
Por Luciano Gaich. La Unidad de Inteligencia Económica (EIU, según sus siglas en ingles), califica cada diciembre a 133 ciudades del mundo y compara el precio de una canasta de 138 artículos cotidianos en cada una. Para realizar este ranking se tienen en cuenta –por ejemplo-, el precio de la leche, el aceite para cocinar, el alquiler (atención a este ítem), los servicios y el transporte públicos, y la fortaleza (o debilidad) de la moneda local.
Trasladándolo a Argentina, sería una especia de Canasta Básica Total, en la que se considera, además de los alimentos, vestimenta, transporte, educación, salud y vivienda, de una población de referencia, pero siempre que esté por sobre la línea de indigencia.
Estos fríos números se obtienen mediante una ecuación, a partir de datos que maneja el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Y es muy lindo ejercicio intentarlo, siguiendo este planteo, para determinar si una familia –por ejemplo la propia- supera o padece la línea de pobreza. Nos instruye sobre cómo hacerlo, el propio INDEC:
* Se calcula la cantidad de adultos equivalentes para cada hogar, utilizando la tabla de equivalencias. Luego se multiplica dicha cantidad obtenida por el valor de la CBT (Canasta Básica Total) correspondiente a un adulto equivalente, de manera de estimar el valor de la CBT de cada hogar específico. Finalmente, para cada hogar, se compara el valor obtenido de la CBT respectiva, con el ingreso total de ese hogar. Si el hogar cuenta con ingresos suficientes para cubrir el valor de la CBT, entonces no es pobre. Si sus ingresos son menores al valor de la CBT, entonces ese hogar y las personas que lo integran no supera la prueba: son considerados pobres.
Pero volviendo al universo de la opulencia y el capitalismo exacerbado, repasemos la tabla de las ciudades más caras de planeta que elabora el influyente buró con sede en Londres.
En primer lugar como la ciudad más costosa del mundo para vivir aparece Hong Kong, ascendiendo al punto cumbre de la escala desde la quinta ubicación dos años atrás, es decir al inicio de la pandemia.
Le siguen Nueva York, Ginebra, Londres, Tokio, Tel Aviv, Zúrich, Shanghái, Guangzhou (China) y cierra Seúl.
Como podremos apreciar, no aparece ningún conglomerado ni de América Central, del Sur ni de África, y tampoco de Oceanía.
Paralelamente, Télam , la agencia de noticias oficiales de Argentina sitúa a Buenos Aires como la ciudad latinoamericana para vivir.
¿Pero a qué viene toda esta engorrosa introducción? A que este miércoles 29 de junio se debate la reforma de la ley de alquileres y se puso en agenda la ley de ética pública, como bien lo señala esta nota.
Entonces, volvemos al principio, en donde puede señalarse que el tratamiento de esta normativa aparece reñida con la denominada “ética pública” ya que quienes deberán reglamentar la ley son –en su mayoría- los mismos dueños de las propiedades disponibles en arrendamiento.
Hoy, desde la Federación Nacional de Inquilinos se rechazaron las modificaciones que pretenden implementarse, justamente, por estar hechas a medida “del mercado inmobiliario”. Fabiana Happel, representante de los locatarios, inclusive, advirtió que –de producirse estos cambios- los resultados serían “catastróficos”.
“Va a haber más aumentos de alquileres, más crisis habitacional en el país. “Es una irresponsabilidad que se vote esta reforma. Instamos a los Diputados a que no voten estas modificaciones y que la ley vigente continúe”, concluyó.
Santa Rosa, históricamente, ha sido una ciudad carísima; situación que nunca se colijo con las condiciones en que sus ciudadanos viven. Pero, últimamente, la situación ha empeorado significativamente, más allá de sondeos, encuestas pagas, propagandas de obras y mejoras.

