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Cómo conciliar la ciencia con un trato humanitario * (por Vilma Cañameras, Gabriela Pasquetin y María Laura del Olmo)
Cómo agentes de salud nos vemos en la necesidad y responsabilidad de analizar y tomar posicionamiento sobre algunas cuestiones a considerar en esta pandemia, esencialmente en aquello que respecta al lugar que ocupa el padecimiento psíquico en medio de esta crisis global.
Una noticia reciente nos impulsó a escribir sobre lo que veníamos debatiendo entre colegas: en el hospital Mater Dei de Buenos Aires se viene implementando un protocolo que contempla y habilita el acompañamiento familiar y de despedida para los enfermos de covid que se encuentran internados allí.
«Una medicina sin humanismo no merece ser ejercida» junto a la afirmación de que «No hay ningún instituto de infectología de prestigio internacional que prohíba la despedida a los pacientes , sino ni los médicos podríamos entrar a la terapia a ver un covid», son algunas de las afirmaciones a destacar por parte del Dr. Cristian Roig, jefe de pediatría del hospital Mater Dei y uno de los redactores del Protocolo de Acompañamiento al enfermo de covid de dicha institución.
Asistimos a tiempos en los que ha cobrado especial significancia aquello de que lo urgente en ocasiones desplaza y hasta va en detrimento de lo importante.
El impacto psicológico de una nueva enfermedad, desconocida a nivel mundial pero potencialmente grave o mortal, la preocupación por contagiar, el estigma y el sentimiento de culpa por contraer covid , de la mano de una falta de estrategias para un abordaje integral para quien finalmente se contagia y para quien el aislamiento pasa a ser la única alternativa, el único tratamiento posible para evitar la propagación del virus, nos lleva a la necesidad de pronunciarnos.
En tanto algunas instituciones ya han diagramado y aplican protocolos de acompañamiento durante la internación, confiamos en que prontamente este modelo de atención se hará extensible al sistema de salud en su conjunto.
Por ello, hemos elegido referirnos a aquéllos casos que no presentan síntomas de gravedad tal, como para requerir atención en un centro de salud.
Todos conocemos los protocolos y cuidados para el tratamiento del virus pero: ¿existe un tratamiento y un protocolo posible para el enfermo?
Tras el diagnóstico, el paciente de covid pasa su enfermedad en completo aislamiento, confinado en zonas específicas, sin contacto con familiares o cuidadores y con escaso a nulo contacto con el personal de salud, más aún si su cuadro sintomático no se considera de la gravedad suficiente para ameritar la presencia de un médico o enfermero que constate su estado general en forma diaria.
El covid trajo como principal consecuencia, que el mínimo contacto físico o la presencia de dos personas en un mismo lugar, se convierta en un peligro no solo individual sino también social.
Quien enferma, además del malestar físico y los sentimientos que le despierta este estado: miedo , angustia, ansiedad ,tristeza … debe asumir la responsabilidad de no propiciar la exposición de otras personas al virus, no convertir a sus seres queridos en contacto estrecho y que por esto, protocolo mediante, deban someterse también ellos a un aislamiento preventivo. Debe asumir su padecimiento en soledad y con el coraje de quien va al frente de una batalla, porque así fue nombrada en principio esta pandemia: la guerra contra un enemigo invisible.
Cómo agentes de salud y más aún de salud mental pensamos que mas allá de orientar los protocolos a detener la ola de contagios, un verdadero tratamiento siempre se centra en la persona.
Es momento de comenzar a pensar estrategias para un abordaje integral, y no solo aislar basándonos en un modelo biológico/ cientificista o estadístico.
No podemos dejar de hacer referencia al escenario que precede a la confirmación de un resultado positivo y la influencia del mismo en la respuesta subjetiva. La rápida propagación del virus y el sesgo que fue cobrando la información, sembraron miedo y ansiedad a nivel mundial lo cual debe considerarse y evaluarse al momento de pensar un tratamiento posible.
El cuerpo no es una sumatoria de órganos, es imposible disociar la mutua incidencia de lo psíquico y lo somático: cuerpo, dolor y subjetividad se entrelazan*.
Hace tiempo que el saber médico reconoce los efectos del estrés y su capacidad de inhibir el normal funcionamiento y respuesta del sistema inmune. En tanto afecta el equilibrio general del cuerpo, no solo obstruye el tratamiento de una enfermedad de cualquier tipo y origen, sino que también puede convertirse en un serio agravante.
El estresa se vincula a la angustia, ansiedad, miedo o estado de alerta que surge como respuesta adaptativa a un entorno cambiante. El problema es que no es objetivable y no puede medirse, por lo que a veces puede ser subestimado o sobrevalorado, pero lo que no puede desconocerse es que constituye un claro factor de riesgo para cualquier proceso de enfermedad.
El aislamiento, la incertidumbre sobre la evolución y la falta de tratamiento a la que se ve expuesto quien contrae covid, provoca cuadros psicológicos reactivos, emergentes, y agrava los preexistentes , por lo que no estaríamos lejos de afirmar que estas condiciones pueden terminar actuando como un segundo virus, que viene a reforzar la sintomatología propia del covid .
Sin duda son situaciones que funcionan como disparador de una diversidad de manifestaciones psíquicas en personas sin antecedentes y como factor agravante y desestabilizante en los casos de cuadros psicológicos o psiquiátricos preexistentes.
Las respuestas psicológicas ante esta coyuntura guardan estrecha relación con la estructura mental subyacente y la capacidad de adaptación de cada persona, por lo que resulta de suma importancia el rol que cumple el entorno y acompañamiento familiar durante este proceso.
Humanizar el abordaje implica no solo identificar y controlar síntomas sino también, pesquisar la sensación de amenaza a la integridad física y psíquica que experimenta cada persona, así como los recursos personales y psicosociales con que cuenta para afrontarla.
Nadie puede saber cuándo tendrá fin una pandemia y no ponemos en duda la difícil tarea que implica responder a la demanda en medio de la urgencia y la incertidumbre, pero pasado un tiempo prudencial es necesario darle paso a lo importante.
Con esto nos referimos a la necesidad de comenzar a planificar y poner en funcionamiento un dispositivo de abordaje que contemple las diversas circunstancias y realidades de cada paciente, en tanto constituyen factores determinantes en el curso y desenlace de cualquier proceso de salud/ enfermedad y a fin de evitar sumar efectos iatrogénicos derivados de esta pandemia.
Si el aislamiento es «el arma más potente » para el control del covid, su destinatario siempre debe ser el virus, no la persona.
* Cuerpo, dolor y subjetividad (Santiago Castellanos)
La nota fue escrita por: Lic. Vilma Cañameras M. P. 255 / Lic. Gabriela Pasquetin M.P.115 – M.E.7 / Lic. Ma. Laura del Olmo M. P. 248

