
En nuestro país, una de las actividades económicas que, a pesar de haber recibido el impacto de la actual pandemia COVID – 19, siguió activa con relativos niveles de producción y comercialización es la industria de la carne, o, como expresión más integrada, la llamada cadena de la carne o su cadena de valor.
Desde la producción y comercialización de hacienda, pasando por la posterior faena, venta y distribución de carne y derivados, las empresas han adaptado sus funcionamientos con nuevos protocolos, y, en el marco legal del DNU 297/2020 continuaron con su trabajo. A pesar de la pandemia, en los primeros cinco meses de este año se faenaron más de animales y se exportó más carne que el año anterior, aunque no con la misma rentabilidad.
Si establecemos una diferenciación entre el mercado doméstico, o el llamado consumo y el exterior, diríamos que el primero se abasteció con cierta normalidad y el segundo, dependiendo de los mercados de que se trate, algunos destinos sufrieron un shock (esperar y ver) que poco a poco se fue superando.
Internamente, en general y desde el punto de vista del consumo y sin entrar en mayores detalles, el confinamiento determinó algunos cambios leves como la preferencia por puntos de ventas más cercanos (carnicerías, mercados más pequeños y súper tradicionales) y por algunos cortes (carne picada, carne para guisos) en detrimento de aquellos cortes que se consumen en reuniones de varios comensales (asado, matambre, vacío) propios de momentos de otro comportamiento como los consumos sociales, restaurantes, hotelería, etc.
Como viene sucediendo año tras año, el volumen interno de carne demandada fue para este primer cuatrimestre de un 75,9% del total producido, la relación más baja en 25 años. Situación que abordaremos en la siguiente nota.
Exportación:
Más allá de esta situación global, cada vez cobra mayor participación a la exportación que ya ubica valores de casi 900 mil toneladas de carne en el los últimos 12 meses con valores que oscilan los 3.200 a 3.400 millones de dólares.
Digamos que, los volúmenes de producción se mantienen o aumentan, pero sobre todo por la exportación, pues el consumo interno cae y con él la participación porcentual del mercado doméstico respecto del exterior. Además del sostenido crecimiento de otros actores: cerdos y pollos.
En estos primeros meses del año, las empresas en general, o las que se encuentran integradas hacia la exportación, se vieron más afectadas. El cierre de los mercados, aunque temporal (China, Unión Europea, y terceros países Israel, Rusia, etc.), obligó a cerrar algunas plantas y/o a reducir niveles de producción en otras. En los últimos días, varios destinos están volviendo a abrirse, con un muy alto control por las razones mencionadas, incluso con mayores costos y con precios sensiblemente menores.
Así y todo, en los primeros cuatro meses de 2020 se exportaron 163.920 toneladas, un 19.7% más que en el mismo período del año anterior (137.019 Ton), no obstante los precios promedio (enfriados y congelados) fueron significativamente más bajos, sólo en el mes de abril 14.1% de caída interanual. Fuente IPCVA
No obstante, un rebrote de COVID – 19 en Pekín China, hizo que el gobierno de aquel país amenace con cerrar la importación de carne de aquellas plantas que hayan tenido o tengan trabajadores enfermos. Días pasados la aduana china incautó gran cantidad de mercadería proveniente de Estados Unidos, del gigante Tyson, acaso la empresa productora de carne más grande del mundo.
Esto está siendo observado con mucha preocupación desde Argentina, puesto que, si bien los embarques a China están siendo retraídos por una cuestión de precio y competencia de otros abastecedores, no es menos cierto que representa más del 70% del destino de nuestras carnes.
En busca de recuperar la rentabilidad:
En los primeros eslabones de la cadena los precios no fueron acompañando la inflación en los últimos meses, de los tres tramos en que podemos dividir la producción de carne (cría, recría, engorde), el primero de ellos parece haber mantenido cierta rentabilidad, los demás perdieron. Especialmente por factores exógenos que impactaron en la relación compraventa, es decir, entrada y salida del modelo. “Con la incertidumbre, el productor vendió hacienda gorda y compró terneros para cubrirse, contribuyendo a distorsionar los precios relativos entre categorías”. Elizalde & Riffel. El efecto pandemia en los márgenes ganaderos. Valor Carne.
La transferencia de recursos de una categoría a otra también se agrava por la inestabilidad del valor del dólar, ya que muchos productores, al no poder hacerse de dólares optaron por terneros. Cuando un novillo ya está en peso para faena, no es muy especulativo retenerlo, pues el costo de dicha ecuación es insostenible en el tiempo.
Por el lado de la industria, a los altos costos de producción por la readecuación de los modelos de procesamiento en las plantas, mayores costos de logística y transporte, se suma la abrupta caída de los precios internacionales, solamente morigerada por la tímida respuesta de algunos mercados, como Israel, o la buena nueva que representa el mercado norteamericano, algo por lo que Argentina venía trabajando desde hace mucho tiempo, aunque este último es coyuntural. Esta semana los precios bajaron, a medida que el mercado norteamericano se recupere la faena en aquel país volverá a la normalidad, con una segura depresión de los precios.
Hacia mayo de 2019 los llamados cortes Hilton (lomo, cuadril, bife angosto) llegaron a comercializarse a 13.5 U$S, cayendo un año después a 8 o 9 U$S, dependiendo de cada animal que se faena para exportación, esto da unos 5.000 pesos por cabeza, aproximadamente. Cabe mencionar que cuando se produjo el cierre del mercado europeo gran cantidad de carne enfriada fue congelada por aquellos importadores, lo que redundó en la pérdida de calidad y consecuentemente de precio, el valor cayó de 13 a 4 dólares aproximadamente.
En Argentina, muchas plantas empezaron a mandar a China, otras plantas congelaron el RAL en cámaras. Los lomos congelados no van a los restaurantes, van a otros segmentos del mercado de menor poder adquisitivo. En este momento, en Europa hay mayor demanda que no se puede abastecer, porque tarda unos 30 días en todo el proceso hasta llegar al consumidor. La recuperación no es tal. Hay una serie de factores que aún están vigentes y tardarán en despejarse.
Los precios de China también están para la baja, sólo Israel (sólo hasta septiembre, porque en octubre este mercado se cierra) parece estar mejorando.
Otro aspecto no menos importante en la industria fue el golpe en los subproductos, huesos, menudencias, cueros. En este último caso, el valor del cuero es nulo, varias plantas directamente debieron desecharlo, es decir por primera vez en muchos años, un subproducto tuvo valor negativo (el costo de eliminarlo). Hoy en día las curtiembres no se llevan todos los cueros, son selectivas, dependiendo de la calidad o las condiciones del animal faenado.
La depresión del mercado interno, sumado al control de precios, terminó por redondear un cúmulo de factores que golpeó la rentabilidad del sector con consecuencias cuyo escenario se presenta aún desconocido.
Se hace imperiosa la recuperación de la rentabilidad de toda la cadena tanto de la mano de los mercados externos, como del interno, vía recuperación del poder adquisitivo. Algo que parece distante. Por otra parte se alienta una incipiente reapertura o superación de los niveles de confinamiento que tiene a la población desde hace ya casi 100 días, más allá de que en algunos distritos, se ha recuperado el ritmo de actividad y consumo.
José E. Sevilla
Lic. en Geografía MsC en Gestión de Empresas

