
(Por Javier Urban*) Me les imaginaba frente al cartel y lo absortos que estarían y sentí casi la misma impotencia que me embargaba allá por los años 90 cuando ante el liberalismo de lo que parecía el fin de la historia, fracasaba en el intento de hacerles ver que el peronismo es la única opción nacional, democrática y de conciencia de clase válida en la Argentina. Ningún relato histórico ni manuales peronistas me sirvieron demasiado, el infame traidor a la Patria la entregaba en cada decisión desde la Casa Rosada y eso era incontrastable. Me salvaron ellos, Néstor y Cristina, que rescataron a mis dos hijas y a mi hijo para el peronismo.
Pero ahora, otra vez, como un revival de aquellos años del menemato, con estupor e indignación hemos visto como se han pronunciado también en nuestra provincia, los/las “Peronistas por la vida”, una supuesta organización contra el proyecto de ley de Aborto Legal, Seguro y Gratutio, que en los afiches pegados en la ciudad llaman a gobernar para el pueblo, paz, pan, trabajo y salud.
Esa manifestación gráfica, fue precedida por la declaración pública de la diputada Sandra Fonseca como perteneciente a ese movimiento anti derechos que está en línea con aquellos/llas conocidos/das dirigentes del peronismo que un par de años atrás, cuando se dio el debate en el Congreso, pretendieron arrogarse una autoridad filosófica, política y moral para definir, como Movimiento, la posición frente a las legislaciones sobre el aborto.
Lamentablemente aquellos que durante la década del 90 hicieron efectiva la “cultura del descarte”, con la imposición de medidas de carácter neoliberal, amparados por las fotos de Perón y Evita, siguen exhumando argumentos acerca de “intereses oscuros” a los que respetaron a rajatabla durante esos años.
Digo esto porque militaba en el PJ también en esos momentos, lo que no me impide escuchar a mis hijas, a compañeras de mi entorno, que están plenamente convencidas de la necesidad de políticas de respeto a la mujer como sujeto, a la que no puede negársele la propiedad sobre su cuerpo, la autonomía de su voluntad y la libertad de conciencia necesarias para tomar sus propias decisiones.
Claro, tal vez Fonseca y su marido Juan Carlos Tierno han de considerar ese lenguaje como “contaminados” de ideologías foráneas. Otra forma de minorizar las concepciones y de utilizar el pensamiento de Perón de manera engañosa y tergiversada.

En aquel año, en que sólo faltó la media sanción del Senado para que sea ley, los peronistas en los que se inspira el matrimonio Tierno atribuían a una manipulación política del gobierno de Macri haber colocado el tema en el debate parlamentario. Lo hacía ignorando que este no era ni es un debate nuevo.
Hace más de treinta años que una importante cantidad de militantes y dirigentes peronistas, mujeres desde el propio PJ nacional y algunos PJ locales, fueron debatiendo el tema y presentando proyectos. El debate que se dio dos años atrás no tapó ni por un minuto el desastre nacional de aquel gobierno de Macri y fue una oportunidad extraordinaria, sobre todo por la movilización y la riqueza de las exposiciones que acrecentaron la adhesión de la sociedad.
En aquel momento, los peronistas y las peronistas que se manifestaron del mismo modo del que lo hacen los tiernos ahora, criticaban que el tema hubiera sido planteado en la agenda pública como una cuestión de derecho individual de la mujer: ¿hay algún otro sujeto que tenga derecho sobre ella y su cuerpo?, ¿el Estado?, ¿los varones copartícipes de la concepción? Cuestionaban ellos en aquel momento, su mujer y Tierno ahora, que se hubiera planteado como un problema de salud pública: ¿no lo es? A las mujeres peronistas, y no sólo a ellas, les parece que cuando es la primera causa de mortalidad de la mujer en edad fértil, sí constituye un problema de salud pública.
Con imprudencia, en aquel momento, definían que el aborto “no pertenece a nuestra cosmovisión justicialista, que se caracteriza por buscar el equilibrio entre el individuo y la comunidad”, denunciaban intereses malthusianos y se atrevían a referirse al tema de la maternidad con una superficialidad, irreflexión e injerencia propias de una redacción patriarcal.
Algunas mujeres peronistas (muchas) han considerado siempre una injusticia que las políticas demográficas se decidieran sobre sus cuerpos porque, a ver si lo podemos entender todas y todos de una vez: LA MATERNIDAD NO PUEDE IMPONERSE, del mismo modo que no se puede aceptar que se impida a la mujer tener todos los niños que desee. Los varones tenemos bien conocido que la paternidad tampoco puede imponerse y durante mucho tiempo, hasta el descubrimiento del ADN, podíamos hasta abstenernos con comodidad, si sínicamente quisiéramos.
Es muy lamentable que frente a un embarazo no deseado, una dirigencia desacreditada y anacrónica se permita proponer la adopción (que ya existe) como único camino. ¿Conocen algo de la subjetividad femenina para considerar ése un camino de felicidad y recomendable a todas las mujeres en esa situación?
Con respecto a la consideración de los aportes que la ciencia ha hecho en relación al cigoto, es importante señalar que en el propio debate que se dio un par de años atrás, se expusieron interesantes perspectivas no criminalizadoras que debieran leerse y considerarse.
Además debieran empezar por reconocer que mientras objetan que se hable sólo del derecho de las mujeres, en los discursos, nunca aparece la corresponsabilidad masculina ni para bien ni para mal.
En las charlas con mis hijas, jóvenes ya, uno no sabe qué criticar más de la postura de ese peronismo. Me duele como peronista que se “reafirme la condición humanista y cristiana de nuestra doctrina”, excluyendo a la enorme cantidad de compañer@s peronistas pertenecientes a otras religiones.
Sabemos que la base fundamental ha sido la Doctrina Social de la Iglesia, pero esto ha inspirado los valores sociales, no las normas morales pertenecientes al orden de la religión.
Hace dos años me era imposible creer que desde un sector del peronismo se dijera: “somos nacionales, queremos una Argentina grande y poblada, no políticas que remachen su condición colonial” o cuando aclaraban que defendían la vida inocente de las garras imperialistas; cuando esos peronistas no es lo que hicieron cuando gobernaron y hacía mucho que no les escuchaba decir imperialismo. Los carteles que hicieron pegar la mujer de Tierno y su marido, dicen nadie sobra, no al aborto.

Es probable que esos mismos afiches sean en sí mismo una provocación y mala prensa para la posición que defienden, pero me estalla interiormente, después de décadas de pertenecer al Movimiento Peronista el impulso de gritar que ESO NO ES EL PERONISMO. El peronismo es una comprensión profunda, capital, vital, del acontecer del pueblo, de sus mujeres y varones.
No se puede VIVIR NI COMPRENDER -a menos que se sea mujer- lo que se siente frente a un embarazo no deseado y frente al cual la mujer no elige frívolamente, sino que decide entre dos caminos. Estamos defendiendo que lo pueda hacer no como un acto desesperado, en soledad y con peligro para su vida y su salud, sino con condiciones favorables para tomar su mejor y más meditada decisión.
Me acuerdo de cuando vivía en Bs As, en las décadas del 80 y 90, y que definitivamente me entusiasmó para adoptar una postura por la despenalización y la legalización de la práctica del aborto, una política sanitaria que se llevaba adelante en una maternidad de la CABA mediante la cual, a toda mujer que se atendiera con un aborto en curso, natural o provocado, se la incluía en un programa y se la asistía en información y prácticas anticonceptivas de prevención.
La mayoría de las mujeres no incurría nuevamente en la práctica del aborto. Porque no es lo que eligen las mujeres como práctica anticonceptiva habitual. Las políticas nefastas son de los y las políticas insensibles, pero los vientres son de ellas.
Muchas peronistas luchan para que cuando el Estado intervenga en políticas de sexualidad, lo haga al servicio de la salud y de la libertad. Cada vez que lo hicieron a favor de una política de atención de la salud reproductiva, de la provisión de anticonceptivos gratuitos, por la ley de educación integral, etc., con los mismos argumentos reaccionarios, falaces y arteros, los mismos varones peronistas, los mismos sectores, se opusieron desde un pretendido “Peronismo oficial”.
La naturaleza del peronismo está en discusión desde hace décadas y no está nada bien querer apropiarse de ella para conducirla en el peor de los sentidos.
No en nombre de Perón y de Evita, no en nombre de muchas mujeres peronistas que hace años dicen SI.
* Periodista.

