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Análisis de las elecciones provinciales desde 1983: “Las alquimias del Justicialismo pampeano”

11 junio, 2023
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El Partido Patria Grande La Pampa publicó un estudio sobe la performance electoral del oficialismo y la oposición en La Pampa desde 1983.  Bajo el título Las Alquimias del Justicialismo Pampeano 40 años de Democracia la fuerza política difundió en sus redes sociales un documento para la discusión política del Frente Patria Grande La Pampa, realizado por Martín Malgá y Marcos Aldaya.

 

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El documento, completo, dice:

El presente análisis intentará por sobre todas las cosas generar un debate sobre el comportamiento electoral en estos últimos 40 años de democracia pampeana, haciendo eje en determinadas variables que entendemos son claves para la comprensión de la lógica de la política regional. Para esto utilizaremos como principal insumo el análisis descriptivo de los datos que arrojaron las diferentes contiendas desde el retorno de la democracia hasta el corriente año, teniendo como referencia las coordenadas sociales, políticas y económicas de los actos eleccionarios elegidos. Aclarando también que sólo se referirá a la categoría de Ejecutivo Provincial de cada elección.

Comenzaremos analizando las últimas dos elecciones a los efectos de intentar dar respuesta a dos preguntas:

¿A dónde se fueron los 11.000 votantes que perdió el FreJuPa?, y ¿de dónde JxC atrajo las 20.000 personas que le permitieron perforar su techo?

A partir de esto se brinda un análisis comparativo de los “mejores” rendimientos del Radicalismo y sus aliados, siguiendo con un elemento considerado clave como es el de la conformación de pisos de las dos principales fuerzas políticas pampeanas, intentando explicar la relación existente entre estas cifras de base y los resultados porcentuales de votos válidos que luego arrojaron las urnas.

Como suele decirse, “La Pampa es peronista”, porque, desde la vuelta de la democracia, el PJ ha ganado de la forma que ha sabido hacerlo, lo novedad, con respecto a estas últimas elecciones, es que la 2da fuerza ha perdido como nunca, es decir, por un escaso margen de diferencia.

Tabla de resultados en votos válidos de las primeras dos fuerzas, porcentual, bruto,
diferencias por elección y promedios, 83/23.

Si bien cada contienda electoral debe ser analizada en su contexto, los números también hablan, la segunda fuerza histórica en la provincia, UCR y aliados, en la última elección, rompió su techo histórico y achicó más que nunca su diferencia con el P.J. y sus aliados, sólo 5 puntos.

Tomando como referencia el corte histórico de la 1era y 2da fuerza en el cuadro, vemos que la diferencia mínima entre las primeras dos fuerzas, excluyendo esta última elección, se produjo en la contienda del año 1983 con un resto de 8,82% (41 a 32), mientras que para la máxima diferencia histórica el número asciende a casi 30% (50 a 21) en votos válidos del año 1995. Partimos de la hipótesis de que, si bien el oficialismo no ha conseguido repetir la elección de 2019, eso no explica por sí mismo el crecimiento histórico de la oposición, logrando esta diferencia mínima histórica que mencionamos. Comparemos entonces 2023 con 2019:

Existe una tentación a caracterizar este escenario como «polarizado», y algo de cierto hay en ello. Sin embargo, y siendo rigurosos, la polarización política también implica un grado considerable de distancia ideológica entre las dos principales fuerzas, a tal punto que los acuerdos entre las mismas se hacen cada vez más difíciles a medida que endurecen sus posturas, llegando, en algunos casos, a afectar la gobernabilidad.

Diremos entonces que, en La Pampa, la distancia ideológica entre los dos principales partidos existe, pero no al grado tal de afectar el sistema de partidos, la gobernabilidad o los acuerdos legislativos. Adelantando algunas conclusiones, diremos que este escenario de polarización en los números implica, entre otras cosas, un crecimiento histórico de la 2da fuerza. Como ya se dijo, en esta elección el aumento considerable del caudal de votos de la 2da fuerza no es explicable, al menos en su totalidad, a través de la “pérdida” de votos de la 1era fuerza.

Para comenzar a describir a dónde se ubican esos 10.455 votos, (diferencia entre los 107.653 votos que representaron 50,03% en el año 2019, y los 97.198 votos que representaron un 44,64% de votos válidos del año 2023) que el Fre.Ju.Pa. no recibió en esta contienda, digamos que la lógica indica el análisis de las demás fuerzas políticas. En este caso, la 3er fuerza (Comunidad Organizada) mantuvo su caudal con respecto a las elecciones del año 2019 (alrededor del 6,7%). No obstante, se observa que en el 2019 las fuerzas restantes (5 partidos), incluyendo los votos en blanco, lograron sumar un 19,7% de los votos, 42.539, mientras que en estas últimas elecciones las fuerzas que no lograron acceder a los 2 primeros puestos fueron menores, tanto en número de partidos (4), como en caudal de votos, sumando también los votos blancos a ese número inicial, reúnen el 15.8% de los votos válidos, 34.555. Es decir, en 2023 hay un 3.9% de los votos válidos (más de 10.000 votos) del electorado que no optó por las primeras dos fuerzas, como sí lo había hecho en las elecciones del 2019, corriéndose, según la tendencia, hacia la segunda fuerza.

Volviendo a los datos, y como se mencionó más arriba, este movimiento en los votantes que se intentan explicar no basta para responder la segunda pregunta planteada en este trabajo “¿de dónde sacó” JxC los 20.000 votos que le permitieron perforar su techo?” Por lo mencionado, si nos proponemos realizar un análisis razonable de estos últimos datos electorales, llegamos a la conclusión de que los 20.865 votos conseguidos por Juntos por el cambio se componen de la siguiente manera:

10.567 Electores que no optaron por el resto de las fuerzas, de 3ero en adelante, que como ya dijimos, son fuerzas que cambian en cantidad y en características: Comunidad Organizada perdió 779 votos, Movimiento Socialista de los Trabajadores con más aliados en 2023 (PO y PTS) ganaron 1.316 votos de una elección a la otra, Desde el Pié ganó 220 votos entre elecciones, pero tenemos 3 fuerzas ausentes que en 2019 reunieron 13.473 votos: Pueblo Nuevo 7.056, Partido Socialista 3.811 y Frente Popular Pampeano 2.606 que pueden explicar esta merma de 10.567 en la sumatoria).

10.455 Diferencia del Fre.Ju.Pa de 2019 a 2023, lo que perdió en términos netos (las consideraciones de esto es lo que se discute hoy, lo que se podría categorizar de diferentes formas ya que son contextos muy distintos, luego nos ocuparemos).

2.483 Nuevos votos en blanco, la diferencia entre los 11.090 votos blancos de 2019 y los 13.557 de 2023.

2.426 Nuevos votos válidos de una elección a la otra, la diferencia en la participación entre los 215.182 votos válidos de 2019 y los 217.608 de 2023.

Pasando en limpio, una posible cuenta de estas diferencias: Si sumamos los 10.567 votos que no optaron por el resto de las fuerzas, de 3ero en adelante, más 10.455 que no eligieron al FreJuPa en esta elección, respecto de 2023, más los 2.426 votos válidos que se sumaron a estos últimos comicios, el resultado es de 23.488. Si a ese número le descontamos los 20.865 votos que sumó el Frente Juntos por el Cambio tenemos los 2.583 votos blancos que se sumaron en 2023 respecto de 2019.

Entonces digamos que estas diferencias podrían darnos una idea aproximada de la proporción y el origen de los nuevos 20.865 votos de JxC. Podemos resumirlo arriesgando la siguiente afirmación: Una mitad de lo que incrementó el Frente Juntos por el Cambio fue sumando “nuevos” aliados y el hecho de que las demás opciones (de 3ero en adelante) no lograron involucrarse en la disputa (la polarización en números). La otra mitad, de lo que sumó de 2019 a 2023, son electores que en 2019 votaron al FreJuPa, no siendo así en las elecciones del año 2023 .

Vale decir que no estamos en el mismo contexto que en aquel del año 2019. Principalmente, porque las mismas estuvieron signadas por la culminación de la experiencia macrista a nivel nacional, dando resultados electorales para la provincia altamente positivos, marcados por una esperanza de reconstrucción, un Frente pionero a nivel nacional que reunía Verna, interpretando que, sumando aliados, podía aumentar votos a su piso histórico conteniendo fuerzas que contaban con diferente cantidad de experiencia y volumen electoral que hoy integran las cifras del FreJuPa, pero que en otras elecciones como veremos más adelante repartieron sus votos. Juntos Por el Cambio con un gran costo, e interna mediante, consiguió ampliar su frente y como dijimos “en parte” seguro le sumó.

Antes de continuar vale una aclaración, todo el cálculo anterior es especulativo y se basa en tendencias, ya que puede haber votos cruzados en todas direcciones, por ejemplo; nuevos votos blancos que vienen del FreJuPa o de otras fuerzas y que no fueron a JxC, o votos de FreJuPa que fueron a otro espacio y de ese espacio a JXC etc. Es decir que en los resultados simplemente vemos una foto que podemos describir cuantitativamente y mediante la cual se elaboran hipótesis, según se reflejan las distribuciones de los votos en estos dos momentos consecutivos.

Podemos decir que, si vale la comparación, estas elecciones de 2023 son más parecidas a otras que a las de 2019. 2015 sin ir más lejos fue una elección que ganó el PJ por poco más de 10 puntos de diferencia con la segunda fuerza, pero con una cantidad de votos muy similar a las recientes elecciones, 97.000 aprox.

De hecho, en estas elecciones de 2023 el FreJuPa. obtuvo solo 130 votos más que en 2015, con la particularidad de que en esta elección hubo menos votos válidos que en 2015. Fueron 223.090 en ese entonces y 217.608 en 2023, es decir tenemos 5.482 votos válidos menos.

Primero se puede ver que el color amarillo que marca la tercer fuerza es casi el mismo caudal de votos en estas tres elecciones, pero el dato es que, no es la misma fuerza, ha ido mutando y estas fuerzas no se han medido juntas en 2015 y 2023, solo en 2019, en 2015 es Pueblo Nuevo el tercero, la Fuerza del pastor Robledo que no dijo presente en estas elecciones. En 2023 el tercer lugar, ya hemos dicho que se ubicó Comunidad Organizada y son también quienes no estuvieron presentes en las elecciones de 2015, ya que su Dirigente Juan Carlos Tierno cumplía una condena de inhabilitación para el ejercicio de cargos públicos, luego de ser destituido por el pueblo y fuera encontrado culpable del delito de abuso de autoridad en su gestión a cargo del Municipio de Santa Rosa llegando de la mano de la lista 502.

Lo segundo que hay que decir es que en 2015 y 2023 hay alrededor de 16.000 votos que votaron de la cuarta fuerza hacia abajo en la tabla. En 2019, aproximadamente 18.000, es decir una dispersión similar.

Lo tercero que hay mencionar es que los votos blancos ocuparon un rol importante en 2015 fueron 10.000 votos más que Robledo como tercera fuerza. Son considerablemente más altos que en 2019 (casi el doble) y fueron casi cuatro veces y media más que en 2023. Es decir estas personas que votaron Blanco en 2015 fueron encontrando una opciones electorales y no necesariamente la misma en 2019 y 2023. ¿El llamado voto independiente? Sostengan está pregunta hasta que nos ocupemos de los blancos sobre el final.

Para ahondar en este tema, sugerimos observar el último gráfico de este trabajo (pág. 19) donde se aprecia el comportamiento de los votos que no van al justicialismo. Busquemos entonces elecciones similares entre “las mejores” elecciones del radicalismo para intentar identificar características o patrones del comportamiento electoral que ayuden al entendimiento desde una perspectiva que rescate elementos del contexto político-económico y social y que ubique al radicalismo con buenos caudales en votos brutos independientemente de la diferencia porcentual.

Las “mejores” elecciones del radicalismo pampeano 87, 99 y 23.

Apartándonos de la frialdad de los números, que no explican ni el porqué, ni bajo qué circunstancias se dan las decisiones electorales que toma nuestra población, comencemos a analizar brevemente las elecciones del año 1987 en la cual la UCR se expresó con un 40,65% de los votos válidos a su favor, con un Alfonsinismo en gestión y en un proceso en lo político-social complejo, sufriendo la herencia económica del liberalismo militar, con el levantamiento carapintada, el histórico “la casa está en orden” y la aprobación de la ley de “Obediencia debida”, todo en el mismo año. A la vez un proceso inflacionario en curso que comenzaba a mostrar las fisuras del Plan Austral y los compromisos de pago de deuda externa que licuaban el superávit de los primeros años de aquel gobierno.

Otro ejemplo electoral, similar en los números, a este 40 y tanto porciento de votos que el radicalismo cuenta por estas horas, fue en el año 1999 cuando alcanzó un 36,39%, otra contienda polarizada, con la victoria en el plano nacional de La Alianza que destronó al P.J. luego de 10 años de neoliberalismo menemista y sus consecuencias. Se presentaba así una realidad de creciente desocupación por la apertura desregulada de importaciones, las medidas económicas hijas del endeudamiento que nos dejó la convertibilidad y una economía que comenzaba a retraerse.

Podemos decir que estas tres son las “mejores” elecciones del radicalismo y sus aliados, 87, 99 y 23. ¿El famoso “cuanto peor mejor”? Después del neoliberalismo y del ajuste viene lo peor. En estas últimas elecciones las urnas expresan la crisis e incertidumbre por la que está atravesando el país. En este sentido, por más que se desdoblen como hoy, el contexto nacional recae también sobre los gobiernos provinciales, al menos en su generalidad, como lo veíamos en las elecciones del 87 y 99. Independientemente del color político de la gestión nacional, los efectos llegan a la provincia, dicho mejor, desde una perspectiva popular diremos “la gente vota con el bolsillo”.

Ahora, ¿en qué se parecen estas elecciones entre sí respecto de los datos duros?En el año 1987 la tercera fuerza, “Convocatoria Independiente”, una fuerza de derecha liberal, acumulaba el 1,99% y la 4ta 1,47% “Movimiento de Integración y Desarrollo”, fuerzas asociadas entre ambas que sumando las 4 fuerzas restantes que se presentaron lograban menos del 4,7% del electorado. En el año 1999, 1,92% de los votos reunía Acción por la República (el partido fundado por Domingo Cavallo) como tercera fuerza y 0,76% Pueblo Unido y PSA, tercero y cuarto, respectivamente, si a eso le sumamos los otros dos contendientes, alcanzaban el 3,5% de los votos válidos. En las elecciones de 2023, las peores de “Comunidad Organizada”, logró 6,40% mientras que las fuerzas F.I.T, Desde el Pie y MoFePa sumaron el 3,3%. Si miramos las 3 columnas del último gráfico: años 87, 99 y 23 encontramos una diferencia que radica en los 6 puntos, la tercera fuerza del 2023 (Comunidad Organizada), pero las similitudes las marcan una evidente polarización donde queda poco lugar para las demás opciones, incluso para los votos en blanco, con contextos macroeconómicos desfavorables, procesos inflacionarios en curso y gobiernos nacionales cuestionados. En fin, recuperemos que estas últimas líneas fueron buscando explicaciones en las 3 elecciones que mejor le fue en términos porcentuales al radicalismo y aliados. Pero vamos a un asunto crucial.

La importancia de saber cuál es el piso de votantes, en valores netos, es decir, la cantidad bruta de votos, los llamados “intocables” de cada fuerza, el punto desde donde no se baja, radica en conocer hasta qué margen una fuerza hegemónica puede “perder” su caudal de votos. Para ello buscamos en los registros históricos las cifras que luego permiten realizar diferentes hipótesis sobre cuál es, o ha sido, la mejor posibilidad de alguna fuerza “x” de crecer sobre los votos que se disputan con las demás fuerzas y sobre qué otra cantidad de votos es poco probable avanzar.

Con el registro de los pisos y promedios de cada fuerza también se define la cantidad de votos que están por fuera de la suma de esos pisos y que, eventualmente, podrían cambiar su decisión en una próxima elección. Se trata de personas votantes virtuales, los cuales son caracterizados con términos que miden fidelidades como: “voto padrón”, “votos duros” los leales o los “votos volátiles”, “voto independiente”, “votos que no son de nadie”, también las categorías que miden afinidades: los “voto filo k”, “voto filo progresista”, “voto filo izquierda”, o aquellas categorías que denotan rechazo, el “voto antiperonista”, “el que nunca va a votar a tal o cual”, por último, cuando se interpretan intenciones de un grupo de votantes ante el posible cambio en la distribución de votos, así encontramos el llamado “voto útil” o el “voto castigo”, que tiene por finalidad que gane o pierda tal o cual, que cambie el oficialismo o no gane la primera oposición. Podemos seguir con más ejemplos y un sin fin de categorías para rodear con entendimiento un hecho ineludible. Es muy complejo generalizar por qué se vota, cómo se vota y más complejo aún es el poder predecirlo.

Pasando a la acción y refiriéndonos a los pisos (como se ve en los valles del gráfico que antecede) y promedios2 por elección, debemos decir que el PJ / FreJuPa es muy estable y acompaña el crecimiento en cantidad de votantes en reglas generales. Las peores elecciones de los últimos 20 años en votos (no así en porcentaje) para el PJ y para UCR fueron LA MISMA; la del año 20033 con 77.910 votos para el P.J. y para U.C.R. 40.771 (el piso) y luego las del año 2011 con 81.883 votantes para el PJ y 55.688 para UCR. En ambas elecciones obtuvo triunfos holgados el peronismo, en 2003 una gran diferencia en puntos con la UCR y en 2011 la diferencia fue de 15 puntos aproximadamente.

Para ser justos diremos sobre los promedios y piso de UCR y aliados, que las cantidades varían considerablemente de una elección a otra. El valor mínimo de votos de la UCR en los últimos 20 años fue de 40.771 en 2003, elección de la que ya hablamos, pero nótese que ese número está 23.000 votos abajo del promedio de los últimos 20 años de la misma fuerza. A esto nos referimos con la irregularidad de las cifras del Radicalismo y sus aliados. 64.900 es el piso de votantes, el menor valor desde 2015 a esta parte y su promedio es 74.341 en ese periodo, casi 10.000. votos de diferencia entre el piso y el promedio.

Elecciones donde se toca el piso

2 Ver cuadro página 2.

3 Al día de la fecha no se cuenta con la cantidad de votos blancos de la elección a gobernador de 2003 lo que distorsiona los porcentajes graficados en el último gráfico en la columna de esa elección, todas las fuerzas alcanzaron un porcentaje menor al consignado allí, ya que este se calcula sobre la base del total de votos válidos.

Diremos que cuando a la UCR le va bien, no significa que al PJ le vaya mal, la afirmación inversa también es cierta. Veamos los ejemplos de 95, 2003 y 2011.

Siguiendo el sentido del anterior análisis, vamos a ocuparnos de los pisos, incorporando un gráfico con los valores brutos de cada fuerza, además de aquel de porcentajes. Los valores brutos nos ayudan a entender el piso de votantes de cada fuerza sin contemplar la variación en la participación o cantidad de votantes.

Prestemos atención, como se dijo, que estos “malos” resultados en cantidad de votantes por fuerza y no en porcentaje, para el P.J/FreJuPa, coinciden con malas elecciones de la segunda fuerza histórica UCR/FrePam/JxC, en 2003 y 2011. Incluso en la elección del año 1995 más alejada en el tiempo, el P.J. tiene buen rendimiento en porcentaje, la 3era fuerza liderada por Pablo Fernández hizo una elección de 12 puntos en su debut, pero que al Peronismo de Marín lo tenía casi 30 puntos arriba. La UCR, segunda fuerza con 20 puntos (casi 35.000 votos, la peor elección en votos del radicalismo y aliados) a 50 puntos de diferencia con el P.J. siendo reelegido entonces el partido liderado por Marín.

Vamos a decir algo que a estas alturas parece lógico: La presencia de terceras y cuartas fuerzas fuertes, genera una merma de votos para las dos primeras y a la inversa el aumento de votos en las primeras dos, se da cuando no hay 3eras y 4tas fuerzas fuertes. En criollo se puede resumir de la siguiente manera, no hay lugar para todxs o, si suben unos bajan otros, etc. Pero de ese problema se puede estar prevenido si se tiene un piso de votos “intocables”.

Dicho esto, veamos 2003 y 2011. En la primera es el Frente Para la Victoria quien se ubica como tercera fuerza y Pueblo Nuevo como cuarta. En 2011 es el Frente para la Comunidad Organizada 3era y 4ta Nuevo Encuentro, quienes acumularon cantidades de votos para nada despreciables. En el primer caso sumaron 31.701 votos el FpV y 2.812 Pueblo Nuevo y en el segundo 26.954 votos Frente para la Comunidad Organizada y 7.316 el FpV. Es decir, en ambos casos reunieron poco más de 34.000 votos tercera y cuarta fuerza.

Dejando de lado la elección de 1995 que tiene sus particularidades en el caudal de votos que juntaron las fuerzas detrás de la 4ta y en los blancos, vamos a pasar en limpio 2003 y 2011. Ambas fueron malas elecciones para las fuerzas uno y dos, ya que en 2003 el PJ juntaba 77.910 votos en un escenario complejo saliendo de la crisis económica de 2001. En 2011 reunía 81.883, sus peores elecciones en votos de los últimos 20 años, con viento de cola en lo nacional una situación económica favorable en términos generales, con la elección histórica de Cristina Fernández de Kirchner ganando 54 a 16 a Hermes Binner, una UCR desdibujada por completo, que no tenía permitido opinar en la contienda luego de la debacle de 2001 y su manejo de esa crisis. No obstante, pese a que en La Pampa el número de votos tocó piso, fueron elecciones donde el P.J. ganó mucho más holgado que en este 2023, con 96.547 votos. Básicamente, porque el radicalismo en esas elecciones también tocó piso con 40.771 y poco más de 34.000 votos, que le significaron porcentajes amplios de diferencia entre los dos primeros a diferencia del vértigo de estos 5 puntos que separan al FreJuPa, de JxC en 2023.

Pasando en limpio

En los últimos 20 años, con muchas fuerzas adversarias, o pocas, en situaciones de crisis económicas/sociales/políticas o sin ellas, con un discurso más progresista y de ampliación de derechos o más retardatario, el PJ no ha bajado de 78.000 votos, y es precisamente eso lo que explica por qué aunque el radicalismo crezca en votos, no significa que al PJ le vaya mal, porque hay votos del peronismo sobre los que no ha podido avanzar ni la UCR ni otras fuerzas hasta el momento. Hoy el Peronismo cuenta con aliados que, como vimos recién, supieron reunir cantidades nada despreciables en votos en especial si no se quiere volver a ese piso de 78.000 votos y teniendo en cuenta que el camino de la UCR ha sido continuar ampliando sus frentes y subiendo su piso de votantes por esa vía.

¿Y los blancos?

En primer lugar diremos, para ser rigurosos, que hasta el momento no hemos podido conseguir la información de los votos blancos de la elección de 2003, como se ve en el último gráfico, esto complica la lectura, por los vaivenes de estos de una elección a otra, entonces es incauto predecir un valor estimado para esas elecciones. Dicho esto, en 2011, una elección ya mencionada aquí, hubo un quiebre para el histograma de los votos blancos, notamos que hubo un antes y un después con respecto a la elección que ganó Jorge y Cristina Fernández el mismo día. Fueron 27.519 los blancos, el 13% de esa elección, el máximo valor en cantidad neta de los últimos 40 años, peleando con la 3era fuerza que era “Frente para la Comunidad Organizada”, una elección de pisos para las primeras dos fuerzas.

Mencionamos que hubo un antes y un después en esa elección porque aparece como un pico con valores paulatinamente menores hacia atrás y hacia adelante en términos porcentuales. ¿Se puede interpretar como un anticipo de un fin de ciclo? ¿un aviso del electorado de que se están buscando otras opciones? En 2015 (la inmediatamente siguiente) fue el año donde JxC gana la nación y la tendencia a la dispersión por parte de las 3eras y 4tas fuerzas se comienza a marcar, en ese sentido los blancos fueron desde ese entonces también en merma a hoy de la siguiente escala, 10% a 5% y ahora 6%, pero muy alejados de los valores de los años 07, 11 y 15.

Llegamos a este 2023 con un escenario de absoluta polarización con pocos blancos (6 puntos) y poco menos de 10 puntos entre todas las fuerzas fuera de las primeras dos.

Para ir concluyendo

Las elecciones del año 2019 no son las mejores para comparar lo ocurrido este último 14 de mayo, por eso también incorporamos en esta mirada al año 2015 y el rol de las terceras fuerzas. La situación contextual nacional de 2019 fue marcada por la execrable culminación de la experiencia macrista, dando resultados electorales (junto con la estrategia del Fre.Ju.Pa y el desdoble electoral realizado) altamente positivos. Elecciones signadas por una esperanza de reconstrucción, pero que, sin embargo, con el correr del tiempo, en el plano nacional no se encontraron todas las respuestas concretas que se esperaban, algo que las siguientes elecciones de medio término se encargaron de manifestar.

Deberíamos, además de sacar las cuentas, servirnos de la experiencia para lo que se viene, porque, como están las cosas, y como dijo un rengo, lo que hay después de un espejismo es la sed al veneno más fuerte.

Los tiempos que vivimos nos reclaman una laxitud que no implique rupturas, conservando, en clave clásica, la fortaleza y base (territorio y gestión), ampliando el caudal electoral con un formato diferente y actualizado de cara a los desafíos contemporáneos. Dos fuerzas políticas empiezan a hacer números y se parecen desde lejos, la segunda y tercera, y entonces la suposición de escenarios futuros encienden una luz roja en el tablero.

Si bien, como se mencionó al comienzo, los números y sus respectivos movimientos, no explican por sí mismos los insumos fundamentales de la política, ni mucho menos de lo político. Sin embargo, su análisis permite encontrar patrones que se repiten a través de la historia, con los cuáles es posible trabajar sobre escenarios futuros, realizando, necesariamente, las interpelaciones internas correspondientes, más aún cuando el comportamiento electoral desafía los índices históricos.

Los tiempos venideros reclaman una idiosincrasia partidaria diferente. Retornar a la raíz de las nociones de lo que conocemos como Partido Político, aquella raíz mediante la cual se disputa la representación del pueblo, categoría hoy tan bastardeada y disminuida a manos de lo que se conoce como “la gente”. Entendemos clave la diferencia entre estas dos categorías y las implicancias de lo que significa la prevalencia de una por sobre la otra. De hecho, no es casual que el crecimiento de la derecha y sus frentes estrambóticos, que alientan el individualismo como única forma de superar los problemas que tenemos como sociedad, es a través de un discurso articulado bajo la supremacía de la categoría de “gente”, en la cual la sociedad es sólo la sumatoria de sus individuos.

En este sentido, deberíamos reconocer que la política está perdiendo la batalla discursiva, porque cuando la contienda es sólo por el poder, entonces las ideas y las propuestas, los planes y proyectos de gobierno, quedan en un segundo plano y, lo que es más preocupante aún, el hecho de que en política no se pelea con el discurso, sino por el discurso.

Aquí ya no sugerimos ni estimamos, sino que afirmamos que se debe conducir un nuevo movimiento hacia las bases, es decir, hacia el pueblo. Convencer de que nuestra discusión como movimiento popular se debe dar a través de la soberanía alimentaria, energética e industrial, en clave de independencia económica, con tierra, techo y trabajo. Esta acción ya implica de por sí una transformación, aquella mediante la cual se comience a recuperar el terreno de la política por y para el pueblo. Son estas las bases de la disputa estratégica, no sólo electoral, que tenemos por delante.

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