata de evitar lo inevitable, se trata de organizarse para superarlo.

José E. Sevilla

Lic. en Geografía MsC en Gestión de Empresas

 

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