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Plan B cumple 12 años en un tiempo marcado por una enfermedad a escala mundial

9 febrero, 2021
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El decimosegundo aniversario de Plan B Noticias llega en medio de una pandemia que nos cambió la vida a todas las personas. Este 9 de febrero de 2021, lejos de aquel de 2009, no vamos a hacer un balance, vamos relatar una historia real, de una mujer que junto a su marido tuvo coronavirus y hoy pueden contarlo.

“Tenés que hacer caca en una bolsa”, dice la mujer, abre los ojos y acompaña el gesto con sus brazos.  “Mi hijo se enoja cada vez que lo cuento, le molesta por lo que tuve que pasar, dice que le hace mal revivirlo, pero yo lo hago para que la gente se cuide, que sepa que no vas a un hotel”, agrega la señora detrás de un mostrador de una despensa santarroseña.

Su marido, su compañero de toda la vida, con el que comparte la atención del comercio, arrancó con síntomas y dio positivo. “A él se lo llevaron primero, tenía síntomas pero estaba bien. A los días yo empecé a sentirme mal pero no me habían hisopado. En una de las llamadas esas de control, les conté que me costaba respirar y mandaron una ambulancia y un médico”, dice mientras los clientes de la despensa van pasando y este cronista se queda escuchando el relato.




“Vinieron, me controlaron y así como estaba, me subieron a la ambulancia y terminé allá al lado del Molas. Estuve seis días, cinco con oxígeno y uno al lado, en otro de esos contenedores y a mi marido, lo trajeron aislado acá a casa”, y otra vez sus manos hacen en el aire el dibujo rectangular de los hospitales modulares que la Provincia armó con rapidez para los momentos de mayor crisis.

Con más de 60 años y una forma de vida acuestas, lo que más le molesta, le incomoda, es la falta de baño. “No hay baño, hacés caca en una bolsa, como te dije hoy. Y hacés pis en un tarro. Así todos los que están internados con vos”, dice y ya sus palabras me tienen como el principal interlocutor, el que escuchó todo su relato.

“No tiene ni siquiera un lugar separado,  pusieron un biombo, donde te ven todos. Están médicos, enfermeras, vos ahí tenés que hacer tus necesidades. Y a todos nos pasó lo mismo, éramos nueve en el primer lugar y seis en el segundo, que ya estaba mejor, tenía algo como un baño, un inodoro y con privacidad”, agrega.

“Te las arreglás como podes, cerrás la bolsa y la tirás en un tacho. Todos hacíamos lo mismo. Es un lugar cerrado, ni ventana tenía el primer lugar en el que estuve. El segundo ya era mejor, tenías un inodoro y una ventana para mirar para afuera. Ahora, de bañarte, ¡ni soñar!”, arrastra la última sílaba y los ojos se agrandan.

Dice que cuando estaba con oxígeno “me limpiaba como podía, me ayudaban las enfermeras, pero tenía los pelos duros, como alambres, estás ahí con el resto de las personas, igual que vos, en mi caso acostada por el oxígeno”.

“La verdad es que la atención de los médicos, las médicas o enfermeros, todos muy amorosos, un trato excepcional, muy cariñosos, estábamos muy bien cuidados, por eso les sacamos un agradecimiento en el diario, pero que no se crean que vas a un hotel. ¿Vos te imaginás hacer caca en  una bolsa y pis en un tarro. Para los hombres era un poco mejor porque les ponían un papagayo”, añade.

No se extiende en cómo la pasó. Estuvo mal, con oxígeno pero no llegó al respirador. “Me costaba respirar acá en casa, cuando me internaron con el oxígeno es mejor. Mi hija, que trabaja en un covidero de Buenos Aries, como les dicen ellos, me escribía y me decía que no tenía que llegar al respirador, todos rezábamos”, cuenta la mujer que estuvo seis días internadas con coronavirus en Santa Rosa.

“Al sexto día me pasaron a otro de esos contenedores, pero ya tenía baño, una ventana y yo estaba mejor. Solo pase casi un día más y me llevaron al  hotel Unit. Cuando me paré no tenía fuerza, casi me quiebro un pie para subir a la ambulancia. Me miré los pies, sin fuerzas, deteriorados, los brazos y las manos marcadas, todas entre rojas, moradas y negras”, describió.

El final para ella fue feliz, pasó un mal trago, pero lo que más la alegró fue la posibilidad de bañarse: “el hotel un lujo, una atención de primera como la que me daban médicos y enfermeras,  pero de primera porque tenía baño. Cuando me puse debajo de la ducha, me puse a llorar, ¿vos sabés lo que es no tener baño y limpiarte con  un trapo? La gente cree que con el coronavirus no pasa nada, y hasta te podes llegar a morir. Si te salvás, te queda la dura experiencia, no estamos acostumbraos a esto, a estar internados en un tipo hospital de campaña”, cierra su relato.

Ella y él tuvieron coronavirus, están en las edades consideradas de riesgo y pudieron contarla. Lo que cuentan puede no gustar, pero es un testimonio de la realidad. “Yo entiendo que fue una emergencia, pero ya que armaron esos hospitales de campaña, por qué no le pusieron un baño”, dice cuando el cronista pagó la cuenta y está saliendo de la despensa.

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