
Este miércoles continuó el juicio a los represores pampeanos con los testimonios de las víctimas de la persecución y detención de estudiantes que habían participado de la nacionalización de la Universidad de La Pampa.
La Universidad fue uno de los lugares donde la vigilancia y la ilegalidad de la represión se instaló con más violencia. Estudiantes, docentes y funcionarios, fueron detenidos y torturados por los agentes de la dictadura cívico-militar, y que cuya actividad ya había comenzado un año antes del golpe de Estado.
Hoy declaró en primer lugar Carlos Enrique Ghezzi, quien fue detenido cuando estudiaba en la UNLPam. Participaba de una agrupación de la izquierda y trabajaba en el Banco Nación, de donde fue despedido tras el golpe de 1976 sin justificación.
“Yo había terminado de cursar, salí a buscar trabajo y me ganaba vendiendo libros de Ciencias Económicas y como ayuda empecé a hacer trámites de gestoría de automotor. Lo digo porque por este trabajo solía ir a la Seccional Primera a certificar firmas de trámites y el 4 de febrero me dejan detenido”.
Ghezzi contó que a partir de ese momento “comenzó un calvario”. Estuvo aislado en un calabozo y fue interrogado, torturado con golpes y picana eléctrica en la planta alta. “Sucedió en tres oportunidades. En la segunda me hicieron un interrogatorio a cara descubierta donde estaba Baraldini”, recordó.
“En un momento se identificaron, uno de ellos fue el comisario Fiorucci, el que manejaba la picana eléctrica era Reinhart, y el que tomaba nota era el oficial Cenizo. Fiorucci me insultó y me hizo un simulacro de fusilamiento diciendo que lo iba a hacer”, contó.
Tras unos días fue llevado a la Colonia Penal, de donde lo sacaron una vez más para llevarlo a la Primera y someterlo a otra sesión de tortura. “Me preguntaban por mi participación en una agrupación militante, les molestaba que nos manifestábamos contra la violencia y el golpe de Estado”, rememoró.
El 19 de abril fue trasladado a la Unidad 9 de La Plata, «en un operativo, que después me enteré por quienes lo vieron, que fue gigantesco por la movilización que hicieron de fuerzas armadas, tanques, blindados, gente con armas largas, una cosa ridícula y de una agresividad brutal».
Allí contó que volvió a ser interrogado y amenazado con que lo iban a desaparecer. «Se sentían orgullosos de ser buenos torturadores, de ser parte de eso», expresó y agregó que contaban con la complicidad de la justicia y apuntó al juez federal Walter Lema.
El 19 de julio de 1980 fue liberado.

Miguel José Capella
Estudiaba contabilidad en la UNLPam y vivía en una pensión en Santa Rosa. Tuvo que volverse a General Alvear, Mendoza, de donde era oriundo, en el cuarto año de la carrera. Allí trabajaba en un estudio contable y recibió una notificación del PEN en la casa de sus padres para que se presentara en la comisaría. Cuando se acercó quedó detenido y fue trasladado a la capital mendocina.
Tras algunos días de detención lo trasladaron en colectivo a Santa Rosa. Recordó que al llegar, al primer lugar al que lo llevaron fue la Jefatura de Policía, después a declarar al juzgado federal a cargo del juez Walter Lema, y posteriormente queda detenido en la Seccional Primera. “Ahí estuve hasta las fiestas y después me trasladaron a la Colonia Penal y en marzo a la Unidad 9 de La Plata hasta el 23 de octubre del 79, cuando me liberaron, a pesar de que ya había sido sobreseído en la causa”, contó.
“El juez me dijo que estaba acusado por pertenecer supuestamente a una organización de izquierda y desarrollar actividades de tipo subversivas”, recordó.
Contó que estuvo detenido con “Pedro Molinero, Sergio Baudino, éramos compañeros de estudio. A Pedro lo conocía desde los 13 años”.
Capella pensó que iba a ser liberado de la Colonia Penal pero lo llevaron al Aeropuerto donde lo subieron a un avión y lo trasladaron a la Plata, donde quedó detenido en la Unidad Penal 9. “Viajé sentado con los ojos vendados. El avión hizo escala en alguna localidad de la zona centro sur de Buenos Aires”.
“Cuando me liberan viajó en colectivo a General Alvear en compañía de mi madre que me había ido a visitar. Lo hago bajo el régimen de libertad vigilada. Esto fue una cuestión traumática porque me tenía que presentar a la comisaría o iba un policía a mi casa a ver si estaba o no estaba”, rememoró.
“En aquel momento fue traumático, mis padres eran humildes y no podían ir a visitarme. Pero me mantuve fuerte”, aseguró.

Dardo Hernández
Era docente en la Facultad de Veterinaria de la UNLPam y había participado en el Centro de Estudiantes durante sus años de estudiantes y participó activamente de la nacionalización de la UNLPam desde el comienzo.
Fue detenido en la casa de sus padres en General Pico, en febrero de 1977. “Me detuvieron en el marco de un operativo del comando Subzona 14. Así lo dejaron claro quienes me secuestraron, a la cabeza del operativo estaba alguien a que denominaban “El Ruso”, que después supimos que era Reinhart. Estaba acompañado por un oficial y otros dos efectivos”, recordó.
“Me pusieron unas esposas me colocan arriba de un Chevy color mostaza, me trasladan a Santa Rosa, a la Seccional Primera y se baja Reinhart y me llevan a la Brigada de Investigaciones donde me introducen en una celda alejada pasando un patio descubierto con los ojos vendados”, repasó.
Estuvo detenido en la Brigada durante 11 días, esposado y vendado. “Al cuarto día me sacan, me quitan la venda y me trasladan a las oficinas, me quitan las esposas, me colocan una soga más fina, y me cambian la venda. Al rato irrumpe alguien violentamente diciéndome que era una persona peligrosa, subversiva, y allí comienzan los golpes en la zona abdominal, suponía que eran guantes de box, después me aplican picana eléctrica en la garganta y en las costillas. Fue una sensación tremenda”; contó con la voz quebrada.
Posteriormente lo ingresaron a la Unidad Penal 4, “me llevaron a una celda de castigo donde estuve detenido por 10 u 11 días más”, repasó.
Dijo además que fue observado por médicos cuando lo ingresaron “estaban vestidos con delantales blancos que cuando me observan que tenía el abdomen lleno de moretones, anotaron y se fueron. No recibí ni una medicación para sobrellevar semejante castigo”, relató.
Hernández fue trasladado con otros estudiantes universitarios en avión a La Plata, donde quedó alojado en la Unidad 9, que aseguró fue el 23 de abril de 1977. “Era una cárcel de máxima seguridad, quizás no distara mucho de ser un campo de concentración por el terrible verdugueo y castigos al que éramos sometidos los detenidos”.
“Yo no era un subversivo, un terrorista, no había atentado contra la seguridad del Estado. Mi gran pecado había sido ser un dirigente universitario que se comprometió a tener una Universidad digna, que se comprometió en la gesta más importante que tuvo La Pampa, como fue la nacionalización de la Universidad. También participé activamente contra el golpe de Estado que se avecinaba para el 76. Todo mi accionar fue pacífico, parte de los reclamos que hicimos los universitarios en los 70 y dejamos como legado una Universidad Nacional que hoy es ejemplo en Argentina”, manifestó.
Hernández contó que “el juez federal Walter Lema le dijo a mi madre que si coincidía conmigo en la calle iba a cruzar la vereda porque no podía asegurar de cuál iba a ser mi reacción. Todas las entrevistas que tuvo mi madre con Baraldini, Amarante, Lema e incluso monseñor Arana, fueron todas traumáticas”.
Lo liberaron el 23 de octubre de 1979 bajo el régimen de libertad vigilada.

