
Oscar Christensen reflota la idea de trasladar la capital del país al interior para que haya una visión federal y equitativa de Argentina.
Oscar Christensen, presidente de la Unidad Básica de Villa Alonso, analizó el reciente conflicto entre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el gobierno nacional. Planteó la necesidad de “trasladar la Capital Federal a algún lugar del llamado interior de la República”, para terminar con el centralismo porteño.
El texto completo, consigna lo siguiente:
“Nuevamente renace la confrontación entre el puerto y las provincias o el mal llamado centralismo y el interior. La historia argentina vuelve a repetirse cíclicamente cada determinado período de tiempo y los motivos también se renuevan sistemáticamente; antes fue por el uso y manejo de la aduana, posteriormente fue la exportación de cueros y carnes, más tarde el envío de granos al exterior, más acá en el tiempo el envío de materia prima local para intercambiar con productos elaborados y ya casi en la actualidad, la exportación monopólica y mono dependiente del famoso poroto de soja. Pero en todos estos motivos y negociados hay un solo hilo conductor, la ganancia extrema y los beneficiados que siempre son los mismos y tan pocos que se pueden contar con los dedos de una mano. Nuevamente son muy pocos los sectores que acumulan beneficios económicos y muy pocos los productores que arriesgan sus capitales para generar esas ganancias y son muchos menos los que llegan a beneficiarse con unos mendrugos de esas ganancias; definitivamente el axioma de “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago” se cumple a rajatabla en Argentina. Los sectores mas beneficiados le hacen creer a los más humildes que los ricos son ellos porque no tienen el “compromiso y la obligación” de dar trabajo, pagar salarios, hacerse cargo de los impuestos, pagar la obra social de los empleados, cubrirse con seguros por accidentes de trabajo y aceptar las licencias por embarazo, enfermedad o paternidad; pero no dicen que su capital genera ganancias gracias al trabajo de sus empleados y obreros, no dicen que con sus salarios no pueden disfrutar de los mismo beneficios del patrón y lo más importante; no dicen que ellos gozan de las consecuencias que producen sus empleados y obreros.
Este prolegómeno es para explicar que desde hace muchos años el puerto de Buenos Aires ha tenido su situación de excepcionalidad; siempre se creyeron más que el resto del país, ellos hicieron de Buenos Aires el centro de la república (para pocos), menospreciaron el resto de argentina, las provincias son patios traseros de Buenos Aires y asumieron que la Argentina no existe sin la ciudad de Buenos Aires. Nos trataron de cabecitas negras, el malón del desierto, la invasión salvaje y el peor mal de la república (¿¿cuál??) pero cuando debieron apropiarse de tierras quitándoselas a los aborígenes no tuvieron pruritos para asesinar y robar.
Hay un enorme sentido de pertenencia al centralismo y una gran execración en contra de todos los habitantes de la argentina profunda, al punto tal que hasta en la guerra de Malvinas enviaron al frente a todos los soldados del mal llamado interior antes que los porteños, de hecho, son pocos los ex combatientes de la ciudad de Buenos Aires o muy pocos que estaban en regimientos específicos comparándolos con los soldados del interior.
La actualidad se sustenta en episodios de la historia y en formaciones ideológicas de las generaciones anteriores; porque ello es la cultura que alimenta la formación de los pueblos; y ese es el caso de Argentina.
El centralismo o unitarismo original de los primeros tiempos de la Argentina se están expresando en su mayor magnitud en estos días; el jefe de gobierno de Buenos Aires que pretende ser más que el gobierno federal, su postura de cuestionar la autoridad federal por sobre la suya, el desconocimiento y la sublevación de las leyes (DNU) dictados por el Presidente, la creencia que su distrito (que no es provincia) está por sobre el resto para recibir vacunas, el desconocimiento y no aceptación de un fallo judicial y su conducta sediciosa a la vez que golpista puede dar lugar a una intervención del distrito federal por actitudes de resistencia, inconstitucionales, sediciosas y traidoras a la patria en plena pandemia, aunque sería deseable que esto no ocurriera.
Ante esta situación y consciente de hechos anteriores más la comprensión de una conducta nacional y profundamente dependiente del puerto, es que se desprende la imprescindible necesidad y oportunidad de trasladar la Capital Federal a algún lugar del llamado interior de la república que sea mucho menos permeable a la influencia de los medios de comunicación y a los sectores de poder económico que habitan en la ciudad de Buenos Aires presionando en decisiones fundamentales para la Argentina.
La creación de un espacio político-administrativo en algún lugar de las provincias argentinas significaría una nueva impronta política nacional que priorizara el verdadero federalismo con un equilibrio político y geográfico en que prevaleciera la representatividad de un país más federal, solidario y justo.
Es necesario descentralizar el poder político, alejarlo de los lobbies, de los centros de poder financiero y económico para desarrollar una nueva concepción de integración y crecimiento para la argentina. No existe un desarrollo y crecimiento económico en alguna provincia si eso no se trasluce en el conjunto de la argentina.
En alguna época se habló de ello, pero nunca fue una prioridad nacional; no es facultad de un gobierno, es necesidad de un pueblo que quiere crecer, desarrollarse y afirmarse en su integridad; es necesario reformular la República Argentina, construir una Nación y desarrollar el enorme territorio que tenemos disponible. Para ello es imprescindible concretar el traslado de la Capital Federal al interior del país, en cualquier lugar, pero con el concepto federal de armar una nueva nación”.

