
En los últimos tres años se viene evaluando el comportamiento agronómico de esta especie en Santa Rosa, a través de un trabajo conjunto entre la Agencia de Extensión Rural INTA Santa Rosa (programa Prohuerta), el Centro de Inclusión Las Artes, la Facultad de Agronomía de la UNLPam, y en Ataliva Roca a partir de la participación de un huertero local.
El azafrán Crocus sativus L. es una planta bulbosa de la familia botánica de las Iridáceas (lirios, gladiolos, fresias, etc.) que mide entre 30 y 60 cm de alto. Da unas hermosas flores de color violeta, con estigmas de color amarillo brillante o naranja, que son los que conocemos como condimento o especia, y que además presentan propiedades medicinales.
En los últimos tres años se viene evaluando el comportamiento agronómico de esta especie en Santa Rosa, a través de un trabajo conjunto entre la Agencia de Extensión Rural INTA Santa Rosa (programa Prohuerta), el Centro de Inclusión Las Artes, la Facultad de Agronomía de la UNLPam, y en Ataliva Roca a partir de la participación de un huertero local, con material proveniente de un productor del Valle de Uco que integra un grupo de Cambio Rural de INTA de productores azafraneros, en la provincia de Mendoza.
El azafrán no produce semilla verdadera, siendo su única forma de propagación la vegetativa, a través de la formación anual de cormos (tallos engrosados subterráneos) de reemplazo o propágulos. Es importante resaltar que cormos juveniles (2-8 gramos) no producen flores o no florecen durante el primer año, por lo que es importante “engordarlos” para que en años sucesivos si logren florecer.
También el manejo a campo de estos cormos juveniles es diferente al de los cormos adultos juveniles (8-20 gramos) y adultos (+ 20 gramos) que si florecerán. Por un lado, se plantan los juveniles para promover su engorde y multiplicación, y por otro los adultos juveniles y adultos que son los que darán flores y podremos cosecharlas y aprovechar los estigmas (hebras de azafrán), además de obtener cormos o propágulos de multiplicación.
La experiencia comenzó en 2019 con 100 cormos ubicados en dos sitios (Centro Las Artes y Fac. Agronomía de UNLPam), para evaluar el comportamiento agronómico, caracterizar el tamaño, y la tasa de multiplicación de los cormos. En el año 2020 se plantó nuevamente en ambos sitios y en Ataliva Roca.
Teniendo en cuenta resultados preliminares y la continuación de este tipo de evaluaciones, se podrá mostrar si el cultivo puede convertirse en una alternativa productiva para huerteras, huerteros, emprendedores y productores de la agricultura familiar de la zona.

