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Repudian a Milei por su promesa de eliminar la Educación Pública

24 abril, 2023
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El diputado provincial del Frente Justicialista Pampeano, Leonardo Fabio Avendaño, presentó un proyecto de resolución para repuidiar las expresiones del candidato a presidente neoliberal, Javier Milei.

El proyecto, dice:

Artículo 1.- Repudiar las expresiones de Javier Milei, Diputado Nacional de “La Libertad Avanza” y candidato presidencial, en contra de la educación pública y gratuita en nuestro país.




Una vez más, el diputado nacional de La Libertad Avanza volvió a manifestarse en contra de la educación pública y gratuita.   En este caso, no solo volvió a reivindicar el arancelamiento, sino que afirmó que, en caso de ser electo presidente, eliminaría el carácter obligatorio de la educación.

Esta no es la primera vez que Milei se refiere el tema, ya que el año pasado, en una entrevista en el canal La Nación+, el libertario las definió como «centros de adoctrinamiento», de una imposición de tendencia «marxista».

También pretende eliminar la gratuidad del sistema universitario, implementando un sistema de vouchers con el objetivo de no «dilapidar fondos» en sostener «estructuras” en las que «la gente no estudia».

Tampoco tiene una buena opinión del sistema educativo, señalando que el Ministerio de Educación es una cartera «sin escuelas» y que crea «adoradores de la religión del estado». Vamos paso a paso con sus argumentos y las refutaciones.

1- “Gratis no hay nada, no existe tal cosa como un almuerzo gratis, alguien lo tiene  que pagar. Hay que cambiar el sistema porque como está no funciona. Hay un Estado  fallido y podemos proponer métodos para que la educación se parezca al mercado”, sostuvo el candidato en la entrevista.

Por supuesto que nada es gratis y alguien lo tiene que pagar, pero si hay algo que distinguió a la Argentina es la gratuidad de los servicios educativos, inclusive la baja del arancelamiento universitario, en la época de Perón, que hizo a la universidad gratuita, fue una de las conquistas más importantes en toda Latinoamérica.

La gratuidad y la obligatoriedad tienen relación. Los dichos de Milei son disruptivos,  que no tienen la categoría de programa ni se pueden llevar a la práctica.

La Constitución garantiza el derecho a la educación gratuita y también tenemos una Ley Nacional de Educación que dice que la educación es un bien personal y social garantizado por el Estado.

Desde ahí se puede hacer una primera reflexión, que sería quizás la menos importante, exponerlo a Milei con la norma, aunque también la norma para algo se hace.

Pero también hay argumentos políticos, éticos e históricos.  La Argentina no es cualquier país, ya Belgrano hablaba de la educación a cargo del Estado, de acercar las escuelas a la gente, a los que menos tenían. Los caudillos federales impulsaron una educación para todos, incluso sectores con los cuales discutimos, como el roquismo o Sarmiento, en algún sentido inventaron el concepto de escuela.

Milei desconoce una historia profunda que tiene nuestro país, que relaciona a la política con la pedagogía y la democratización. Pero como estos personajes neoliberales no tienen historia, o al pasado no lo pueden exhibir porque es un pasado absolutamente vergonzante, para ellos pareciera que el país empezó hoy.

La Ley de Educación argentina, que estableció la educación gratuita, es de 1884 y Brasil abolió la esclavitud en 1888. Esas son las diferencias del país que tenemos.

Y después vino el yrigoyenismo y después el peronismo, que multiplicó por diez el presupuesto educativo y llenó la universidad, pasó de 40 mil estudiantes la universidad a casi 150 mil por la gratuidad.

2 – “Lo que tenés que hacer es repartir vouchers. Nadie se va a quedar sin educación si repartís vouchers”, sostuvo Milei.

La primera cuestión es cómo harían los padres para elegir escuela, porque no todas las familias están en iguales condiciones para elegir. Tomando un aspecto como la calidad, nos encontramos con que las personas tienen definiciones distintas respecto a lo que quiere decir calidad.

Lo que está proponiendo Milei es que lo regule el mercado, mediante la oferta y la demanda; esto inhabilita la responsabilidad del Estado y los acuerdos sociales que son indispensables para convivir, los acuerdos sobre cómo educar a las generaciones para el futuro.

Por ejemplo, las escuelas deben enseñar la Constitución y las leyes, pero Milei considera que esto ataca la libertad, con lo cual la idea de que con los vouchers cada familia pueda elegir cualquier escuela y que cada escuela pueda enseñar lo que decida –esa es la idea de libertad de Milei– implica que no solamente habría un retiro del Estado en la planificación educativa, sino que también afectaría a las escuelas privadas, en la medida en que las decisiones no serían tomadas por conducciones pedagógicas sino por la ley de oferta y de demanda del mercado.

3- “La competencia entre escuelas elevaría la calidad del sistema educativo”, dijo el candidato de La Libertad Avanza.

La competencia entre escuelas no produce un mejoramiento de la educación para el conjunto de la sociedad, sino una mayor concentración de la inversión educativa en los sectores más pudientes. Las escuelas no mejorarían sino que, tal como está ocurriendo en la sociedad neoliberal, habría una mayor concentración de la riqueza material y también de las posibilidades de adquirir la cultura en los sectores más ricos.

¿Qué competencia puede haber entre una escuela que tiene una relación docente alumno baja y otra que tiene 40 alumnos en un aula, o entre una escuela con edificios muy superiores con otra que no? Esta competencia sería altamente negativa no solamente para los sectores sociales bajos, sino también para los sectores medios.

4 – Sobre eliminar la obligatoriedad de la educación, Milei aseguró que “el sistema de la obligación no funciona” y blanqueó que para él la educación primaria y secundaria no deben ser obligatorias con una pregunta: “¿Vos estarías dispuesto a ponerle la pistola en la cabeza a la gente para que haga algo?”

No es verdad que el sistema de educación gratuito y obligatorio no funcione, pues los datos demuestran precisamente lo contrario.

En los últimos 40 años, en Argentina pasamos de 7 años de obligatoriedad a 14. Hace 40 años había un 60 por ciento de los chicos en sala de cinco y hoy son el 95 por ciento. Hace 40 años el 60 por ciento de los pibes ingresaban a la secundaria – ya entonces teníamos el problema de que egresaban mal, como ahora- mientras que hoy tenemos casi el 95 por ciento de los pibes en la secundaria. La obligatoriedad funciona -remarca-, tenemos una enorme cantidad de chicos que son primera generación de estudiantes secundarios. Si funciona la obligatoriedad, si los sectores más vulnerables pueden mandar a sus hijos a la escuela es porque hay un Estado atrás.

Un poco de historia…neoliberal

La idea de bonos escolares o “escuelas voucher” fue sostenida en los años ‘50 por el economista y padre del neoliberalismo, Milton Friedman. Uno de los fundadores de la escuela de Chicago que formó a los economistas de las dictaduras en Chile y Argentina y también inspiró las políticas de Reagan y Thatcher en los ‘80.

En 1955 publicó un ensayo titulado “El papel del gobierno en la educación”, donde desarrolla teóricamente los fundamentos de la liberalización de la educación en el mercado.

Esta repentina defensa de la libre elección escolar no es azarosa. Para 1954, producto de las enormes luchas de la comunidad afroamericana, la Corte Suprema de Estados Unidos declaró anticonstitucional la segregación en las escuelas en lo que se conoció como “el fallo Brown”.

Al año siguiente, en el trabajo fundacional de las “escuelas voucher”, Friedman afirmó estar en contra de la segregación, pero también se opuso a la “no segregación forzosa”. Y agregó que, si la educación depende del Estado, estas son las dos únicas posibilidades. No obstante, nos presenta una tercera vía, la del mercado, y sin tapujos escribe: “Las escuelas privadas pueden resolver el dilema, desarrollarse escuelas exclusivamente blancas, escuelas exclusivamente de color y escuelas mixtas. Los padres pueden elegir a cuál enviar a sus hijos” (Friedman, 1955).

Naturalmente, la segregación fue el principal motor para los primeros ensayos de aplicación, en algunos estados del sur de EE. UU., con los resultados previstos. Para dicha corriente la educación debía salirse de la esfera estatal para introducirse como mercancía en las normas del libre mercado de la “oferta y demanda”. El financiamiento de las escuelas dependería de la cantidad de estudiantes que asistan a las aulas. Además, Friedman argumentaba que los propios programas de educación debían también estar sujetos a la competencia y los incentivos del mercado, es decir que cada institución podía modificar sus planes de estudio para “atraer más alumnos”.

Una de las entrevistas más famosas que se le realizó es el documental Free tochoose que se emitió en la televisión pública estadounidense en la década de 1980. Allí, se define con claridad a las familias y estudiantes como “clientes” y los docentes “quienes deben desempeñarse en dar un mejor servicio”.

Traduciendo. La educación deja de ser concebida como un derecho social para transformarse en una posibilidad de consumo individual. Se descentraliza el sistema educativo, y se incentiva la creación de escuelas privadas. Estas últimas acrecientan su nivel de lucro ya no solo obrando una cuota a las familias sino mediante sus “vouchers” subvencionados.

Esto conlleva a una mayor segregación de la comunidad educativa según su condición social. Se cristaliza un sistema educativo dual con un sector público cada vez más degradado y un sector privado donde concurren los hijos de los sectores más acomodados de la población (y franjas de los trabajadores con mejores salarios).

Lejos de libertad de elección, es libertad de lucrar con la educación.

De más está decir que a la docencia se le plantea ser “rentable” respondiendo a las demandas individuales de los consumidores, y que sus derechos dependerán del dueño de una u otra institución educativa y, por ende, de su “contratación”. La competencia mercantil deja terreno libre a que los dueños de una institución sean los que definan el contenido pedagógico, que no será en función del conocimiento científico vigente, sino que estará atado a ser “atractivo” para el “consumidor”.

Varios países han implementado sistemas de educación «voucher» al mismo tiempo que han privatizado sus estudios superiores. Chile, Suecia, algunos estados de EE. UU., Colombia y un puñado más de países que optaron por este sistema. Pero, analicemos algunos resultados de su aplicación práctica.

Chile, con clara influencia de los “Chicago boys”, implementó un sistema de educación “voucher” en la década de 1980. La reforma educacional de privatización regulada por la relación entre “oferentes” y “demandantes” fue desmantelando progresivamente la educación pública. Según cifras publicadas el 2011, Chile es el país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con mayor segregación socioeconómica a nivel escolar.

Uno de los motores que impulsó la rebelión popular de 2019, fue precisamente el rechazo contra la educación de mercado, aspecto clave de la herencia de la dictadura. “No son 30 pesos, son 30 años”, fue la consigna que movilizó a millones en el 2019 contra la herencia pinochetista.

Otro ejemplo es Suecia. Su implementación fue en 1992, cuando se descentralizó el sistema educativo pasando a estar bajo la órbita de las provincias o comunas. Hasta esa fecha, las escuelas dependían exclusivamente del estado y ostentaba junto con Finlandia los índices educativos más altos del mundo.

Con la llegada de los vouchers no solo aumentaron en cantidad y matrícula las escuelas privadas con fines de lucro y confesionales, también se conformaron verdaderos conglomerados de empresas dedicadas a la educación. “Franquicias” de escuelas, como la más importante de Suecia llamada Academedia, obtuvieron un ingreso de casi mil millones de dólares en 2017. Sin embargo, luego de casi dos décadas de la implantación de los bonos escolares, Suecia se encuentra hoy por debajo de la media europea en índices educativos.

Este gigantesco salto hacia atrás se verifica también en la segregación provocada por el sistema de vouchers, que provocó una diferenciación marcada entre “escuelas de nativos” y “escuelas de inmigrantes”.

Ninguna “empresa educativa” está dispuesta a “incurrir en costos” por los que no obtienen beneficios, nivelando hacia abajo las escuelas en barrios humildes, y aumentando la oferta en sectores con poder adquisitivo alto.

Si se elimina la obligatoriedad no hay más chicos en las escuelas. Una de las funciones principales del Estado es garantizar que la educación se cumpla, para eso necesitas de su poder coercitivo, que en este caso para mí es un poder utilizado para armonizar, en función de poner a todos los jóvenes en la vida escolar, que es la única carga que tiene un joven, la de ir a estudiar y disfrutar de su juventud.

El célebre ‘Teorema de Baglini’, que sostenía que las declaraciones de un político serán más disparatadas o irresponsables cuanto más lejos esté del poder, encuentra en el libertario Javier Milei a una de sus excepciones.

Es cierto que aquella afirmación del diputado radical, hecha en 1986 en un marco en que se debatía justamente la deuda eterna, ha ido mutando con los años, pero debe admitirse que eso de que «más cerca del poder los candidatos se volverán más sensatos y razonables», no tiene justamente en el líder de La Libertad Avanza a uno de sus cultores.

Porque las encuestas muestran a Milei cada vez más cerca de poder llegar al poder, pero sus afirmaciones crecen en virulencia. Así lo demuestran sus dichos en relación a que en su hipotético gobierno «la educación dejará de ser gratuita y obligatoria», negando además que «se trate de un derecho».

Lo que propone Milei es un sistema de negación de derechos, discriminación y exclusión de los sectores populares.

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