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Subzona 14: declararon más víctimas del terrorismo de Estado

3 noviembre, 2021
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Este miércoles se reanudaron las audiencias del juicio contra los represores pampeanos, el exjefe de Policía, Luis Enrique Baraldini, el exmilitar Néstor Omar Greppi, el expolicía Carlos Reinhart, y el exmilitar Jorge de Bártolo.




Desde las 8,30 de la mañana, en el Aula Magna de la Universidad Nacional de La Pampa, dio inicio una nueva audiencia del juicio de la denominada Subzona militar 1.4. Se trata del tercer tramo, donde por primera vez se juzgan los delitos de índole sexual cometidos en el marco de la dictadura.

En esta oportunidad están enjuiciados el exjefe de Policía, Luis Enrique Baraldini, el exmilitar Néstor Omar Greppi, el expolicía Carlos Reinhart, y el exmilitar Jorge de Bártolo. Tanto Greppi como de Bártolo no asisten a la audiencia por razones de salud.

El pediatra Américo Taborda declaró en primer lugar. Es uno de los médicos que llegó a La Pampa para trabajar en el nuevo Sistema Provincial de Salud y quedó como médico de planta en el servicio de Pediatría.

Pudo ver a Ana María Martínez (víctima del terrorismo de Estado) golpeada en la guardia del Hospital “tenía el rostro con hematomas, los parpados caídos”, rememoró. Ambos se conocían de una cena que habían compartido en la casa del médico Miguel Dastolfo.

“Pude constatar que había Policías, uno al lado de ella y otros afuera”, contó.

Taborda contó que el ginecólogo, quien no declaró en ninguno de los juicios «había llamado al anestesista para hacerle un legrado, por una presunta metrorragia”, contó.

“Yo me enteré que estaba embarazada en los testimonios posteriores (durante los Juicios). En ese momento no lo sabía”, aclaró Ambrosio.

Posteriormente pudo ver a un «uniformado» que custodiaba la camilla donde estaba Ana María Martínez.

La historia clínica de Ana María Martínez desapareció. Oficialmente se informó a partir de las investigaciones que se perdió en una inundación. «Esa fue la explicación que me dieron cuando pregunté para el juicio», comentó.

Sobre ese hecho, Taborda consideró que se podría haber pedido un informe al banco de sangre, ya que la víctima había sido sometida a una transfusión.

El pediatra recordó además que las asociaciones de profesionales como el Colegio Médico de La Pampa, entre otros, se opusieron a la creación del Sistema Provincial de Salud porque consideraban que «este sistema iba a lesionar su actividad».

Taborda dijo que se generó «una situación que motivó un permanente enfrentamiento contra los que veníamos a trabar en este sistema» y que fue un «acontecer político complejo y traumático, a pesar de que era un período que era constitucional». Los hechos ocurrieron entre 1975 y el golpe de Estado de marzo de 1976.

Luego «Fue compleja y difícil mi inserción laboral luego en la actividad privada. Cuando fui a inscribirme el Colegio Médico de La Pampa nos pidió que pidiéramos perdón porque antes habíamos firmado una solicitada en rechazo a una huelga médica en contra del Plan de Salud. Yo no me retracté, durante tres meses no pude cobrar las obras sociales y después nos habilitaron, pero nos descontaban el doble. Fueron tiempos difíciles, durante los que uno sintió esta violencia institucional y una lesión a la dignidad humana»,

Fue cesanteado por el gobierno de facto bajo amenaza a su familia y de quedar detenido. «Fue compleja y difícil mi inserción laboral luego en la actividad privada. Cuando fui a inscribirme el Colegio Médico de La Pampa nos pidió que pidiéramos perdón porque antes habíamos firmado una solicitada en rechazo a una huelga médica en contra del Plan de Salud. Yo no me retracté, durante tres meses no pude cobrar las obras sociales y después nos habilitaron, pero nos descontaban el doble. Fueron tiempos difíciles, durante los que uno sintió esta violencia institucional y una lesión a la dignidad humana», relató.

Durante esta audiencia también declaró en forma remota desde La Plata, Roxana Cortéz, hija de Martín Severo Cortéz, parquero de la Quinta de la Gobernación de La Pampa, detenido y torturado dos veces por la patota policial que actuaba bajo el comando de la Subzona 14.

Contó que “temprano a la mañana se iba a la quinta del gobernador y vendía pollos que criaba. Tenía dos trabajos. Mi mamá era cocinera y vendía viandas”, contó.

“A mi papá lo levantaron en un Ford Falcon, dos o tres personas, estaban de traje y le dijeron que se lo tenían que llevar. Yo no lo vi más por dos años y pico, pero se que estuvo 3 meses detenido. Nosotros alquilábamos y tuvimos que irnos de ahí”, dijo.

“Las dos veces que lo detuvieron me arruinaron la existencia. Me faltaba todo, para comer, para vestirme, para ir al colegio”, recordó, aunque consideró que “

Roxana Cortéz reclamó a los jueces del TOF que “no entiendo porque me siguen citando como testigo si yo soy tan víctima de esto como otros. Hoy tenía que venir a la citación y no podía ni manejar”.

Señaló que “cuando nos mudamos Eulises Oscar Guiñazú (excomisario) fue a mi casa dos días antes de la detención, estacionó su auto, un Renault que no podía justificar como lo tenía, y él me decía que estaban buscando a alguien”.

Consultada sobre si su padre fue torturado contó que “la primera detención le habían desgarrado el hombro y lo picanearon”.

Contó que Guiñazú “se aprovechó de nuestra inocencia y amistad para llevar a cabo sus macabros planes”. Roxana era amiga de su hija Zulema.

Recordó que su papá tenía un cuadro de Perón que descolgó y guardó en un aljibe del patio de la casa que alquilaban el a calle Jujuy de Santa Rosa. “A mi papá lo llevaron por militar y sostener una idea, por eso fue llevado y reventado a palos”, expresó.

Sobre el lapso de tiempo entre la detención y que volvió a verlo, dijo que “mamá se fue con sus hijos y se distanció de mi papá cansada de esa situación” y manifestó que “todas las piezas de este rompecabezas se fueron acomodando hace 2 años atrás”.

“Tengo un tío que se llama Ricardo Andrés Mini (fallecido), también había sido detenido en Toay. Él relataba que lo habían vendado los ojos y le hacían simulacro de fusilamiento, él trataba de caminar y se le hundían los pies y el único lugar en esos años donde se podían hundir los pies eran los médanos de Toay”, rememoró.

Aldo García Orlando, víctima del terrorismo de Estado en La Pampa, declaró por segunda vez como fue detenido en marzo del 76. La primera fue en el juicio de 2017.

Militaba en la JP mientras estudiaba derecho en La Plata. “Yo lo hacía de manera oculta porque tuvimos una persecución muy grande. Iba clandestinamente a la facultad a escuchar las clases porque no nos podíamos inscribir. Nos paraban los Falcon y nos metían presos y nos soltaban a los días. Era una carga muy grande porque estábamos perseguidos”, relató.

“Hubo un inconveniente con una ascienda que faltó en el campo al lado del nuestro y nos inventaron una causa para meternos presos”, aseguró.

Estuvo privado de la libertad en la Seccional Primera de Santa Rosa. “A mí me detuvieron en la Comisaría de Rancul. Me mandó a llamar el comisario porque estaba mi padre y que necesitaba cigarrillos y si se los podía llevar. El jefe me hizo esperar varias horas y después ya quedé detenido. Me trasladaron con las manos esposadas a Realicó, donde pararon a cenar, después pasamos por otros pueblos que no recuerdo ahora. Iba el comisario Schefer con su chofer”, detalló. El traslado concluyó en la comisaría primera de General Pico. Declararon su padre y su hermano. “Después nos separaron y nos volvimos a encontrar recién a los 3 meses en la Unidad 13”, agregó.

Nunca fue informado del motivo de detención ni de la intervención de un juez. “Yo fui muy golpeado, muy lastimado. Me dieron mucha picana, me rompieron la frente”, resumió. «Conservo una cicatriz, y una hernia por una patada en los testículos que fue tremenda», agregó.

Pese a tener la cara vendada, pudo reconocer a sus verdugos. “Estaban Fiorucci, un tal Roldan, Amarante que fue a Rancul, la gente estaba asustada, le faltaba llevar un tanque solamente. Vi todos los Falcon y las camionetas de los militares, golpeaban puertas, buscaban armas y extremistas”, contó.

“También iba Baraldini, que me fue a ver dos veces cuando estuve detenido en la Seccional Primera”, agregó. «La primera vez no recuerdo la charla, pero la segunda vez vino a verme de noche, me llevaron a una oficina y me dijo que mi vida o muerte dependían de él», recordó. También le dispararon un revolver al lado del oído en una oportunidad donde lo sacaron de la cárcel. A causa de eso perdió la audición de uno de los oídos.

Contó que «nosotros no teníamos ningún arma» y que su familia la pasó muy mal tras su detención. «A mi hermana la metieron en el baño apuntada con un arma 9mm», relató.

El campo de la familia fue quemado, luego de que les robaran toda la ascienda y la cargaran en camiones de la provincia de Buenos Aires. De ahí en mas la situación económica fue empeorando hasta al día de hoy. Frente a esto, reclamó que le embarguen los bienes a los responsables de aquellos hechos.

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