
La desaparición de Rubén Ismael Gómez desconcierta a las autoridades y la sociedad de Macachín. A más de 35 días, las versiones se acumula, se confunden y la justicia considera que hizo lo que tenía que hacer: rastrillar todo el pueblo y sus alrededores.
La Policía de La Pampa aplicó todo lo que el manual indica para estos casos: buscó primero en su entorno, barajó posibles móviles e intereses y luego amplió la pesquisa al resto de la localidad.
Analizaron los movimientos de sus contactos cercanos, familiares o conocidos, revisaron sus teléfonos celulares y recurrieron a las cámaras de seguridad: en ninguna de las hipótesis logró salir de los datos iniciales, que además, son confusos.

La zona donde apareció la billetera
Gómez salió de su casa a hacer algo y nadie más volvió a verlo. Ya allí arrancan los datos diversos de las distintas personas que colaboraron con la investigación. Cada uno lo ubicó en alguno de los lugares habituales, pero en días previos o posteriores a lo que pudieron comprobar por las cámaras de televigilancia.
Algunos hablan del 13 de julio, otros, en la semana del 9 de julio y un par de días posteriores. La justicia intenta establecer mediante pruebas materiales el último día en que quedó registrado en alguna filmación o por la actividad de su teléfono celular.

El pasillo que lleva a la casa del hombre desaparecido
Raúl Ismael Gómez es un hombre con actividades rutinarias y “un reloj” para ir a cobrar la jubilación al banco. “Sus movimientos eran casi siempre los mismos. Salía de su casa, iba al Banco de La Pampa, al hotel a visitar a su amigo y a jugar a la quiniela”, repitieron las distintas personas que hablaron ayer con Plan B.
“Como tiene un problema en la espalda, se lo solía ver sentado en uno de los bancos de la plaza (Independencia, donde se inició la marcha para pedir justicia), donde descansaba un rato y después seguía”, agregaron.
Cuando notaron su ausencia, lo primero que encontraron fueron las viandas de dos días sin consumir.

El banco y el hotel, dos lugares que habituaba.
Casa por casa
El comisario Omar Obholz le dijo ayer a Plan B Noticias que buscaron “puerta por puerta” revisaron los patios, galpones y hasta los pozos molineros. “Se ha hecho una búsqueda puerta a puerta, verificando patios, galpones, una serie de canales que hay en la localidad. Y al no tener resultados, se amplió la búsqueda a zonas suburbanas y caminos vecinales, donde tampoco hubo resultados respecto a la localización de Gómez”, aseguró.
Durante la investigación manejaron la posibilidad de un conflicto familiar, de un robo, de la sustracción de su jubilación o una suma de dinero. A los pocos días, su billetera fue hallada por una niña cerca de un parque, a tres cuadras de su vivienda.
La jubilación permanece intacta en su caja de ahorros y no falta nada de valor de su departamento ubicado en la calle Santa Fe. Revisaron los teléfonos celulares y los movimientos de su hijo y su ex, de la que se divorció “hace como tres años” y nada puso en el lugar de sospechosos a su entorno familiar.
La poca o mucha relación que mantienen no es conflictiva. Las versiones de sumas de dinero quedaron en versiones y lo único de valor que tiene, compartido con su exesposa, es una vivienda en la que pasaron gran parte de su vida de casados.
“Mi papá estaba jubilado. Trabajó mucho tiempo con el gas, e albañilería, laburó muchos años en el puerto de Bahía Blanca y de chiquito, hachaba en el monte buscando leña o lana en los campos. Nunca tuvo problemas con nadie”, describió su único hijo, Adrián Gómez.
En varios relatos que se obtuvieron durante la investigación apareció el tema de su salud y la contante mención a que “se perdía”.

La agencia de quiniela, uno de los últimos lugares en el que se lo vio
Su hijo Adrián, se lo dijo a Plan B durante la marcha de ayer. Por ahí se perdía un poco. Pero mi viejo es un tipo que no te subía con nadie. De salud, sufría por el nervio ciático y tenía muchos dolores en la espalda. Sufría y estaba empastillado por eso. Si tomaba la medicación bien, andaba bien, pero la tomaba como se le antojaba. Es un hombre muy cerrado y si había una persona a dos metros, no la distinguía, se le borroneaba la cara”, describió.
“Incluso le pasaba con los propios sobrinos, que se ofrecían a llevarlo a la casa cuando lo veían en la calle, pero él decía que no. ‘Puedo solo’, decía y no subía con nadie. Por eso es tanta la incertidumbre: subirse por cuenta de él a un auto, no”, aseveró Adrián.
A más de 35 días para unos y de 40 para otros, hasta atendieron las afirmaciones de “videntes”, pero ninguna de las pistas arrojó certezas.
Gómez, de 69 años, iba de su casa al banco, al hotel vasco, a la agencia de quiniela y a la plaza. Esos eran sus movimientos habituales. La billetera, apareció a unas 3 cuadras, en el sentido opuesto a lo que se supone son sus movimientos tradicionales.
Las palabras del fiscal Cazenave, transmitidas por el comisario ayer a las personas que se manifestaron por primera vez para pedir justicia para Raúl Ismael, son contundentes: los rastrillajes y la búsqueda están suspendidos hasta que un nuevo dato reoriente la investigación.

