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Ricardo Cheli: “La violencia, hija del odio y de los adictos a las virtualidades”

10 julio, 2020
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El abogado Ricardo Cheli  envió a Plan B una nota de opinión sobre los discursos de odio, fake news  y recientes hechos de violencia contra trabajadores de prensa.

La nota completa, consigna lo siguiente:

“Vivimos en tiempos oscuros. Ayer, el sistema democrático tal como lo aprendimos, donde la libertad es lo esencial, se puso en crisis con el ataque desembozado a trabajadores de prensa demostrando que quienes lo hicieron están cooptados por el desprecio profundo por la libertad de expresión, pero también a los que pensamos diferente y queremos proteger el derecho a la salud y a la vida, porque sin vida no hay ningún derecho que valga.

En medio de un clima agresivo y desestabilizante, agitaban la única bandera que les pertenece, el odio y muchos millones de argentinos nos preguntamos las razones del desmadre. Y se evidenció que la presencia en el lugar del periodismo y en especial de un canal, C5N, cuyos periodistas mostraban la movilización y sólo les consultaban a cada entrevistado sus razones para manifestarse  en el lugar, desencadenó una efervescencia que sólo puede atribuirse a que los mismos eran adictos a las virtualidades que les ofrecen, justamente otros medios  que no informan, sino que sólo comunican, es decir los expertos de decir, de hablar y no de pensar crítica y libremente; o sea la forma, que como pretensión universal, tienen -a plena conciencia- de sostener los intereses del capitalismo financiero internacional que trascienden cualquier estructura estatal.

 

Acostumbrados al banquete de las virtualidades, la mayoría de la gente se habituó al consumismo que les ofrecen los medios y así la actividad de pensamiento ha disminuido hasta el punto en que, para esa masa de consumidores, no está disponible. Los medios, en particular la televisión, construye una realidad ficticia, sin argumentos racionales, en base a una réplica infinita de clichés, un apego de vampiros a lo que no se ha producido, un consumo exagerado de referencias basado en fake news, provocando en estos adictos, un shock emocional que los condena, al mismo tiempo, a generar en ellos un pensamiento único. Con habilidades misteriosas, algunos “iluminados” conquistaron la mentalidad informal de las redes y hoy dominan un importante territorio de los espacios virtuales. No son polílogos, ni filólogos, son comerciantes de la palabra, que transfieren a sus seguidores, haciéndoles creer  que comparten el certificado de “inteligencia” que ellos alegan poseer.

Recorriendo los canales de televisión, se observa que ya es una escuela, y cada charlista advenido a periodista serio, toma cada día vuelos más altos y lamentablemente, recogen considerables dosis de estimas de una fracción de la clase media que a estos expertos en decir los consideran intelectualmente superiores y que se autopublicitan como generadores de pensamiento, en ese sector de audiencia. Son individuos que hoy ocupan el lugar de los maestros, desdeñan y devalúan a los científicos y aportan contenidos sin sentido. Pareciera que el conocimiento formal y el pensamiento crítico ya no atrae en un mundo tan pragmático. Estos caballeros iluminados, por otro lado, ofrecen un menú muy variado, aunque extremadamente limitante, porque sus usuarios, que se consideran excelentes portadores de comprensión, carecen tanto de significados que dan, a las obvias razones que les ofrecen, una certeza y validez de la que carecen.  Este tipo de inteligencia homogénea guía a una multitud de mentes en su comprensión del mundo.

Los mecanismos de exposición son muy similares, con la excepción tal vez de algunos como los Lanata, Baby Echecopar o Eduardo Feinmann, cuya fórmula se basa en teorías sólo sostenidas en blasfemias y conspiraciones revividas en estos tiempos oscuros, los otros, como Daniel Santoro o Majul, son excelentes constructores de edificios discursivos de lo obvio. Tienen el mismo tipo de materia gris que sus seguidores, sólo que hablan o escriben mejor lo que todo el mundo ya “sabe” y espera que le digan, y eso es brutal. Algo así como «juntar el hambre y las ganas de comer». La línea divisoria entre la creación y la criatura desaparece.

Como pertenecen a la misma casta de la clase media que sus admiradores, han hecho percepciones de la realidad cuya aparente formulación clama por la inteligencia de esta audiencia. Ganan dinero de muchas maneras posibles: con videos propios o aportados por espías a su servicio, libros, conferencias e incluso haciendo stand up en teatros. Su audiencia tiene una especie de demanda que responde a este lugar donde debiera haber creatividad, pero cuya ausencia debe ser satisfecha de alguna manera y esta «forma» son los relatos convenientes de estos “iluminados” que son la expresión exacta de lo que piensan sus «usuarios consumidores». Cuando oyen o leen los relatos, concluyen: «¡yo, pienso exactamente como él!». Y eso revalora al cliente al mismo tiempo. Por lo tanto, venden una idea preconcebida de supuesto pensamiento crítico que sus usuarios carecen. Este  modo de transferir el pensamiento vacío de contenido crítico es un tema importante aquí, porque eleva el ego de cada uno que supuestamente lo adquiere, e inmediatamente el de su iluminado, y eso parece suficiente para erigir un castillo de legitimidad alrededor de cada uno autenticada por esta inmensidad de admiradores.

Tienen el mismo tipo de materia gris que sus admiradores, sólo hablan o escriben mejor lo que todo el mundo ya “sabe” y espera que le digan, y eso es brutal. Algo así como «juntar el hambre y las ganas de comer». La línea divisoria entre la creación y la criatura desaparece.

En consecuencia, todo el vasto territorio del conocimiento que perteneció al ser humano es ahora también subcontratado, ofrecido como una bandera en la que la heteronomía se ha convertido en un estándar definitivo y un valor. Es decir, no sólo hacen lo que les dicen estos iluminados, sino que creen en lo que ellos piensan y cómo lo piensan y, por lo tanto, no tienen que nada que reflexionar ya que mi pensamiento es exactamente «ese». Finalmente, los valores que se están tejiendo con estos “iluminados” y sus hordas de seguidores establecen un perfil de colusión entre el tema y la recepción sin ninguna intermediación. Y todos son valores de ausencia, de desprecio por el otro, de tirria encarnada en el individualismo que aparejan la crisis y la empeoran cada día más. Lo grave es que, mientras el gobierno alienta la unión y la paz de todos los argentinos para superarla, un grupo de opositores salvajes, por todos los medios, avalan y alimentan el odio diariamente como único medio de hacer política.

 

 

 

 

 

 

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