
Juan Manuel Losarcos es estudiante de Geología de la UNLPam e integra el equipo Spacebee Technologíes que hace apenas unos días acaba de ganar la convocatoria para construir un mini-rover lunar, una de las categorías del programa Open Space, cuyo interés es promover este tipo de iniciativas entre la juventud como parte de la denominada “nueva era espacial”.
El equipo Spacebee Technologies está compuesto por 21 personas, algunos estudiantes y otros ya profesionales egresados de distintas carreras y universidades del país, y cuya edad promedia los 25 años. Entre ellos está Juan, quien con 24 años está a punto de recibirse de la Licenciatura en Geología en la UNLPam (le falta entregar la tesis), y que a poco de haber recibido la noticia del jurado de Open Space asegura que “todo tiene que ver con haber roto los esquemas, haberme animado y probado”.
Nació en Santiago del Estero, pero a los pocos días la familia se vino a vivir a La Pampa. Egresó en 2014 del nivel secundario. Un momento difícil para muchos jóvenes que apenas con 17 años deben tomar una decisión trascendental como es la de elegir una carrera para estudiar por los próximos años. Pero él asegura que lo vivió distinto, “siempre fui un amante de las ciencias naturales y cuando terminé lo primero que quise fue estudiar medicina en Córdoba, pero por una cuestión económica era muy difícil y mi mamá me dijo que viera que carreras podía estudiar acá”, cuenta en una entrevista que concedió a Plan B desde la intimidad de su casa, en el barrio los Fresnos de Santa Rosa.
Lo de Geología vino de la mano de su hermana, quien estudiaba esa carrera y fue su primer contacto con esa materia. “Dije esto me interesa y cuando comencé a estudiar me fascinó, fue un antes y un después en mi vida”, dice mientras se ceba un mate y saca a sus perros al patio.
Actualmente se encuentra trabajando en la tesis para poder recibirse. “Surgió la idea de hacer un relevamiento con fotografías en Lihué Calel, utilizando un software, basado en un algoritmo, que detecta fracturas de manera automática en fotografías. La idea es usar ese método, modificarlo, aprender a programar, y compararlo con los métodos tradicionales”, explica. Esto sirve para poder hacer un relevamiento de manera automática, que brinda un resultado estadístico con una efectividad muy alta.
Pero para llegar a eso Juan tuvo que estudiar machine learning y aprender a programar. “Antes tenías que saber idioma Inglés y ahora te piden que sepas de programación. Todos se mueven en base a eso porque se ahorran miles de millones con solo una computadora que predice las cosas”, reconoce.

A fines de 2019 Juan fue preseleccionado para la beca Friends of Fulbright y en enero 2020 viajó a New York, Estados Unidos, a estudiar durante 6 semanas machine learning, física avanzada del universo e Inglés, en la Universidad de Saint Jhone´s. “Tuve la oportunidad de cursar algo que me interesaba y me animé, pero resulta que cuando llego me di cuenta que no era tan terrible. Los docentes cuando les decía que era de Argentina me decían “¿Qué haces estudiando acá”? Nosotros tenemos tan buen nivel los argentinos y somos muy reconocidos en el mundo. Tenemos un sistema educativo gratuito de excelencia y muchas veces no se le lo valora como debería. Al chico con el que compartía cuarto era del Bronx y estudiaba medicina, una carrera que les sale U$S 120.000 al año, le explicaba que podíamos inscribirnos a una carrera y si nos dábamos cuenta que no era lo que habíamos querido podíamos cambiar a otra más a gusto y no lo podía creer”, reflexiona en medio del relato.
Sin saberlo, esa experiencia de intercambio le abriría nuevas puertas de un camino con grandes satisfacciones.
Tras su regreso de Estados Unidos, un amigo de San Luis que conoció en el marco del programa de becados de la Fundación YPF, que otorga ayuda económica a estudiantes de carreras que le interesa promover, lo contactó porque estaba trabajando en un proyecto con otros jóvenes del Instituto Balseiro de Bariloche para enviar un robot a la Luna, como parte del programa Open Space, y estaban en busca de un Geólogo con conocimientos de machine learning.
“Lo primero que le dije fue que solo tenía un poco de idea de lo que había aprendido en la cursada y me veía re lejos de eso, pero mi amigo insistió y me anotó. Así fue como se empezó a armar el equipo de trabajo de Rover-tito y yo entré en el subequipo de Geología”, recuerda de aquel momento.
Rover-tito
“Hay una carrera mundial entre las distintas potencias por ser los primeros en habitar la Luna. El objetivo es Marte pero para llegar hasta allá las naves espaciales consumen mucho combustible para salir de la atmósfera, entonces la idea es que la Luna funcione como una estación intermedia de recarga para seguir a la exploración del espacio profundo”, explica Juan.
Junto a Florencia Santillán, la otra geóloga del equipo tuvieron que decidir en el primer encuentro de trabajo que iba a hacer Rover-tito en la Luna.

En diciembre de 2020 les aceptaron el proyecto, tuvieron una segunda etapa de desarrollo en febrero, y en marzo fueron seleccionados como finalistas de la convocatoria y donde empezaron a tener reuniones con grosos de la talla de Guillermo Trotti, el arquitecto argentino que se convirtió en uno de los primeros diseñadores espaciales de la NASA, y la empresa Loockhead Martin que fabrica los aviones para la armada de los Estados Unidos. “Trotti nos dijo que la gente iba a vivir debajo de la superficie lunar, en unas estructuras denominadas tubos de lava, comunes en la tierra y el resto de los planetas. Y también que iba a necesitar agua”, recuerda Juan.
Cree que así como Trotti “hay otros cerebros argentinos trabajando en puestos y lugares muy importantes, son muy grosos y muchas veces por cuestiones del país se terminan yendo afuera” y considera que el fenómeno no tiene que ver con que Argentina no tenga una planificación al respecto, sino que obedece a que “no se les da suficiente lugar”.
La cueva de la Halada y la Luna
“En la Luna no tenés atmósfera, la radiación es 200 veces a la de la tierra, la temperatura pasa de 120º de día a -150º en la noche, y todo el tiempo están cayendo meteoritos es decir, no podes tener una quintita en el patio lunar. En el polo sur lunar la temperatura baja hasta -250º. Se desintegra cualquier material que conozcas. Por eso estas estructuras, cuevas, brindan resguardo de todas esas condiciones y son espaciosas, de unos 4 kilómetros y alturas de más de 1 kilómetro”, explica.
“Hay agua en la Luna y se conoce que está cercana a ciertos cráteres, pero se necesita de más precisión”, acota Juan mientras calienta el agua terrestre para arreglar el mate.
De este modo, el equipo ya tenía dos misiones. Mapear las estructuras subterráneas y las reservas de agua en la Luna.
Para validar la misión, viajaron a la cueva de La Halada en el departamento de Puelén, donde hizo midieron las variaciones vibratorias de la tierra con un acelerómetro, algo que nadie había hecho antes de este modo. Según Juan “Rover-tito podría detectar con esta metodología uno de los tubos de lava conocidos en la Luna”.

Ahora están desarrollando el robot, que no pesa más de 2kg, y cuesta alrededor de U$D 60.000. “El tema es que no podía pesar más de eso. Mandar 1kg de materia al espacio vale más de 1 millón de dólares. Probamos, funcionó y fuimos los primeros en descubrir esta metodología para este tipo de estructuras”, explica Juan.
En esta etapa propusieron que para la tarea se implemente más de un Rover-tito. “Nuestra idea es la del enjambre. Que cada robot recorra la Luna, trabajando independiente, se comuniquen entre ellos, luego con el Lander, y se envíe la información a la tierra”, dice alzando las manos de lado a lado y con una sonrisa grande.
El viernes 6 de agosto fue la final con el jurado de Open Space y los partnership de la competencia, como Amazon Web Services, INVAP, Globant, entre otros, y fueron elegidos ganadores de la competencia.
“Desde el momento en el que nos dijeron que ganamos quebré en llanto. Apagué la cámara. No lo podía creer”, se sincera.
No todo siempre fue solo estudio. Desde que comenzó la carrera, Juan trabajó repartiendo volantes para poder tener su dinero para sus gastos. «Arranqué a los 16 porque quería tener independencia económica. Después trabajé en Mónica Fuertes como mozo, y ya en segundo año hacía los dos trabajos durante la semana y el fin de semana», repasa.
Además, en la casa donde vive con su mamá tienen una canchita de fútbol donde atendía los turnos nocturnos de verano hasta antes de la pandemia. Actualmente se encuentra trabajando en una tienda de ropa frente a la Plaza San Martín.

El equipo completo de SpaceBee Technologies
Lo que viene
El equipo de estudiantes, muchos de ellos con las carreras finalizadas y algunos con maestrías en curso, planea crecer en la plantilla de integrantes, conseguir financiamiento y seguir generando desarrollos a futuro.
“Ahora se viene el trabajo más fino. Tenemos que conseguir financiamiento para comprar materiales, ver donde se va a construir esto, terminar de hacer algunas pruebas”, explica.
Además asegura que “la idea a futuro es empezar a construir un prototipo más importante y quizás el día de mañana se abran más puertas como estas”, anticipando lo que ya muchos piensan podría llegar a convertirse en una nueva empresa nacional que fabrique tecnología aeroespacial.
Después de que fueron elegidos para desarrollar el programa, las y los integrantes del equipo recibieron mucha atención.
Consultado por esto, Juan se abre un poco más y analiza cómo algo como esto puede ayudar a difundir más la ciencia y reflexiona que “este tipo de cosas tienen que dejar de ser noticias y que sea cada vez más normal ver a pibes explotando toda su capacidad”, señala.
Tampoco ahorra en agradecimientos para su familia que lo apoyó desde sus inicios, su novia quien lo bancó cuando se encontraba por momentos sobrepasado, los amigos y sus influencias en su paso por la Universidad, como su profesor de Geología Marcelo Zarate, un especialista en la materia reconocido mundialmente. “Él fue el primero que me dijo que si seguía así podían venir grandes cosas”, recuerda.
Si bien se trata de un proyecto “Rover-tito ya fue impreso con una impresora 3D en el Balseiro, los compañeros le instalaron los motores para probar la locomoción y la cámara, programaron la navegación automatizada y funcionó,”, repasa.
“La idea es que para 2024 Rover-tito esté en la luna. Pero por ahora estamos en la etapa de conseguir financiamiento”, añade Juan.
Si llegaron hasta acá y desean conocer más sobre el proyecto y colaborar con el equipo pueden acceder al sitio web de Spacebeetech.
F.A

