
En la previa del 11 de octubre, el Movimiento Pampeano por los Derechos Humanos recordó el genocidio de los pueblos originarios y el saqueo de América, sus consecuencias a lo largo de los años, y apeló a la construcción hacia el futuro de proyectos regionales descolonizados.
«Desde el Movimiento Popular Pampeano por los Derechos Humanos renovamos nuestro compromiso con el tejido de proyectos históricos descoloniales, marchando con el pasado adelante como orientación de nuestro caminar», señala el comunicado del organismo.
El comunicado completo:
De cara al 11 de octubre de 2020, conmemorándose 528 años transcurridos desde el último día de libertad de los pueblos originarios de nuestra Abya Yala, tomando como referencia a Fals Borda, desde el Movimiento Popular Pampeano por los Derechos Humanos, «sentipensamos» en torno a los efectos que el colonialismo eco-genocida ha impuesto en el discurrir de nuestros saberes e historias, desembarcando en un proceso de desarraigo y homogeneización eurocentrada de nuestra despampanante diversidad constitutiva.
Así mismo nos enlazamos a las luchas de resistencia que desde el primer día de colonización han ardido al calor de la memoriosa procedencia de nuestros pueblos racializados, patriarcapotenciados, saqueados material y simbólicamente.
Desde la perspectiva del sociólogo peruano Anibal Quijano, capitalismo, colonialismo y modernidad se sincrooriginaron el 12 de octubre de 1492, hallándose estas tres formas de dominación indisolublemente imbricadas, con claros efectos políticos al evidenciar que todo proyecto que pretenda constituirse en emancipador será limitado siempre que, aunque crítico del modo de producción capitalista, no contemple al mismo tiempo la lucha contra la colonialidad/modernidad occidental.
Si bien la estructura político administrativa propia del colonialismo puede considerarse desbaratada, siguiendo al mismo autor, la colonialidad como patrón de poder instalado desde la conquista y la colonización del territorio que hoy llamamos América ha trasladado sus efectos hasta la actualidad, siendo ello visible en la disociación que se establece entre la naturaleza y los seres humanos, objetualizándola y posibilitando de este modo su expoliación y sistemática destrucción con fines mercantilistas que contemporáneamente se materializan en las políticas extractivistas aplicadas no sólo desde gobiernos de derecha, sino también por gobiernos de corte progresistas en la región.
El saqueo de las tierras ancestrales con fines de especulación inmobiliaria y de megas extracciones destinadas a la exportación, la expoliación de los bienes comunes y la latifundización no serian posibles sin la estigmatización a la que son sometidos nuestros pueblos racializados y hambreados, la persecución y encarcelamiento ilegítimo de referentes originarios y otros sectores populares, la criminalización de la protesta, el desarraigo impuesto por la sustracción violenta de las bases reproductivas, el genocidio, y la marginación de procesos deliberativos que nos involucren como sujetos históricos en ejercicio de nuestra capacidad de autodeterminación.
Por territorios soberanos económica, política y alimentariamente, por un enfoque agroecológico en los procesos productivos, por una política intercultural que articule a nuestros pueblos en un diálogo sin jerarquizaciones, por una construcción pluriversal que contemple la diversidad epistémica y de culturas, «un mundo en el que quepan muchos mundos» al decir zapatista; por la recuperación de las tramas comunitarias, por una materialidad no desvinculada de la espiritualidad ancestral, por tierra para todos los pueblos y por una naturaleza entendida como constitutiva y posibilitadora de la reproducción de las diversas formas de vida; desde el Movimiento Popular Pampeano por los Derechos Humanos renovamos nuestro compromiso con el tejido de proyectos históricos descoloniales, marchando con el pasado adelante como orientación de nuestro caminar, del modo que lo propone la socióloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui retomando un aforismo aymara.

