
El abogado Ricardo Cheli envió a Plan B una nota de opinión sobre el acto realizado el 25 de mayo en Buenos Aires por la vicepresidenta Cristina Fernández.
En su nota, Cheli destaca “la centralidad de Cristina” y recuerda que la batalla cultural continúa. “El kirchnerismo, como expresión genuina de lo mejor del peronismo, plantea algunas pistas para salir de este atolladero, que se pierden, con alguna excepción, en la vorágine informativa de esos grandes medios, enfrascados en generar la agenda diaria de exacerbar el odio, el resentimiento, el desánimo y pérdida de confianza en la democracia”.
Además plantea la necesidad de “articular un amplio Frente (con otro nombre quizás, porque la marca del Frente de Todos está gastada y es una etapa concluida) entre los dirigentes que apoyan y se sientan encarnados con este modelo de país inclusivo, provengan de donde provengan; no es hora de encerrarse en círculos, sectarismos o personalismos, sino de ampliar al máximo las posibilidades de congeniar un programa y de construir una organización política, que nos haga, no sólo soñar nuevamente con la posibilidad de un país más digno y más justo, sino de hacerlo. El pueblo lo reclama y lo aceptará en las urnas”.
La nota completa, consigna lo siguiente:
Desde la aparición del Peronismo, que vino a romper el orden demoliberal burgués del conservadurismo, se dijo que se trataba de una anomalía de la política nacional, y que estaba destinado a desparecer. Y uno de los primeros en vaticinarlo fue el Partido socialista alegando que el Justicialismo que carecía de doctrina e ideología que ellos si tenían. Pero no trepidaron en aliarse al imperialismo en la Unión Democrática contra Perón en su enfrentamiento con su representante, el embajador yanki Braden. O sea, entre Patria y Colonia, optaron por esta última. Este partido también fue el que batió la frase: “que se acabe la leche de la clemencia”, cuando los fusilamientos de José León Suárez, efectuados por el dictador Aramburu, preludio de lo que vendría después.
Las diferencias entre Lonardi y la dupla tiránica de Aramburu-Rojas, era si había que aceptar y mantener las conquistas sociales efectuadas durante la década 1945/55, o directamente suprimir de la faz de la tierra al peronismo y su ideología doctrinaria. La respuesta fue la persecución, encarcelamiento de sus dirigentes y militantes, prohibir su nombre mediante el decreto 4161 de marzo/56, fusilar, proscribir, etc. Después intentaron su integración mediante la política fondizista, así como el neoperonismo, (el peronismo sin Perón de Vandor). Luego, el dictador Lanusse se propuso integrar un sector dócil del peronismo al Gran Acuerdo Nacional. Cuando falleció Perón también dijeron “muerto el perro se acabó la rabia”. Así les fue.
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Otro capítulo, fue el de la dictadura militar de 1976, que no solo produjo un genocidio” sino que cambió la matriz productiva. Así, pasó a la de la renta financiera del capital. El rompimiento con la política de sustitución de importaciones, no fue por agotamiento histórico, sino por decisión de las clases dominantes, cuya figura máxima era Martínez de Hoz. De esa matriz especulativa, todavía no hemos podido salir. Endeudar y fugar era el axioma que guiaba, y aún guía, a los grupos oligopólicos nacionales y extranjeros.
La historia se repitió, cuando falleció Nestor Kirchner y luego de la derrota del 2015. Antes fue el menemismo el que intentó integrarlo mansa y subrepticiamente, al sistema capitalista financiero mundial, cuando bajo el nombre del peronismo se aplicaron las más nefastas políticas neo liberales, cambiando los ejes de la doctrina y, a fuer de ser sincero, casi lo logra. Este gobierno produjo desastrosos cambios estructurales en la economía, que continuó con el gobierno de la nefasta Alianza de De La Rúa y que todavía sufrimos, por supuesto, contrarios al pueblo y a la Nación. Por eso es una falacia lo de “los 70 años de peronismo”.
A esta altura de las cosas, considero que es imposible cualquier diálogo con esos sectores neoliberales, retrógrados, negativistas y odiadores, que pretenden volver a una Argentina arcaica pastoril y con la mayoría del pueblo excluido de los derechos básicos. Los más temerarios hasta proclaman que harán una reforma Constitucional para eliminarlos. Para lograrlo, están creando un proceso hiperinflacionario, que en verdad es un aumento deliberado de los precios, para obligar al gobierno a devaluar y realizar ajustes, dentro de un contexto de caos e inseguridad, para que aceptemos cualquier cosa, que seguramente no será otra que un feroz ajuste, devaluación cambiarla, aumento de tarifas, eliminación de subsidios y gastos sociales, recortes en educación y salud, reforma laboral y previsional regresiva, redistribución negativa del ingreso nacional y alineamiento incondicional con Estados Unidos. Lo peor es que cuentan con todos los medios económicos, financieros y culturales, en este caso los medios hegemónicos de comunicación social y un sector del poder judicial formando una alianza de poder dominante.
Cristina Fernández de Kirchner, ha recuperado su centralidad, no solo en el peronismo, sino en todo el espectro político. Nadie hoy moviliza lo que ella moviliza. Nadie recibe ese amor incondicional. Cabe pues una mejor y mayor organización si de verdad se quiere vencer a esta derecha neoliberal fascista. Pero debemos tener claro, los enamorados/as ya estamos enamorados. Estamos en plena batalla cultural, y el kirchnerismo, como expresión genuina de lo mejor del peronismo, plantea algunas pistas para salir de este atolladero, que se pierden, con alguna excepción, en la vorágine informativa de esos grandes medios, enfrascados en generar la agenda diaria de exacerbar el odio, el resentimiento, el desánimo y pérdida de confianza en la democracia.
En el acto del 25 de Mayo, la Vicepresidenta no plantea nada utópico, inasible. No dice, siquiera que hay que romper con el FMI, pero sostiene enfáticamente que hay que revisar el acuerdo y atar el pago a un porcentaje al superávit comercial. ¿Imposible, descabellado? De ninguna manera, ya lo hizo algún país deudor y lo proponen varios líderes del mundo (como el propio Lula recientemente) y además es lo que hizo Néstor Kirchner cuando reestructuró de forma exitosa la deuda que otros habían defaulteado en el año 2001 y ató el pago del cupón al crecimiento del PBI de nuestro país. Seguir pagando así como está, será imposible sino es a costa del hambre y el sufrimiento del pueblo. Como ha dicho Cristina, estos temas tendrían que estarse discutiendo en la política argentina y sin embargo no es así.
Sabido es que ella, no agrada a todos los oídos, por distintas causas que no cabe analizar aquí ahora, pero nadie puede negar que es la única dirigente que plantea todo dentro de un contexto histórico político y está proponiendo alternativas, instando un pacto de unidad nacional, para enfrentar esa negociación y la alianza con otros países para salir del cerco del FMI. Pero evidentemente con ella sola no alcanza. Ya se dijo una vez: “con Cristina no alcanza, sin ella no se puede”.
Por eso es hora ya, de articular un amplio Frente (con otro nombre quizás, porque la marca del Frente de Todos está gastada y es una etapa concluida) entre los dirigentes que apoyan y se sientan encarnados con este modelo de país inclusivo, provengan de donde provengan; no es hora de encerrarse en círculos, sectarismos o personalismos, sino de ampliar al máximo las posibilidades de congeniar un programa y de construir una organización política, que nos haga, no sólo soñar nuevamente con la posibilidad de un país más digno y más justo, sino de hacerlo. El pueblo lo reclama y lo aceptará en las urnas.
De todos modos, no somos inocentes, ni de optimismo desmesurado, ni desconocemos el poder del enemigo del pueblo y sus adláteres, entonces hay que ir pensando que hay prepararse, también, para la resistencia y eso es otra cosa. El movimiento nacional tiene ciclos de flujo y reflujos, pero es una constante en nuestra historia. Tarde o temprano resurge, bajo el mismo o bajo otro nombre u otra figura o liderazgo. Pero sin organización popular no será posible. Arrepentirse en política siempre es tarde y no sirve. No hay que desperdiciar esta oportunidad histórica. Todavía estamos a tiempo.
*Ricardo Víctor CHELI

