
El abogado Ricardo Víctor Cheli envió a Plan B una nota de opinión y alertó sobre la eliminación y modificación de normas de protección laboral que flexibilizan el derecho al trabajo digno, proclamadas por Juntos por el Cambio y los partidos de derecha en Argentina.
La nota completa, consigna lo siguiente:
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Como señala Ulrich BECK, en su libro “¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización, edit. Paidós, Buenos Aires, ed. 2004, pg. 97/98:- “solo los hombres que tienen una vivienda y un puesto de trabajo seguro, y con ello un futuro material, son o llegan a ser ciudadanos que se apropian de la democracia y la convierten en algo vivo. La verdad desnuda es esta: sin seguridad material no puede existir libertad política, ni por tanto democracia alguna; y entonces todos nos vemos amenazados por nuevos y antiguos regímenes e ideologías totalitarios”.
En efecto, hoy en las campañas electorales del principal Partido de oposición (Cambiemos) y del resto de los Partidos neoliberales y de la ultraderecha, se viene promoviendo la idea de que es imperioso una “reforma laboral” y de hecho ya se han presentado proyectos (entre ellos el Senador Martín Lousteau, La Política Online 15/9/21), en los cuales se pretende retrotraer la realidad del país a principios del Siglo XX y, dentro de esta, a las relaciones laborales y de derecho social, fulminando todas las conquistas que los trabajadores argentinos –con lucha y sangre- lograron en los últimos 70 años. Alientan lograr en las próximas elecciones una mayoría en las Cámaras del Congreso, y en un marco democrático de bajísima intensidad privilegiar al poder económico y sus proyectos, especialmente la economía agroexportadora y la especulación financiera; donde los trabajadores y sus familias sigan siendo la variable de ajuste y las primeras víctimas de la depredación de sus derechos.
El análisis precedente no se trata de una proclama o propaganda electoralista de ocasión, sino de alertar a quienes aún no advierten que habrá de suceder, si la oposición al actual Gobierno acapara la mayaría de las bancas. Y cierto es que tales propuestas no se ocultan por esa oposición, ya que no pierden oportunidad para manifestarse en contra de los trabajadores y sus derechos a los que denominan “costo laboral” y en especial contra los empleados públicos a los que no dudan en calificar, con todo desparpajo, de vagos, ñoquis o grasa militante.
¿Y porqué pareciera que la sociedad no lo advierte? Explican desde la psicología que ante el bombardeo de noticias, muchas falsas y muy confrontativas, el oyente o televidente con frecuencia y en gran número, incurre en la denominada “disonancia cognitiva” por la que nuestro cerebro reptiliano queda al acecho porque el sistema cortical se ha acostumbrado a “tapar” bajo la alfombra aquello que no encaja en nuestro sistema de valores. Como consecuencia casi inconsciente, eliminamos todo aquello que nos suponga incomodidad o desazón o sea, como el dicho popular lo grafica, “escondiendo la cabeza como el avestruz”, pues cansados de tanta grieta tratamos de rehuir o escapar de los problemas que nos presentan como motivo de debate, sin detenernos a analizar las consecuencias.

Para esta oposición de derecha tal situación se presenta como campo fértil para llevar adelante sus políticas regresivas, porque para ellos el problema son los trabajadores y sus derechos; no los empresarios, el gran capital y sus abusos. Quieren fulminar el respeto a la jornada de trabajo; las licencias por enfermedad, la estabilidad laboral y la indemnización por despido y otras conquistas como todos los derechos sociales a la salud, a la indemnización justa por accidentes de trabajo, a la jubilación, al esparcimiento, etc. que también garantiza nuestra Constitución en el art.14 bis. Más aún ya han presentado Proyectos para limitar la competencia de la Justicia Laboral, dejando al descubierto que la real intención después de las elecciones y si obtienen la mayoría, es quitar al trabajador y sus familias todos sus derechos. Contando en su apoyo con los medios de comunicación afines y una Corte de Justicia Nacional genuflexa a los poderes fácticos (económico-financieros y mediáticos), la que no será posible cambiar si los partidos neoliberales y de ultraderecha se imponen en el comicio.
Dejar en total libertad de acción al poder económico o, lo que es todavía peor, seguir sus órdenes, nunca ha sido positivo para los pueblos ni para la democracia, ni ha llevado a crear trabajo suficiente, ni a que el existente sea decente, la famosa “teoría del derrame” nunca fue efectiva en ningún país del mundo, ni siquiera en el propio Estados Unidos. Por ende, estamos frente a dos modelos en pugna, uno que pretende tener una sociedad fraccionada de pobres y ricos, sin clase media y otra que apunta a fortalecer a las más bajas primero, para poder luego tener una clase media desarrollada y pujante como motor del crecimiento. Es decir dos proyectos visiblemente diferentes y contrapuestos, por lo que la sociedad argentina deberá elegir qué va a privilegiar con su voto.
De nada sirve intentar sustentar democracias en sistemas que privilegian la participación del capital en la toma de decisiones, excluyendo a las mayorías, cuando hoy el capital es esencialmente trasnacional, en el sentido de que no tiene pertenencia o patria; al contrario de lo que sucede con los trabajadores, que se encuentran en su casi totalidad fijos en su país donde generan su propio bienestar y el de sus familias. Por eso y hasta desde el punto de vista de los derechos humanos, no podemos seguir cumpliendo los mandatos del poder económico financiero, de un capitalismo cada vez más destructivo y feroz, que pide a los gobiernos que implementen medidas que arruinan sociedades y personas, además del propio Estado
La eliminación y modificación de normas de protección laboral que flexibilicen el derecho al trabajo digno, transformándolo en una mercancía, son prácticas del pasado que el neoliberalismo, cual caja de Pandora, escondiendo sus perversas intenciones, hoy vuelve a prometer como paradigma del futuro. Está en la inteligencia y en el corazón del pueblo resolver este oxímoron.
Ricardo Víctor Cheli

