
Este martes se reanudaron las audiencias del juicio por los crímenes de lesa humanidad en La Pampa y hoy declararon testigos y víctimas de la UTN de General Pico y la Universidad de La Pampa.
Luis Barotto, Sergio Baudino y Graciela Bertón, declararon hoy en el marco del tercer juicio a los represores pampeanos. Durante esta audiencia no estuvieron conectados los imputados Luis Enrique Baraldini, Humberto Riffaldi y Nestor Greppi.
Barotto fue el primero en dar su testimonio de lo padecido junto a sus compañeros y compañeras estudiantes de la UTN de General Pico, detenidos y torturados.
En la represión contra el grupo de estudiantes de la UTN de General Pico se entrecruzan no solo la actuación de la policía y el Ejército, sino también la complicidad de los civiles, como es el caso del exdiputado y secretario general de la CGT, Carlos Aragones, quien buscaba tomar la facultad por la fuerza y para lograr su cometido contó con la ayuda de los matones de la Triple A, al mando del diputado Rodolfo Ponce, quien ya había concretado la toma de la UTN de Bahía Blanca en forma violenta y con la falsa acusación de «limpiarla de zurdos y trapos rojos».
Barotto y otros estudiantes y docentes de la UTN se oponían y por eso fueron perseguidos, detenidos y torturados por el grupo de operaciones que actuaba bajo el comando de la Subzona 14.
Las víctimas también acusan al exgobernador Rubén Marín de pedir la intervención militar de la provincia. Cabe recordar que en 1975 la Policía pasa a depender del mando de las Fuerzas Armadas.
«Planteaban que había funcionarios que no cumplían sus funciones y dijeron que «Cholo» Covella (titular de Obra Pública) había estado acompañando la toma de la UTN, de tinte marxista. Eso selló nuestro destino una vez que sobrevino el golpe de Estado el 24 de marzo de 1976″, relató Barotto.
Barotto estuvo detenido ilegalmente y esposado en la Comisaría de General Pico, la Seccional Primera de Santa Rosa, la Unidad Penal 4 y también pasó por la Brigada de Investigaciones.
En la Comisaría Primera contó que «ponían la música fuerte y se escuchaban los gritos de las personas que torturaban en la planta alta. Estaban Fiorucci, Constantino, Cenizo, Reinhart, que nos enteramos que era el que manejaba la picana eléctrica».
«A los pocos meses de asumir en el retorno a la democracia, Marín hace un informe por el que nos llaman a declarar nuevamente en la Planta Alta de la Comisaría Primera. Raquel (Barabaschi) no quiso subir a ese lugar, donde había sido torturada, y declaró abajo. Fue todo muy complejo. Luego de ese informe donde se relata todo lo que hicieron estos policías, estos fueron ascendidos por Marín. Cosas que no se entienden», declaró Barotto.
Enfatizó la responsabilidad del exjefe de Policía, Baraldini «fue el jefe de los torturados y abusadores. Después aparece en el grupo carapintada, tratando de imponerse a fuerza de sangre y fuego. Luego se profugó a Bolivia, donde se cambió el documento», recordó.
Además apuntó a la complicidad de los responsables políticos de los partidos radicales, peronistas y el MoFePa. «No se podía llevar a cabo la dictadura sin la connivencia civil, eclesiástica y también judicial», señaló.

Luego fue el turno de declarar del exrector de la UNLPam, Sergio Baudino, víctima de la represión ilegal cuando era estudiante universitarios.
Manifestó que los juicios «son un acto de justicia e implican un resarcimiento al daño que a uno le tocó a vivir frente a un tribunal, que en la dictadura se nos negó y hoy tenemos la oportunidad de decir nuestra verdad y que quienes nos reprimieron injustamente estén escuchando».
«También compensa a las víctimas los juicios producidos y que se están produciendo a lo largo y ancho del país. Hay una consigna que se nombra cuando hablamos derechos humanos, que es memoria, verdad y justicia», dijo
Baudino señaló que «la verdad de muchas situaciones que acontecieron está intentando ser esclarecidas con un esfuerzo importante del Estado y con la justicia como elemento central para demostrar la verdad y así poder luego construir una memoria para las futuras generaciones. Esto es una gran reparación para quienes estuvimos en el centro de la represión»,
De todas formas consideró que «han pasado más de 40 años y no han logrado esclarecer muchas cosas que sabemos ocurrieron. Dentro de los acusados faltan civiles. De modo que la construcción de la verdad a través de la acreditación en juicio, hay una deuda», evaluó.
Baudino fue detenido en la casa donde vivía junto a otros 3 compañeros estudiantes en la calle Centeno, entre San Martín y 9 de julio. «Las personas que nos detuvieron estaban vestidos de civil, a cara descubierta. Con el tiempo logré identificar que uno era Reinhart. El otro que acompañaba no recuerdo quien era, solo que era morocha y más bajo de estatura que Reinhart. Fueron en un auto viejo, color verdecito, no era un Ford Falcon. Me llevaron a la Seccional Primera y pude ver que en el auto habían sacado las manijas para abrir la puerta».
No recuerda cuanto tiempo estuvo detenido pero concluyó que fue más de un día. Estuvo con los ojos vendados y las manos esposadas durante su detención.
“Yo fui llevado a otro lugar donde me picaneaban en la zona del torso, por momentos acompañados con golpes, eran trompadas con un guante o alguna cobertura. En ese circuito iban preguntándome un montón de cosas que yo directamente desconocía pero fueron muy insistentes preguntándome por el abogado Ciro Ongaro. Después termino firmando una declaración que yo nunca vi y en la que acepto ser miembro de una organización que es el Partido Comunista Revolucionario. Nunca fui comunista ni integrante del partido. Si tenía relación porque había una vida ligada a lo político y el proceso de la nacionalización de la universidad”, recordó.
Luego en el 77 son acusados en una causa judicial armada con la acusación de formar parte de organizaciones de izquierda que buscaban tomar el poder por las armas, con testimonios sacados de las torturas sufridas a manos de los represores que actuaban bajo el comando de la Subzona 14.
En febrero de ese año Baudino fue detenido y su situación de detención ilegal se extendió por casi 3 años. Luego de pasar por la Unidad Penal 4 de Santa Rosa fue llevado a la Unidad 9 de La Plata, hasta recuperar la libertad bajo vigilancia.
Recordó que hasta fines del 82 estaban prohibidas las actividades políticas y reinaba un discurso “aplastante” y que se había instalado «la cultura del no te metas». «Además no había apoyo de países vecinos, donde la situación no era mucho mejor que Argentina. No había alternativa al discurso único», dijo.
“Yo me fui organizando a partir de una autorepresión. Me fijaba de no aparecer posicionándome públicamente. Desde el 17 de octubre de 1979 hasta fines de 1982 esto era muy marcado”, dijo con la voz quebrada.
“Quienes fueron represores se niegan a decir dónde están los desparecidos, los bebes secuestrados, y no reconocieron lo que hicieron”, expresó Baudino.
Después volvió a la vida universitaria y fue reconocido por la comunidad y electo rector de la UNLPam. “En los 70 reivindicábamos la educación pública, laica, gratuita, con un cogobierno tripartito. En 2009 comencé a participar de la vida universitaria con los mismos postulados, embanderados en la reforma de 1018 y tengo una reivindicación de la universidad que me lleva al máximo cargo”, recordó.
“Logré vivir sin odio, sin rencores, logré ponerme metas y trabajé mucho. Quienes han sido clientes, empleados, estudiantes, saben que lo que me caracterizó fue la seriedad, la responsabilidad y el trabajo. Que esto era una continuidad de mi vida anterior”, manifestó.
Destacó el acompañamiento de su familia durante todos estos años y la lucha de las víctimas y organizaciones de derechos humanos para la construcción de memoria y verdad, y el reclamo de justicia frente a lo que fue la represión ilegal en nuestra provincia.

En último lugar declaró Graciela Bertín, hija de Samuel Bertón y querellante en la causa. Su padre era presidente del Instituto Secundario «José Ingenieros» de Jacinto Arauz. Fue detenido el denominado copamiento militar donde hubo un impresionante despliegue de fuerzas policiales y militares, bajo la misma falsa premisa de estar actuando contra la infiltración subversiva en distintos lugares e instituciones.
“Se sitió durante 3 días el pueblo, con allanamientos en las casas en todo horario, especialmente de noche, sin importar en que situación estaban las personas», recordó.
“No menos de 150 personas, pertenecientes a 3 fuerzas, Ejercito, Policía Federal y Policía Provincia, con tanquetas, un helicóptero que sobrevolaba la zona, y distintos instrumentos que luego se utilizaron para la tortura de los detenidos, todo ese operativo no puede haber sido desconocido por el señor De Bartolo hoy aquí presente”, apuntó Graciela Bertón
Su padre fue detenido con otros docentes de la Escuela, llevado al Puesto Caminero de Jacinto Arauz donde fue interrogado y torturado con golpes y simulacro de fusilamiento. En ese episodio logró escaparte uno de los docentes, Guillermo Quartucci, por lo que el operativo de seguridad se transformó además en una persecusión a campo abierto que sembró terror en la población rural local.
Las vejaciones dejaron marcas en Samuel Bertón que cambiaron totalmente su forma de ser, rememoró una vez más Graciela, «se convirtió en un fantasma y el miedo lo acompañó hasta el último momento de su vida».
Mañana continuará el juicio, a partir de las 8.3 horas, con los testimonios Rosa María Audisio, Pedro Belliardo, Jorge Luis Canciani y María Inés Cortada. El mismo se prodrá seguir también a través de youtube.

