
La veterinaria y docente universitaria, Isabel Gigli, debutó en la ficción con una novela sobre la vida de una persona que se muda a otro país a trabajar y ‘hacer la América’ a la inversa. Nació en Buenos Aires, pero vive en Santa Rosa y trabaja en la UNLPam desde hace 15 años.
“Con su leve sonrisa” (Enero Editorial) relata parte de las vivencias de una investigadora científica y docente universitaria que fue contratada para determinar la genética de las cabras en Sicilia. El dato tiene mucho que ver con el manifiesto interés de quienes la convocaron para que le diera una sentencia científica a una creencia popular: ¿están en la región, gracias a la Mafia?
Narrada en primera persona, la investigadora tiene en “la Signorina” a su partener, para establecer el diálogo y poder desarrollar la historia de la Sicilia actual, donde la Mafia, lejos de desaparecer, se encuentra en las relaciones sociales cotidianas.
En diálogo con Plan B Noticias, Isabel Gigli, agrega que también subyace en la narración la necesidad de contar las vivencias de las personas que se van a otro lugar, en el que siempre serán “los de afuera”.
– ¿Cómo surge “Con su leve sonrisa”?
– Es una historia de ficción que tiene una base de realidad, es algo que conozco muy bien porque viví en Sicilia y leí mucho sobre la Mafia, que es el contexto en el que se desarrolla la novela
Me interesaba mucho ver cómo se mira al que viene de afuera, si es como un extranjero o como un turista. Y también cómo se comprende una sociedad, porque uno llega de otro lado, hay códigos que no son palabras, son gestos, son silencios.
– ¿Y el personaje de la Signorina?
– Es un personaje que construí tomando cosas de personas que he conocido. Me resultaba divertido exagerar algunos rasgos y utilizarla a ella como el modo que encuentra la narradora para tener a alguien que le pudiera transmitir y explicar las cosas, por más que solo sea con algunas palabras y algunos gestos. Cuando uno llega a otro lugar, no sabe qué preguntar y el local tampoco sabe qué explicar, porque las cosas ahí son obvias, pero para el que viene de afuera, no es así. Cualquiera puede ser extranjero en parte de su vida. Uno nunca llega a ser parte. En Santa Rosa vivo hace 15 años acá y lo primero que me dicen cuando hablan conmigo, es que no soy de acá.
– En la novela relatas una Mafia presente en todo momento, ¿es así?
– Sí, eso no es exageración, la Mafia está muy presente en lo cotidiano. Todo lo que la narradora va investigando, es real. Y se nota también en el ámbito universitario. Cambió mucho cuando la Comunidad Económica Europea convalidó todos los títulos en el continente, destinó fondos millonarios a la investigación y eso se prestó a que haya intereses no legales o mafiosos, donde conseguir un cargo de docente no es fácil, los concursos no son abiertos. Es más bien difícil.

FOTO: Enero Editorial
– ¿Tenías un interés previo de investigar la Mafia?
– No, yo pensé que la Mafia era Hollywood, que era algo de película y que ya no estaba. Y me di cuenta de que el comportamiento es cotidiano. Se nota en la forma en que las maestras dan clases. Mi hijo hizo primer grado allá y un día salió de la escuela con mucho miedo y me contó que habían hecho un dictado en el que hablaban cómo habían matado a Falcone y Borsellino (los jueces asesinados por Cosa Nostra). El dictado era muy muy gráfico y si lo hacían mal, se lo volvían a dictar. Y escucho a un compañerito que dice ‘yo con la Mafia no me meto, porque te vuelan en pedazos’
– ¿Hay un cierto aval social a la Mafia?
– Sí, en la vida cotidiana. La Mafia no es una familia, es un comportamiento de la sociedad. Se ve en los carteles de los comercios que dicen que no le pagan a la Mafia, pero no sabés si es verdad o si lo ponen por otra razón. En la novela narro algunas muertes, ficcionales, pero es cierto que hay mucho de consumo problemático y muchos accidentes de tránsito, porque manejan muy mal.
– ¿Con todo eso empezás a armar la novela?
– Tenía a la Signorina como un personaje que me parecía interesante, pero no sabía bien cómo llevarla a la novela. No quería hacer un libro personal, sino recortar, armar el personaje y la Signorina, ni bien la conocí, resultó una muy buena opción para la novela. Llamarla Signorina porque nunca se casó, aun cuando tenía 70 años de edad, y no pronunciar su nombre, me resultó llamativo.
La Signorina iba a la cárcel a dar clases en el marco de un programa que muchos presos usan para ir a Palermo y visitar a los parientes. El personaje de un rector que está preso, me servía para esa conexión.
– ¿Lograste contar lo que querías?
– Creo que sí, hay muchas otras historias que podía haber contado, pero se hubiera bifurcado la idea principal. Lo que narro es ficción y una vez que una lo escribe, se va transformando la historia, se aleja de las vivencias de una. Es ficción, pero es verosímil, el relato se construye en base a cosas que una conoce.
– ¿Vas a seguir con la ficción?
– Es mi primera novela terminada, me gusta escribir, tengo varios proyectos empezados y espero que esta no sea la única.
– ¿Cómo es tu momento de escritura?
– Le estoy dedicando varias horas por día. Tengo más tiempo ahora porque mis hijos se fueron a Buenos Aries. Trabajo, vuelvo a casa y puedo ponerme a escribir. Me gusta estar sentada y escribir, incluso los fines de semana.
– ¿Y escribís de manera cotidiana?
– Casi todos los días. Tardo mucho en escribir, avanzo muy, muy lento, porque voy escribiendo y editando. Si un día escribo cuatro líneas, para mí es un día productivo. También hago talleres literarios y ayuda mucho la lectura de los otros.
– ¿Para ‘Con su leve sonrisa’, hubo una edición, ¿más de una versión?
– Sí, cuando terminé, y consideré que era un manuscrito posible, que después creció mucho, hubo una clínica de texto. Y a partir de ahí, de las charlas, hubo tres instancias, seguí trabajando mucho. Y después la editorial también tiene que ver. Enero tiene correctores, tiene una mirada y te hace las correcciones.
– ¿Desde el inicio de la escritura pensaste a la narradora en primera persona?
– Fui probando varias, escribí el texto en distintas personas, y cuando encontré la voz, me quedé con la primera persona.
– Al texto no le sobran palabras, ¿te sale así de una, o tiene mucha edición?
– A mí me cuesta mucho escribir largo, con muchas palabras, me sale así acotado. Es mi estilo. Un poco lo busco y no podría de otra forma. Como veterinaria escribo muchos textos científicos y a diferencia de los textos que tienen que ver con las ciencias humanas, son bien directos.

