
Esta mañana se desarrolló una nueva jornada del juicio a los represores que actuaron bajo el comando de la Subzona 14. Declararon Gerardo Salandra, Ricardo Samos y Alberto Sanín, los jóvenes arquitectos que habían sido contratados por el gobierno provincial para aportar al Ministerio de Obras Públicas y fueron detenidos en la madrugada del golpe del 24 de marzo de 1976.
La ronda de declaraciones comenzó con el testimonio de Gerardo Salandra, quien fue convocado en noviembre de 1975 por el gobierno Pampeano para trabajar en la dirección de Arquitectura.
Se desempeñaba como arquitecto proyectista. Tenía a su cargo la obra de una Escuela.
La madrugada del 24 de marzo del 76, soldados del ejército irrumpieron en su departamento de la calle Padre Buodo, en Santa Rosa. Buscaban al ministro Santiago «Cholo» Covella.
Se lo llevaron detenido junto a sus compañeros Alberto Santín, Ricardo Samos, Juan Carlos Sánchez, y Aldo Sisul a la Seccional Primera, dónde los alojaron en celdas separadas. Luego fueron trasladados a la Colonia Penal.
«Al principio estábamos solos pero luego fueron llegando más personas y poco a poco se llenaron todas las celdas. Estábamos incomunicados», recordó.
Salandra contó que «tenía terror de que se estuviera repitiendo la experiencia chilena y elaboré un listado como una forma de cerciorarme que estuviéramos todos cada vez que se llevaban a alguien». También contó que «tomaba listado y esperaba que cada uno respondiera presente».
«Yo dormía vestido porque temía que si me venían a buscar me llevaran en calzoncillos», manifestó.
«La gente que era sacada y llevada, volvía en muy mal estado. Eran maltratadas. Después supe que la Iglesia intercedió para que cesarán los maltratos de modo que cuando nos tocó que nos sacarán y llevarán al interrogatorio no nos hicieron daño», dijo y explicó que tomó conocimiento de ésta información después de ser liberado.
Dijo que en el interrogatorio «se centraron en cuál era nuestra relación con Daniel Lamas», otro de los trabajadores de la administración provincial que vivía junto a él en el departamento.
«También preguntaron si habíamos estado en el monte tucumano. Cosas ridículas», agregó.
«Nadie sabía dónde estábamos. Mí padre pudo ubicarme y me trasladaron a la comisaría a verlo. El que estaba ahí era Baraldini. Después supe que el que encabezó el operativo de detención fue Greppi», añadió.
Estuvo una semana en Santa Rosa hasta que el 23 de abril volvió a Buenos Aires. En ese tiempo se fue del departamento porque «era peligroso» y fue acojido por la familia de una amiga.
«Yo no ignoraba lo que había ocurrido. Viví con mucho temor. Busque trabajo y no conseguí. Empecé a buscar trabajo en el interior y en noviembre del 76 me fui a trabajar a San Luis hasta marzo del 78. Luego volví y con Ricardo Samos armamos un estudio de arquitectura que sigue hasta hoy», repasó.

Ricardo Samos también vino a trabajar al área de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas de La Pampa y vivía en los Monoblocks frente al Centro Cívico.
“El día del golpe, a primera hora del día nos tocan la puerta y era personal del Ejército. No sabíamos que pasaba, que se había producido un golpe. Preguntaron y se fueron. Luego volvieron y un capitán, después supe que era Greppi, con un tono amenazante, agresivo, nos puso a todos contra la pared. Revisaron todo el departamento. Teníamos una bolsa de polietileno que habíamos colgado para que se secara en el balcón y nos preguntaba si era una señal que enviábamos a alguien. Lo que mostraba la paranoia que tenía esta gente”, contó.
Fueron llevados a la Seccional Primera y luego trasladados a la Unidad Penal 4 donde quedaron alojados en celdas separadas. “Me tranquilicé cuando me tomaron los datos”, expresó.
Interrogatorios
“Los primeros interrogatorios me generaron una sensación de tensión interna porque quienes eran devueltos volvían mal. Me tomaron declaración con los ojos tapados y las esposas colocadas. No me hicieron daño físico pero si psicológico. Me preguntaban donde estaban las armas, me decían “¿que sos montonero?”, pasaban y me soplaban la nariz. Después de un rato nos devolvieron al penal”, recordó.
“Cuando salimos de hacer la declaración nos metieron en la parte de atrás de la camioneta y nos hicieron dar vueltas a toda velocidad”, dijo.
Antes de ser liberados fueron intimidados «por un hombre que creo era de la Armada», dijo y contó que tras eso estuvieron
“A los pocos días nos tomamos un micro y nos fuimos de Santa Rosa”, repasó.
En Buenos Aires dijo que «estaba todo bastante duro» y se reencontró con gente «que sufrió feo mi detención». «Recuerdo el llanto de mi vieja cuando regresé. Yo viví con ellos 6 o 7 meses hasta que pude volver a reinsertarme porque no había mucho trabajo profesional. Yo había dejado un trabajo para irme a La Pampa. Con el tiempo hice un estudio individual y trabajé de eso, hasta hoy sigo trabajando», rememoró.
Al finalizar se preguntó: «¿La gente que está condenada tiene domiciliaria o están purgando sus excesos en prisión?».

Alberto Santín trabajaba en el Ministerio de Obras Públicas. También había sido convocado a partir del arquitecto Daniel Lamas.
En la madrugada del 24 de marzo del 76 uniformados del Ejército irrumpieron en su domicilio de la calle Padre Buodo. Al igual que el testimonio de los otros detenidos identifica a Greppi al mando del operativo.
“Esta personas nos acusaba de un montón de cosas. Que pertenecíamos a una juventud revolucionaria peronista, que éramos subversivos. Nos subieron a un camión militar que tenía un techo de lona, escoltados por soldados. Nos llevaron a la Seccional Primera, nos hicieron bajar, nos pusieron en una celda. Escuchábamos en la radio en cadena nacional que había ocurrido un golpe de Estado”, recordó.
Luego fueron llevados a la Unidad Penal 4 donde los registraron y los alojaron en celdas individuales.
“Después comenzaron los interrogatorios. En mi caso fui trasladado con Juan Carlos Sánchez a la Comisaría, en una camioneta doble cabina. Teníamos las manos esposadas a la espalda. A mí me alojaron en la cocina, tenía una puerta vaivén y pude ver que Juan Carlos estaba sentado en una silla en un patio y me saludó. Estaríamos a una distancia de unos 6 metros. Me vinieron a buscar al rato y me subieron por una escalera a un primer piso, donde 2 personas de civil entraron y una puso una pistola arriba de la mesa y ahí me preguntaron quién era, como había llegado al Ministerio, si pertenecía a alguna agrupación política, si conocía a Daniel Lamas, y respondí que si porque lo conocía de la Facultad y a Covella también, lo había conocido ahí”, repasó.
“Recuerdo que estabas entado frente a una mesa y podía ver por la ventana el boulevard de la calle Buodo. Me hicieron firmar la declaración, me bajaron y me dijeron que volvía al Penal. Me sentaron en el asiento de atrás del conductor, al lado mío iba un policía con una ametralladora. En el viaje me dijeron que me largaban. En el penal me controlaron y me preguntaron si me habían aplicado algún tormento y me apuraron para ir a la celda, me dieron una bolsa de nylon donde guardé mis cosas, y cuando salí me pude despedir de mis amigos por las ventanas de las celdas. Les dije que quedábamos en libertad, el ministro Covella me saludó y me dijo “cuídate petiso”», contó. La persona que lo revisó llevaba una bata blanca de médico y también había un fotógrafo.
«Al salir del pabellón me llevaron a una sala de reuniones donde había un grupo de estudiantes. Me enteré de eso porque había 3 personas, vestidas de uniforme que nos hablaron, nos dijeron que nos portáramos bien. Me devolvieron mi libreta de enrolamiento y salimos. A los chicos los estaban esperando sus familiares. Ahí me enteré que también había familiares nuestros. Yo quedé solo afuera del Penal, se abrió la puerta y salió un oficial joven. Me apresuré a preguntarle cómo podía irme, como podía viajar y se ofreció a llevarme en su auto. Se portó muy amable conmigo y le dije que yo quería volver a mi casa, ver a mi madre y me aconsejó que no volviera a Buenos Aires, que estaba muy complicado, que había atentados, y me dejó en la Plaza donde está la Catedral. Caminé hasta el Hotel Calfucurá pensando que a lo mejor habría alguien, que podía encontrarme con el padre de Juan Carlos Sánchez, y cuando estaba llegando me lo encontré, me abrazó y me besó me preguntó cómo estaba. Consiguió un taxi y fuimos hasta el Penal, yo lo esperé dentro del auto. Me dijeron que Juan Carlos no estaba y que me iba a llevar al Hotel París donde estaban los padres. En el Hotel había un televisor y nombraban en cadena a los liberados. Ahí conocí a la madre de Aldo Sisul, el geólogo que compartía departamento con nosotros. Hablé con ella y me acompañó hasta la terminal junto al hermano de Aldo, me sacaron un pasaje, me dio un pasaje y se quedaron conmigo hasta que tomé el micro que me llevó a Buenos Aires”, detalló.
“A los muchachos los liberaron después. En el caso de Juan Carlos la excusa que dieron es que se lo habían olvidado en la Comisaría”, contó.
“Mi experiencia fue muy dura. Quedé con mucho miedo, traumado para toda la vida. Es terrible», manifestó Santín al finalizar su testimonio.

