
Una familia santafesina se encuentra varada en la rotonda del avión de acceso a la capital pampeana. Vivían de la panadería y un día la pareja con sus tres hijos, decidieron cambiar y comenzar a viajar por el país.
Gustavo y Tati llevan 26 años juntos. Tienen tres hijos: Emiliano, Candela y Brian. Toda una vida trabajando en la panadería y postergando las vacaciones y hasta las escapadas de fin de semana. Hace dos años se plantearon la posibilidad de cambiar de vida, lo consultaron con sus hijos, pero cuando iban a salir, se declaró la pandemia.
“El sueño este comenzó un tiempo atrás, por ahí uno decía salir a hacer algo, éramos panaderos, es un oficio que te hace trabajar demasiado. El sistema te lleva a ir cambiando, a tener una máquina más grande, y fuimos dejando muchas vacaciones de lado. Un día pasaron unos chicos viajeros, se lo planteé a mi mujer, lo hablamos toda la noche, al otro día al mediodía lo conversamos con los chicos, ellos entendían un poco la situación y no tuvieron problemas”, relató Gustavo a Plan B.
Incluso dijo que dos de sus hijos ya “venían planificando irse de mochileros. Así que, salimos todos juntos en familia”. Dos terminaron el secundario y al más chico le quedan dos años. “Tiene que hacer cuarto y quinto, y lo va a hacer a distancia”, afirmó.

La idea original, antes de la pandemia, era salir de Santa Fe hacia el norte. “Compramos el colectivo hace dos año, lo armamos hace una año, cuando faltaba poquito para salir, apareció la pandemia”, se lamentó.
“Habíamos vendido el auto, los muebles, las máquinas, y hasta le vendí la cartera de cliente a mi vieja que también es panadera. Como pasa lo de la pandemia mi vieja me presta una camioneta y yo sigo con los clientes que le había vendido a ella”, dijo Gustavo.
Finalmente, el 21 de diciembre salieron de Rafaela hacia Santa Fe por unos trámites y pensaban seguir hasta Buenos Aires a comprar unos insumos para trabajar: “la idea es trabajar para ir financiando el viaje, con artesanías, panificación, lo que vaya surgiendo”.
Tati hace marroquinería y artesanías. “Cuando salimos de Rosario nos encontramos con un cartel grande que decía Buenos Aires, Córdoba, le pregunté a la familia, y eligieron Córdoba. Pasamos las fiestas en Villa María, recorrimos unos pueblitos y después llegamos a Realicó, hicimos dos días, la gente nos recibió con los brazos abiertos. De diez, siempre colaboró, siempre compró artesanías y de ahí nos vinimos para acá”, dijo.

La rotura
Gustavo dijo que pensaban recorrer La Pampa pero “antes de llegar acá, se produce la rotura de motor. Veníamos bien, nunca una falla. Venía controlando, venia despacio, viendo cómo se comportaba el vehículo. De golpe se para el motor, se dispara la temperatura. Esperé que se enfríe, lo arranqué más tarde, arrancó con un ruido muy frío. Decidí no moverlo más, vinieron dos días de lluvia, teníamos agua, comida y llegamos hasta acá”, resumió.
“Vino el mecánico, un pistón trabado, torció la varilla, el agua se fue al aceite, aparentemente ese pistón venía trabajando en seco. El lunes va a abrir el motor para ver si se rajó la camisa, ojalá que no, si llega a ser eso, se va a complicar, el costo es muy alto”, se lamentó.
Desde que están en la rotonda del avión, varias personas se acercaron para ayudarlos con agua, comida y hasta les ofrecieron dinero y un lugar para bañarse.
“A la gente si quiere colaborar, vendemos artesanías, sahumerios, un poquito de marroquinería, unos alfajores”, enumeró. “Nos ayudan un montón comprando lo que tenemos”, agregó
“Queremos recorrer La Pampa, ir al sur, llegar a Ushuaia, volver a Cabo Vírgenes, que es donde empieza la ruta 40 y seguir hasta La Quiaca, donde vamos a esperar esta situación mundial, y cuando se pueda, cruzar fronteras”, se esperanzó.

Mientras tanto
Gustavo y Tati aclararon que “lo que queremos es trabajar, nada más, de tener que quedarnos un tiempito, somos cuatro mayores que podemos trabajar de lo que sea para reunir el dinero y seguir de viaje”.
“Nos han ofrecido plata, que abramos una cuenta, y si eso pasara, vamos a tomar el monto del arreglo y si hubiera una diferencia, nos vamos a acercar a la municipalidad a dar ese posible dinero que sobre”, dijo, pero todavía no tomaron la decisión de abrir la cuenta para esperar el diagnóstico del mecánico, entre lunes y martes.
“El ánimo fue medio cambiante porque veníamos muy arriba con el viaje, veníamos planificando hacia adelante, nunca nos imaginamos que nos pudiera suceder algo como esto tan temprano en el viaje”, reconoció.
“Teníamos dinero para viajar, pero era en abril y ese dinero, en pandemia, la plata empezó a desaparecer”, dijo Tati.
“El sueño no se va a truncar acá, vamos a juntar las energías para continuar, le vamos a dar para adelante”, finalizó Gustavo, que junto a Tati y los tres hijos, esperan el veredcito de un mecánico para seguir el viaje o parar un tiempo en La Pampa a trabajar para reunir el dinero necesario para el arreglo del colectivo que llamaron “Prendete al viaje”.
Para quienes deseen conocer un poco más sobre su historia y darles una mano en este momento, pueden ingresar a Prendetealviaje en Facebook e Instagram.

