
Dos autores y una autora ficcionalizaron la vida de los olvidados del genocidio indígena, basándose en el trabajo de José Depetris, ‘Gente de la Tierra’. “El libro es una vindicación para ejercer la memoria del primer genocidio”, señala el autor.
La propuesta se hizo en base al libro de José Depetris, “Gente de la tierra”, que en el 2003 y luego de un arduo trabajo publicó la obra que registra a los sobrevivientes de la mal llamada Conquista del Desierto, en base a datos catastrales del Censo de 1895, en la provincia de La Pampa.
La actividad se realizó de manera virtual y fue presentada por Catalina Labarca, de la Fundación Filba y contó con la participación del autor de libro José Depetris y los escritores Mario Méndez, Martín Felipe Castagnet y María Rosa Lojo.
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Para Depetris, este libro, editado por Ediciones De la Travesía, junto a otro, “Los rostros de la tierra”, realizado en conjunto con Pedro Vigne (editado por Editorial Amerindia), complementan un registro informativo y fotográfico de los sobrevivientes del genocidio indígena.
La actividad se llevó a cabo el jueves 17 de junio, en el marco de las actividades del Filba Santa Rosa 2021. Dos escritores y una escritora imaginaron una biografía posible de tres indígenas que sufrieron el despojo, la persecución y matanza de sus comunidades.
En “Gente de la Tierra”, se registran los datos de 2100 sobrevivientes a las campañas militares de fines del siglo XIX. “El proceso (de redacción del libro) ocupa un buen espacio de mi vida. Desde muy chico, me intereso conocer esto. Tenía 12 años y me iba al campo. Veía a viejitos, generalmente los abuelos de mis amigos que eran indígenas y anotaba y recogía información, aprendía a hablar la lengua, enseñada por ellos”, contó Depetris en la actividad realizada por el FILBA.
“En una época podía mantener conversaciones y luego, como todos los procesos de olvido, lo dejé de hacer y la he olvidado. Mi madre, en casa, me motivó con este tema. Ella contaba y recordaba hechos de los antepasados. Comencé leer los clásicos, como ‘Una excursión a los indios ranqueles’ o ‘El inglés de los güesos’, de Benito Lynch, junto a toda la saga de los gauchos matreros, de Eduardo Gutiérrez”, repasó Depetris, también concejal del FreJuPa en Santa Rosa.
“Siempre me intrigó qué había sido de los indios en La Pampa, en los cuales se hablaba en pasado, que aparentemente se habían diluido en las arenas del desierto de La Pampa, como el río Atuel. Yo sabía que la dilución del río Atuel, obedecía a algunas cuestiones políticas e ideológicas e intuía que la desaparición de los indios, no era tal, sino que obedecía a una mirada ideológica”, afirmó el escritor e historiador autodidacta.

Depetris recordó que cuando comenzó con la investigación de los olvidados por la Conquista, trabajaba de panadero. “Juntaba unos pesos, me iba a Buenos Aires, al Archivo de la Nación, revisaba las libretas del censo e iba anotando todas las personas que me parecían que eran indígenas. Eran fácilmente detectables los de apellidos indígenas, y se me complicaba con los que tenían apellido hispano criollo como Martínez. Así, anotaba todo en cuadernos, luego volvía a Santa Rosa, iba al Registro Civil, revisaba las actas o iba al archivo de las iglesias, para intentar llegar a la persona que estaba trabajando, para corroborar que era indígena”.
El listado de Depetris comenzó a crecer y en un momento dejó de viajar a Buenos Aires. “Fue cuando los mormones instalaron en Santa Rosa la biblioteca genealógica y enviaban rollos de microfilms —a pedido del interesado— de Estados Unidos, que luego quedaban en préstamo en Santa Rosa. Yo los leía en la lectora de microfilms, sacaba los datos y devolvía, en un proceso que duró más o menos una década”.
Con el trabajo conformado, Depetris dividió los apellidos en hispano criollos y mapuches, para los ranqueles y el área salinera de Calfucurá. “Así hice el estudio de la división de apellidos tradicionales de cada zona de La Pampa, para empezar a trabajar luego con las personas”.
Con los datos, Depetris elaboró un listado de 2100 personas y recreó las historias personales “Yo entiendo que una persona no muere del todo mientras se la recuerda. Y como en una vindicación individual —tardía pero necesaria— para los procesos de ejercer la memoria del primer genocidio, porque luego hubo otro cien años más tarde con 30.000 desaparecidos y muchas secuelas más”, repasó.
“Entonces comencé a trabajar en este listado y Matías Sapegno y Carola Di Nardo, que tenían una editorial, De La Travesía, editan este trabajo en el año 2003. Fue un aporte muy interesante. En La Pampa fue muy considerado y luego los ranqueles que se fueron considerando como tales abrevaron en la obra, para encontrar la primera referencia a sus antepasados, bisabuelos, tatarabuelos”, dijo Depetris.
Para finalizar su exposición en el FILBA, Depetris consideró que junto a la obra editada con José Vigne, se logró complementar un registro informativo y fotográfico de los sobrevivientes del genocidio indígena.

En base a este libro, dos escritores y una escritora, leyeron tres biografías imaginadas. Mario Méndez, maestro y escritor de libros para niños y jovenes, ficcionalizó la biografía de Amunao Rosas hijo mayor del cacique Mariano Rosas, que durante el periodo de la conquista, fue tomado prisionero y luego colaboró en el primer vocabulario ranquel publicado.
Martín Felipe Castagnet, Doctor en Letras, editor de la revista Orsai, traductor y autor de las novelas «Los cuerpos del verano» y «Los mantras modernos», escribió sobre la curandera Balbina Ledesma.
Por último, María Rosa Lojo, escritora e investigadora, que dirige el Centro de Estudios Críticos de la Universidad Argentina de la Universidad del Salvador y con una vasta obra literaria, imaginó la biografía de Ramón Cuello, una persona que terminó viviendo sus últimos años en General Acha.
Acerca de la Fundación Filba
La Fundación Filba es una organización privada sin fines de lucro, creada en 2009 con el objetivo de promover la literatura en todas sus formas y a diferentes tipos de lectores. La Fundación ha organizado 10 festivales y este año la literatura pampeana tuvo su edición con la colaboración y el apoyo de la Fundación Williams, Fundación Banco de La Pampa y La Anónima.
Horacio Beascochea

