
La reciente aparición de un aguará guazú en el noreste pampeano causó una gran sorpresa para muchos por tratarse de una especie no reconocida en la memoria reciente de las y los habitantes de este suelo. Producto de la modificación de buena parte de los ambientes naturales se produjo la desaparición de algunas especies de fauna nativa. Pero esto no siempre fue así. La geografía de La Pampa está repleta de nombres indígenas que refieren a plantas o animales, que nos permiten rastrear la existencia de este tipo de especies en esta zona, además de aportar una identidad pampeana. Algunas explicaciones de su aparición y la posibilidad de su regreso a nuestro territorio.
Una persona registró con su celular la presencia de un aguará guazú en la zona de Speluzzi y las autoridades del Museo de Historia Natural dieron a conocer la información, al tiempo que alertaron que se trata de una especie amenazada. Pero esta no fue el primer avistaje. Además, las autoridades de Recursos Naturales informaron que otra persona reportó haber visto a uno en la zona de Hilagrio Lagos, y también advirtieron que cualquier acción como la caza, el cautiverio, o el «mascotismo», son un delito a la ley nacional de protección de fauna silvestre y la ley de fauna provincial.
Para continuar hablando sobre el aguará guazú, primero es necesario conocer la especie y sus hábitos.
El aguará guazú pertenece a la familia de los cánidos, es más grande que un zorro gris, como el que estamos acostumbrados a ver en nuestro territorio, y por eso se lo llama también zorro grande. Además posee piernas más estilizadas que su familiar más pequeño y que le dan mayor altura. Es un animal caminador, de hecho el individuo registrado recientemente puede provenir de provincias lindantes con La Pampa. Es omnívoro, es decir, se alimenta de pequeños animales invertebrados hasta frutos. Es común verlos individualmente, en algún momento se los puede ver con sus crías, aunque en nuestra provincia por ahora no. La hembra atrae al macho mediante vocalizaciones. La gestación se extiende de 62 a 66 días, con camadas compuestas por 1 a 5 crías (mayormente 2). Además, representa perros.
“El aguará guazú era una de las especias más comunes de La Pampa hasta el siglo XIX junto con el pecarí de collar, el yaguareté, la boa de las vizcacheras, que es de donde provienen los registros históricos con los que contamos”, explica Daniel Pincen, director del Museo Provincial de Historia Natural.
El titular del MPHN también destacó que “estos animales, tiene que ver con la identidad pampeana”, al señalar que la geografía pampeana está repleta de nombres indígenas relacionados con un animal, una planta o el paisaje. De hecho, los dos avistamientos mencionados al principio corresponden a departamentos que llevan por nombre Maracó, que en mapuche significa “aguada de la liebre”, y en el departamento de Chapaleufú, que fue traducido del ranquel como río o corriente de barro, ya que en esa zona persistían pequeños ríos que unían lagunas de esa zona. Ambientes propicios para la aparición del aguará guazú.
“Hoy, sobre todo los más jóvenes, no consideramos que La Pampa antes de que se cultivara había muchos pastizales naturales en el noreste de la provincia, casi no tenemos memoria, excepto por la lucha de los ríos pampeanos, que teníamos unos cuantos ríos, con humedales llenos de biodiversidad. Nuestra memoria actual no registra algunas cosas”, señala el especialista.

Llanura pampeana húmeda
A comienzos del siglo XX, La Pampa experimentó una serie de transformaciones que hicieron que muchas de estas especies desaparezcan. Al respecto, Pincen explica que esto “hizo que hoy, por ejemplo, podemos ver a los guanacos en poblaciones muy reducidas, o el venado de las pampas en peligro, pero también ahí producto de la cercanía con una población bien asentada en el sur de San Luis, hace que hoy podamos ver algunos en territorio provincial”.
En ese sentido, destaca que “lo mismo ocurre con el aguará guazú, ya que hay poblaciones establecidas en el sur cordobés, santafesino y noreste bonaerense”.
Por eso, se trata “claramente de una novedad el avistaje del aguará guazú” y también resulta “llamativo porque han pasado 200 años y tampoco los pampeanos en general tenemos registros en la memoria de esos animales en este territorio”.
Estas transformaciones del territorio que hicieron que algunas especies desaparezcan están relacionadas con un concepto contemporáneo que es la “defaunación”, y que Pincen explica “consiste en la modificación de los ambientes naturales o ecosistemas, la caza indiscriminada, y la introducción de exóticas y cuyo resultado final, sea en simultáneo o separado en el tiempo, es la pérdida de biodiversidad”.
“Esto ocurre en La Pampa y no lo tenemos dimensionado porque hoy, sobre todo los más jóvenes, no tenemos memoria de esa fauna del siglo XIX, y eso hace que algunos puedan pensar que se trata de un animal del litoral. Esto no es así. A principios de siglo XX pasaron varias cosas, la conversión de pastizales en tierras de cultivo, la deforestación del caldenal, el viento que siempre fue un factor permanente. Entonces la tala generó variabilidad climática que se tradujo en sequía y hubo un problema gravísimo de erosión. De eso tampoco tenemos mucha memoria, pero son algunas de las consecuencias de traer formas de producción que no encajaban con las características naturales del entorno. La producción agropecuaria fue mixta durante muchos años hasta que apareció la siembra directa a fines de los 90 aparece otro fenómeno que permite cultivar en superficies arenosas”, detalla.
“Lo que persiste en el noreste provincial son los médanos que no se han tocado, los bajos que se llenan de agua, y en esos ambientes hay pastizal natural, que son entornos propicios para el aguará guazú”, explica el
“Nosotros nos comunicamos con los científicos que estudian la población de aguará guazú en Santa Fe, y por los intercambios que tuvimos sabemos que esos son los ambientes en los que se mueve. También sabemos que en los últimos 20 años es un animal que se acostumbró a moverse en paisajes agrícolas. Estos relictos de paisaje natural funcionan como sus lugares naturales para vivir”, agrega.
Regreso incipiente de la especie a La Pampa
Cuando se dio a conocer la información se informó sobre la posibilidad de un incipiente regreso de la especie al territorio pampeano tras 200 años de ausencia.
Al respecto, el titular del Museo de Historia Natural planteó que “no podemos hacer futurología”, aunque reconoció que “es probable que lo sigamos viendo con mayor frecuencia porque proviene de poblaciones cercanas”.
Desde la Dirección de Recursos Naturales, la titular del área de Fauna, Adriana García, planteó que que “la especie no está en la provincia, lo que hay es un individuo, que no sabemos cómo llegó. Puede ser una población relictual en los límites y que haya venido a La Pampa. No se puede hablar de la vuelta de la especie” e indicó que antes “hay un montón de incógnitas que deberemos resolver”.
Explicó que a partir del nuevo reporte desde fauna silvestre se comenzará a trabajar “en buscar indicios, huellas, rastros, que es como se trabaja cuando el animal no se ve. En caso de que se encuentre se hará un seguimiento hasta verlo y, si se encuentra en nuestra provincia, conocer si es macho, si está solo, y en qué zona se encuentra”, agregó la funcionaria provincial.
De todos modos, ambos hicieron hincapié en que la especie “no representa un peligro para nadie y no tiene antecedentes negativos para la producción agropecuaria”, por el contrario “se encuentra amenazada” y pidieron a las personas, sobre todo quienes habitan en el campo “no intenten acercarse, ni cazar, ni capturar, simplemente lo observen”.
García explicó además que “cualquiera de esas acciones es un delito a la ley nacional de protección de fauna silvestre y la ley de fauna provincial”.
Registros históricos del aguará guazú en La Pampa
La presencia del Aguará Guazú en la actual provincia de La Pampa y zonas limítrofes ha sido registrada durante el siglo XIX. En 1806 Luis de la Cruz se valió de las descripciones del Cacique Manquel y su esposa Puelmanc en la ribera del río Chadileuvú, muy cerquita del arroyo Potrol y Limay Mahuida para registrarlo en su diario de viaje con el nombre indígena de Oop.
Más adelante en 1.881, Doergin menciona la presencia del Aguará Guazú entre las especies de mamíferos presentes en la ribera de los ríos Coli y Kurru leuvú (Colorado y Negro).
En 1.923, Don Quintino Toledo, deja su testimonio del Aguará Guazú por el sur de San Luis en un trabajo publicado en 1.961.
Asimismo, Vignati (1.983) da cuenta del nombre Huelquén con el que los Tehuelche nombraban al animal y el topónimo del río Quequén. Su presencia en nuestra provincia está relacionada con el agua, los ríos, las lagunas, los humedales y los pastizales naturales.
Los estudios científicos recientes hablan de 17 mil individuos en el continente sudamericano. Pero para Argentina son menos de 500. De ahí proviene su calificación a nivel nacional como especie amenazada y está incluido en diferentes programas y políticas de conservación de la fauna silvestre.

