
A diez años de la instalación de una pizzería en el barrio Sur Plan 5.000 de Santa Rosa, una vecina contó el “calvario” que vive y pidió el traslado de la fábrica ya que “no tienen habilitación para eso”. Las máquinas provocan ruidos y vibraciones en la vivienda aledaña.
Una vecina de Santa Rosa contó que “hace aproximadamente 10 años mis vecinos abrieron la rotisería ‘Pizza Gigante’.Para mi familia y yo, el comienzo de lo que se iba a convertir en un calvario hasta el día de la fecha”.
Cansados de dialogar con los propietarios, hicieron una denuncia policial. Los dueños del comercio, les respondieron con una contradenuncia por abandono de persona “que nada tiene que ver con el motivo del conflicto, y es falso”, aseguró la vecina.
En el relato la usuaria Emi.Ebertz señala en las redes sociales señala que “en un principio, traen maquinas industriales para elaborar sus productos sin habilitación alguna. A todo esto, se le suma que las traen a una casa de barrio, donde las condiciones edilicias no están preparadas para ello. Las colocan del lado de la pared justo donde da mi pieza. Como consecuencia del uso de las mismas, empezamos a escuchar ruidos y vibraciones muy fuertes al punto de que las cosas de mi casa se movían y vibraban (por ej. los cale factores). Cuanto más cerca estabas, más fuertes eran los ruidos y las vibraciones. Por lo que podrán imaginarse el calvario que era estar en mi pieza”.
“Al mismo tiempo, dado que no habían instalado los conductos de salida como corresponde para su precisa ventilación de vapor y olores, ni siquiera era necesario abrir las ventanas que dan al patio de mi casa para percibir los olores, el polvo y el humo provenientes de la ‘cocina’ de la rotisería. Fuimos a hablar y nos dijeron que iban a mover las máquinas de lugar y que era algo provisorio dado que planeaban llevarlas a un salón que estuviese habilitado para tener ese tipo de casa”, añadió.
Además de los ruidos molestos, aseguró que tuvieron ratas y plaga de cucarachas por la fábrica de pizzas “que nos costaron 3 fumigaciones de la casa”
Pero “al día de la fecha seguimos esperando que cumplan con lo dicho. Lo que sí hicieron fue cambiarlas de lugar; las trasladaron a lo que en teoría sería el ‘garage’ de la casa. Mi familia conforme, dado que, al estar más lejos, se escuchaban menos y ya no perjudicaban tanto nuestra cotidianeidad. Respecto a los conductos de salida, nos respondieron que teníamos razón y que deberían hacerlos más largos o colocarlos en otro lugar”.
“Seguimos esperando a que lo hagan” y contó que “un día sin previo aviso” volvieron a instalar las máquinas “al lado de la pared de mi pieza”. Se dio cuenta “por cómo se escuchaban los ruidos”.
Al consultarlos, los dueños del comercio “nos dijeron que era porque los habían visitado agentes de la municipalidad y como no tenían habilitada la parte del garage, tuvieron que volver a colocar las maquinas donde estaban anteriormente”.
“Les pregunté qué solución me daban a mí y su respuesta fue que iban a comprar tacos anti-vibratorios, dado que como me había prometido anteriormente, planeaban llevarse las máquinas a otro lugar. ‘Me sale más barato construir otra pared o colocar placas anti-ruido donde están las máquinas, que habilitar esta parte (haciendo referencia al garage)’, dijeron los dueños. Me quedé con lo que me dijeron. Lo único que hicieron fue comprar los tacos anti-vibratorios, que debo reconocer atenuaban los ruidos y las vibraciones. Después de aproximadamente un año, de hablar, escuchar excusas, promesas y de que básicamente se nos rían en la cara, decidimos tomar acciones legales”, destacó.
“Pero fue uno de los mismos agentes quien nos dijo que ‘sabiendo quienes eran’ (refiriéndose a los vecinos), esa denuncia iba a quedar en absolutamente nada, dado que la persona tenía inmunidad política. Nos dijeron que también tenían denuncias en Bromatología, de las cuales eran notificados con anterioridad a que los visiten, para que puedan tener todo en condiciones al momento de que los agentes llegaran al lugar. ”, lamentó.
“Hace 3 noches que prenden las máquinas a la 1 de la mañana, por lo que nos vimos obligados a llamar a la policía, y se sienten impunes y ni siquiera les abren. Apagan las máquinas unos minutos hasta que se van. Y vuelven a prenderlas hasta las 6 o 7 de la mañana”, añade en otra parte del relato.
Los propietarios del comercio respondieron con una contradenuncia por abandono de persona del abuelo de la joven que contó el “calvario” que viven hace 10 años. La familia desmintió el abandono y volvió a reclamar que el comercio se adecue a la legislación vigente.

