
La diputada provincial, Alicia Mayoral, propuso declarar de Interés Legislativo la participación Raúl Hilario Rosales, oriundo de Victorica, en los Juegos Culturales EVITA – La Pampa 2023, donde obtuvo el segundo premio con su cuento en la categoría, destacado por la Secretaría de Cultura a de La Pampa “por su ejemplo moral de vida, superación y esfuerzo personal”.
Mayoral explicó que “el presente reconocimiento legislativo, además de resaltar la condición humana de una persona en particular, se hace extensible a tantas y tantos otros adultos mayores, que luego de una vida de trabajos y sacrificios, encuentran un espacio de tiempo y lugar para superarse a sí mismos, para adquirir conocimientos y expandir su valoración moral y espiritual. A todos ellos y ellas, nuestra más sincera felicitación y estímulo de continuidad”, añade.
El 30 de octubre de 1959, nacía en la localidad de Rancúl, La Pampa, Raúl Hilario Rosales, nuestro homenajeado. Hijo de Doña Ramona Garay y de Don Rolando Rosales, provenientes de Arizona (San Luis), ambos trabajadores rurales, hacheros en el monte.
El trabajo de las y los hacheros, siempre fue y es una tarea sacrificada y escasamente remunerada, especialmente en éste caso para una familia constituida por once hijos, entre ellos Raúl. La situación se agravaría, tras la separación del matrimonio, teniendo los hijos que salir a trabajar inmediatamente para ayudar a esa madre sola a sustentar el hogar familiar.
De muy pequeño, Raúl se internó en el monte junto a otros hacheros mayores, para desempeñarse en esa dura tarea, sin poder iniciar su formación educativa básica. Sin embargo, esa compleja circunstancia de su vida, jamás lo desalentaría en la idea de algún día poder concretar su educación primaria, e incluso secundaria”.
Mayoral agregó: “Hace siete años, el destino lo cruzó en una marcha de docentes en la plaza de Victorica, con una docente -Emilce Cecilia Álvarez- que lo invitaría a inscribirse en la Escuela de Adultos N° 7 de aquella localidad, para hacer su educación primaria. Raúl aprendió a leer y escribir a los sesenta y dos años de edad. Fue su primera maestra María del Carmen García Pacheco. Luego vendría la educación secundaria, formación que culminará éste año, con fiesta de egresados incluida.
En ese trayecto, el responsable pedagógico de la institución educativa, el docente Pablo Antonio Gualpa, -percibiendo el talento literario de este alumno- animaría a Raúl a participar de los Juegos Culturales Evita, siendo la escritura su canal de inspiración. Su primera producción sería una poesía titulada “Nunca es tarde para aprender”, todo un mensaje esperanzador, fruto de su propia experiencia personal.
Éste año, en los mismos juegos desarrollados en la capital pampeana, Raúl presentaría el cuento titulado “El río Atuel también es pampeano”, quedándose con el segundo puesto del certamen, convirtiéndose en todo un orgullo para sus compañeros y docentes; además de ser en el plano personal una enorme gratificación en su lucha cotidiana por superarse a sí mismo, un ejemplo de vida que estimula al prójimo en idénticos principios y valores.
Rosales dijo a un medio digital que “tuve una infancia triste… me crie sufriendo y luchando, había que vivir el día a día, no había posibilidades de ir a la escuela, había que salir a trabajar. Llevé más de cincuenta años como hachero… de grande entendí lo que era la escuela… la adversidad te enseña a tener sentimientos…valorás cuando has sufrido y no querés ver a otros sufrir, porque vos ya lo pasaste. Estoy feliz por lograr todo esto para la escuela, para mis compañeros, profesores, por la vida… por lo que la vida me da hoy… por lo que no pude ser antes. Nunca bajé los brazos, siempre quise aprender. Voy a seguir apoyando esto… así como aprendí yo, tiene que aprender otro, hay que colaborar, así como la escuela te da, vos también tenés que dar”…”, se lee en infohuella.com.
Alicia Mayoral concluyó sus fundamentos legislativos manifestando que: “Raúl Hilario Rosales, con su ejemplo de vida y superación personal, merece la presente distinción legislativa, al devolvernos a todos nuestra esperanza en la noble condición humana que nos identifica. Don Raúl supo transformar las adversidades que le presentó una vida difícil, en el motor que impulsó su propio cambio hacia esa otra vida mejor y posible. Fue y es alumno y maestro al mismo tiempo, su constancia y humildad lo definen y enriquecen, convirtiéndose en un testimonio sano y necesario para otras y otros que buscan superarse en base al esfuerzo y la lucha personal”.
El cuento de Raúl Hilario Rosales: El río Atuel también es pampeano
Raúl, el Chino, tenía el deseo de escribir un cuento para compartir con sus amigos. Un día salió a caminar como para hallar la forma a una escritura. Se encontró con Ariel, un hombre elegantemente vestido, de traje y corbata. Le contó la idea, pero Ariel no le dio una respuesta; siguió caminando y en el trayecto en unas cajas de cartones encontró un viejo periódico cubierto de tierra y húmedo por el roció, le pegó tres golpecitos en su rodilla derecha, lentamente pudo abrirlo y en una hoja estaba escrito “El Rio Atuel También es Pampeano”, apretó el periódico contra su pecho y sin querer se plasmó una idea.
A los dos días llegó a aquel lugar y todo era silencio donde, arbustos, matitas de pastos se agitaban con el viento, siguió un caminito y vio una casita humilde con una enramada cual techito jugaba con el viento, ladra el perro y un hombre, avanzado en años, salió a pasos suaves, fue a su encuentro y lo saludó con un apretón de manos, se presentó como Juan, Raúl, el Chino, le pregunta si hacía mucho que vivía en la zona, si muchos años le respondió Juan, ¿y cómo era antes? Y cuando había agua, siempre había gente, era más lindo. Los pájaros, contentos, era todo más verde, y con el tiempo y el corte todo cambió, ya nadie viene, hemos perdido todo. Un hornerito sabe andar por acá; y Raúl, el Chino, vio como Don Juan exclamó: me lastiman los recuerdos y regresó a su casita.
Raúl, el Chino, caminó unos metros, ante tanto silencio, y en ese espacio vacío, navegan los sueños de los pampeanos.
Al otro día temprano apresuró sus pasos para ver si podía hacerle una pregunta a Ariel, pero venía acompañado por otros compañeros, en su mano derecha un maletín, en la izquierda un cigarrillo, Raúl, el Chino, solo pudo mirarlo, y pensó, que en ese cigarrillo se quemaban sus ilusiones.
Al regresar a la casa de Don Juan, él ya no estaba, todo era más triste, el perro meneó la cola y se arrimó lentamente, la tarde iba cayendo, un sol rojizo se estaba ocultando, y la imagen doliente mostraba eso tan nuestro que hoy añoramos los pampeanos.
Bajo las huellas del cauce vio al hornerito escarbando tierra reseca en hojas caídas por el viento, de pronto echó a volar como llevando el reclamo bajo sus alas y un poquito de barro para hacer su casita.
Raúl, el Chino, lo contempla y se pierde en la pradera. En su pecho se hace nostalgia, una lágrima traviesa rodando por su mejilla.
Y regresó triste porque Ariel no le dio ninguna respuesta, sintió pena por no ver a Don Juan y estrecharle la mano, pero contento porque podía escribir parte de la historia. Siete días pasaron y se dio cuenta de que por querer hallar una forma a una escritura, se habría echado el pasado en su mochila, sintiendo orgullo de escribir todo el amor y el sentimiento por los que aman nuestra provincia.
Se tiró en su lecho, extendió sus manos y agarró el viejo periódico apretándolo contra su pecho, lo abrió y encontró la frase “el río Atuiel también es pampeano”.

