
El abogado Ricardo Cheli envió una nota de opinión sobre la persecución judicial y la proscripción a Cristina Fernández y su decisión de no presentarse a los comicios nacionales en este 2023.
Además, remarcó la necesidad de que “el Frente de Todos sea capaz de modo colectivo, de armar un proyecto, -ni siquiera revolucionario, pero si de evolución innovadora y sustancia soberana- fundado en las necesidades del pueblo, podrá afrontar el desafío de gobernar el país. Para eso deberá confrontar con la alianza económico-financiera, mediática y judicial y “poner en caja” a los poderes que hoy se apropian de la riqueza y obstaculizan su distribución”.
La nota completa a continuación:
«Haré todo lo que tenga que hacer para lo que considero es lo mejor que les puede pasar a los argentinos, les pase»
Cristina Fernández de Kirchner, según mi comprensión de textos, en las próximas elecciones no será candidata a ningún cargo electivo, y el justicialismo, cuanto antes pueda superar ese desconsuelo, mayores serán las chances de evitar que este ciclo electoral lo precipite al abismo. La dificultad que encuentran algunos dirigentes que, desde hace más de una década construyen su identidad en función de su liderazgo, para comprender una instrucción tan sencilla y expresada de forma tan contundente, acaso pertenezca a un terreno más vinculado al amor y afecto que sienten por ella, pero que no deja de ser intensamente político.
Porque, incluso, disminuida por la persecución mafiosa judicial y de la oposición, con un intento de asesinato mediante y casi cuatro años de convivencia ineficaz en el poder, es de toda evidencia que conserva la centralidad en el universo peronista y de quienes militan en el campo popular y nacional y, porqué negarlo, también en toda la política nacional.
Su respuesta al clamor popular ha sido consecuente con su posición reiterada ante un tribunal de impresentables jueces, en su exposición en la Universidad Nacional de Río Negro, en el Teatro Argentino de La Plata y recientemente en el canal de TV C5N.
Ahora, el 25 de Mayo, ante una multitud de millones de militantes que aguardan un giro transformador que cambie su actual voluntad forzada por los acontecimientos, es casi imposible que lo revierta seguramente lo ratifique, como ya lo ha expresado clara y precisamente. Porque su decisión no se vincula con lo personal. sino que entiende que debe preservar al movimiento nacional justicialista que podría quedar desnudo de candidatos y como consecuencia, evitar una potencial pueblada que causaría más daños a nuestra Patria hiriendo de muerte al sistema democrático.
Por eso, sólo por eso, ella se abstiene de cualquier ilusionismo popular. De todos modos, el operativo clamor que también ocupó las energías de gran parte de la dirigencia peronista y de quienes forman el arco político del Frente de Todos, fue valioso para contener, primero, y luego revertir, la dispersión que siguió al primer mensaje de la vicepresidenta renunciando a candidaturas.
En cambio en cada una de esas oportunidades, con palabras y datos concretos, revive el pasado virtuoso de los gobiernos kirchneristas y reivindica su decisión histórica de conformar un espacio político lo más amplio posible, más allá de las apetencias personales de los dirigentes más relevantes del Frente. En las elecciones del 2019, con las misma consigna, el objetivo fue derrotar al modelo neoliberal y su ruinosa economía que condujo al macrismo a tomar un préstamo impagable. Ahora la vara parece estar más baja, tratando de sostener consensos democráticos, porque el riesgo, hoy, es el de una crisis sistémica que termine de llevarse los vestigios de la maltrecha democracia.
Desde su visión de estadista, casi exclusiva de CFK entre los políticos de hoy en Argentina, observa la situación que padecen también los países vecinos de América del sur, que están al borde de la licuación de sus sistemas democráticos, como Chile, Perú, Bolivia, Ecuador y el propio Brasil, donde Lula pocas horas después de asumir, vio peligrar su gobierno por acción de la derecha bolsonarista, situación que aún no le ha permitido enderezar políticamente el barco que lo lleve al destino progresista que pretende y fue bandera de su plataforma electoral.
En Argentina y en esos países, los poderes económico-financieros, mediáticos y judiciales en alianza cipaya, sólo constituyen una pequeña minoría, pero son muy poderosos frente a democracias endebles, y así operan para debilitaras aún más, sustituyendo las decisiones de sus respectivos poderes ejecutivos y legislativos. Sus voceros inficionan las instituciones de representación popular, las despojan de todo peso político y las dejan inermes, impidiéndoles tomar medidas estratégicas imprescindibles para cumplir con un programa de control soberano de sus economías.
El encadenado de apariciones de Cristina -de la UNRN, del Teatro Argentino de La Plata y en el canal C5N, y de ahí a la Plaza de Mayo- busca darle orden al caos que se respira entre la militancia y la dirigencia peronista y en particular kirchnerista. Ante esa fragmentación política, que dificulta la conformación de una hegemonía, la Vicepresidenta, convoca a lograr consensos mayoritarios para poder gobernar. La dificultad reside en que si bien esa mesa no tiene sentido sin ella, más que cualquier otro dirigente, toda vez que representa a un tercio del país, al mismo tiempo reconoce que su presencia en la misma, complicaría la posibilidad para que las conversaciones resulten conducentes. Eso no significa que de un paso al costado, lo sostuvo cuando expresó “los que están pensando que me voy a dedicar a cuidar a los nietos, mejor que se olviden” ni la inhabilita para actuar políticamente, sino que la potencia para perfilar un programa de gobierno que se ajuste a un candidato que defienda, y en definitiva, encarne las mismas ideas.
¿Quién puede ser esa persona? Hay quienes leyeron, en sus discursos previos al reportaje en C5N, el anticipo de un apoyo a la candidatura del ministro de Economía, Sergio Massa atada a una suerte de pliego de condiciones; otros luego piensan en Axel Kicillof, pero después de la clara exhortación que hiciera en C5N, a que quienes deben tomar “el bastón de mariscal”, puntualizó que deben ser “los hijos de la generación diezmada en los setenta los tomen la posta». Seguramente estas sugerencias, no implican que en el Acto del 25de Mayo CFK “bendiga” un candidato, aún no es tiempo para ello y quizá no lo haga nunca explícitamente, porque la propuesta de Fernández en el 2019 respondió a un contexto político diferente, y ahora atravesamos un momento histórico distinto, luego de las dos crisis pandémicas, la financiera con el FMI y del COVID, más los efectos de la guerra Ucrania/Rusia y los de la pérdida de cosechas.
Cristina conoce al dedillo, que el peronismo pudo construir hegemonía y convertirse en un instrumento de transformación del país cuando supo sintonizar con las épocas que le tocó gobernar. Lo hizo Perón en la década del 40, cuando supo leer el mundo de posguerra y el lugar que tenía la Argentina en ese mundo, instaurando un modelo económico sobre la base de la soberanía política y la justicia social. Y pasó, después de 55 años, cuando Néstor Kirchner en 2003, entendió que después de la gran crisis a principios del siglo, la música de esa época era la que llegaba del Brasil de Lula y de la Venezuela de Chávez y que estaba empezando a repicar en toda la región. Y a partir de la sintonía con sus pares, que cuajó en 2005 en el rechazo al ALCA, logró nuevamente un proceso de hegemonía que duró casi un lustro y continuó con CFK dos períodos más.
Obviamente cada uno de estos procesos transformadores, con sus más que con sus menos, culminaron con una dictadura militar feroz, la proscripción de Perón y su obligado exilio y 18 años de exclusión del peronismo para participar en las elecciones, y luego de un breve interregno del 73 al 76, seguido del golpe genocida, cívico, militar, religioso. Y el del Kirchnerismo con el advenimiento del neoliberalismo cipayo, antecedido de un golpe mediático y hoy, blandiendo el lawfare contra sus más relevantes dirigentes. En ambos casos con la clara y manifiesta intención de eliminar de la faz de la tierra, al justicialismo peronista, único movimiento capaz de dar la batalla política soberana por la transformación con desarrollo industrial, promoviendo el mercado interno e incluyendo a las grandes mayorías en el reparto de la riqueza nacional.
Por eso mismo, porque ella no solamente pertenece a ese paradigma, sino que es en gran parte su autora y en la actualidad su ícono excluyente, es que no puede ponerse al frente de la construcción de una nueva hegemonía cuando en La Plata dijo “yo ya di todo lo que tenía que dar” y promueve la aparición de un nuevo liderazgo, que abreve de las mejores versiones del peronismo, así como el kirchnerismo lo hizo con el originario.
Está claro que, en tanto el Frente de Todos sea capaz de modo colectivo, de armar un proyecto, -ni siquiera revolucionario, pero si de evolución innovadora y sustancia soberana- fundado en las necesidades del pueblo, podrá afrontar el desafío de gobernar el país. Para eso deberá confrontar con la alianza económico-financiera, mediática y judicial y “poner en caja” a los poderes que hoy se apropian de la riqueza y obstaculizan su distribución. Parafraseando a Nicolás Lantos en un Nota publicada 2l 20/5/23 en el Destape, “si logra convencer a la sociedad de que puede llevarlo a cabo, si muestra vocación de poder y deja de recostarse en el rol de víctima, si logra proyectarse, en fin, como el instrumento de las mayorías para transformarlo todo, la victoria estará más cerca. El peronismo, hoy ya, no tiene que enfrascarse en ganar la elección, sino que debe prepararse para volver a gobernar”.
*Ricardo Víctor Cheli
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