
Este jueves estrena en el Espacio INCAA Santa Rosa (Quintana 172) el film de Ezequiel Radusky , protagonizado por Rosario Bléfari y Liliana Juarez.
Las localidades tienen un valor de $100 y se retiran minutos antes de la función. Además del jueves, estará en cartel los días domingo 26 y miércoles 29 de septiembre.
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Sobre el film
Lila y Marcela trabajan desde siempre como personal de limpieza en una dependencia estatal. Conocen sus recovecos como nadie y se han inventado una forma de subsistencia gestionando un comedor absolutamente irregular en un rincón abandonado del edificio. Pero los tiempos cambian: llega una nueva directora y con ella las promesas vacías, el cierre del comedor y una ola de despidos que destruyen el precario equilibrio de la vida en el Estado, transformando las tareas cotidianas en una lucha por la supervivencia.
Todas las mañanas Lila (Liliana Juarez, ganadora del premio a Mejor Actriz en Mar del Plata) se para en la puerta de Ministerio para preguntar a quienes van entrando si lo cuenta para ese día o no. Tiempo después, en plena jornada laboral, Lila y Marcela (último trabajo para cine de Rosario Bléfari) bajan unos cuantos pisos para cocinar el almuerzo de decenas de comensales de todos los sectores del organismo que mediodía a mediodía pagan por su porción de comida casera y la comodidad de la cercanía. Tanto tiempo hace que están, que no hay nadie que no las conozca. Hasta que llega alguien que no las conoce. Son tiempos de cambio de gestión política y, por lo tanto, hay una nueva jefa con la que congraciarse. Con ella llegan también las disputas y el recambio de contratados por la gestión anterior por unos nuevos, en su mayoría acomodados y con contactos para entrar. Como por ejemplo la hija de la empleada de limpieza de la jefa, que gana su lugar a costa de desplazar a la hija de Marcela.
Por si no fuera suficiente, la recién llegada mira de reojo este particular emprendimiento gastronómico nacido a raíz del oportunismo de estas empleadas y la necesidad de engrosar sus bolsillos enflaquecidos. Sin la directiva de algún superior como aval, no hay papeles que habiliten ese servicio, algo que nunca les importó ni a ellas ni a ninguno de los comensales. La decisión es tajante: eso no puede seguir funcionando así, hay que vaciar el depósito para ver qué uso puede dársele. Lila está dispuesta a todo con tal de hacerse con la cantina, incluso a pisar la cabeza de su compañera. Planta permanente muestra esta guerra fría apelando a un costumbrismo sardónico por el cual cada situación suma nuevos matices en las mujeres. Radusky apela al humor tanto para descomprimir situaciones como para movilizar la cosmovisión del espectador, como si supiera que la reacción ante un chiste dice más sobre quien mira que sobre quien filma. Saber si se trata de personajes corrompidos por el sistema o si simplemente se sirven de él para sacar lo peor de sí es una duda que, felizmente, no tiene respuesta definitiva.

