
La paridad lograda por tres de los cinco candidatos y los indicios que arrojaron las encuestas sugieren que habrá balotaje. Se descuenta que Javier Milei será uno de los que ingrese, mientras que Sergio Massa y Patricia Bullrich buscarán convertirse en sus competidores. Qué se juega este 22.
Definición en primera vuelta o balotaje. Ese es el clima que rodea la elección presidencial que se desarrolla este domingo, caracterizada por el escenario de tres tercios que dejaron las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 13 de agosto, en las que se registró un virtual «empate» entre La Libertad Avanza, Juntos por el Cambio y Unión por la Patria.
Esta noche, los argentinos configurarán al próximo presidente o presidenta a partir de un menú que incluye al actual ministro de Economía, el “tigrense” Sergio Masa (UP), al disruptivo candidato de La Libertad Avanza, el “León” Javier Milei, la “halcona” de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich, el “cordobesista” Juan Schiaretti (Hacemos por Argentina) o la referente del trotskismo, la “Rusa” Miriam Bregman (FIT-Unidad).
También elegirán legisladores nacionales –se renueva la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado- parlamentarios del Mercosur, cuatro gobernadores (Provincia de Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Catamarca y Entre Ríos), más los intendentes y concejales de sus respectivos municipios y los de la provincia de Santa Cruz.
A partir de los resultados de las Primarias, todos los estudios de opinión realizados desde el 13 de agosto coinciden en que será difícil evitar un balotaje, aunque el factor sorpresa y las distintas vertientes que confluyeron en el voto a Javier Milei impiden trazar estimaciones precisas.
Unas 35 millones de personas están habilitadas para votar. Los comicios se iniciarán a las 8 y culminarán a las 18, aunque las autoridades electorales advirtieron que ofrecerán los primeros datos del escrutinio provisorio a partir de las 22, cuando se haya cargado información de todos los distritos de manera representativa.
En las PASO de agosto último, Milei obtuvo el 29,8% de los sufragios, Bullrich sumó 28% (con la suma de los votos de su contrincante en la interna Horacio Rodríguez Larreta) y Massa alcanzó el 27,2% (con los apoyos recibidos por Juan Grabois). Más lejos se posicionaron las otras dos fuerzas que superaron el piso del 1,5% necesario para competir en las generales: Schiaretti logró 3,71 puntos y Bregman se quedó con un 2,61 por ciento. Un dato inesperado fue la cantidad de abstención que se registró el 13 de agosto: sufragó el 69 por ciento del electorado, por lo que algunos analistas jugaron con la idea de que el gran elector será el ciudadano que decida esta vez participar de la elección. Concurrieron a las urnas 1,4 millones de electores menos que en 2019, por lo que hacia allí dirigieron en estas semanas parte de su búsqueda todas las fuerzas políticas.
Para que esta noche uno de los candidatos sea ungido presidente, será necesario -según lo establece la ley electoral- que alcance el 45% de los votos o los 40 puntos pero con una diferencia de 10 puntos respecto de quien salga segundo. Si esto no se produce, habrá una nueva ronda electoral el 19 de noviembre.
Esta es una elección fuertemente competitiva y a la vez inédita. Las «terceras vías» lograron imponerse en elecciones legislativas de medio término pero en las presidenciales generalmente lograron un techo del 15% en promedio. Si la elección de 2019 estuvo marcada por una fuerte polarización entre el Frente de Todos (hoy Unión por la Patria) y Juntos por el Cambio, la «sorpresa» del triunfo del candidato de La Libertad Avanza en las primarias -aunque por un margen muy escaso- resignificó el panorama político de los últimos quince años.
La elección de este domingo puede preparar el terreno para un escenario de ruptura de los acuerdos logrados desde el regreso de la democracia -hace 40 años- según se desprende de la retórica libertaria que basó su campaña en poner en duda coincidencias básicas como la defensa de la soberanía, de la moneda nacional, de la educación pública, de los derechos de niños, niñas y adolescentes, del rechazo a la libre portación de armas, de la protección del medio ambiente, del proceso de Memoria, Verdad y Justicia y una larga lista de políticas de Estado.
Del otro lado, las dos coaliciones que gobernaron en los últimos dos períodos presidenciales parten de una base común en torno a esa lista de cuestiones básicas, aunque las diferencian sus objetivos: Patricia Bullrich basó su campaña en alentar el antikirchnerismo, luego de que Milei se quedara con la representatividad del electorado «duro» y Sergio Massa debió trabajar su candidatura cumpliendo a la vez el rol de ministro de Economía de un gobierno del que necesitó diferenciarse, pero que ofrece cifras contrastantes: el nivel más bajo de desocupación desde 2015, pero a la vez la mayor inflación desde 1991 en adelante, con una caída de los salarios que se inició con la gestión de Mauricio Macri (25%) y que, pese a los bonos, los incentivos, y las paritarias, se recuperó parcialmente pero ronda el 14 por ciento.
Con estas cifras a cuestas, el nivel de competitividad que logró Sergio Massa en las PASO fue también una sorpresa. Las últimas encuestas lo ubicaron con grandes expectativas de ingresar al balotaje con Milei, acaso el candidato con el que mejor podría contraponer proyectos en una posible segunda vuelta electoral.
Los otros dos candidatos, Schiaretti y Bregman, terminaron afectados por el escenario de tres tercios. Su objetivo será obtener una mejor representatividad en el Parlamento y jugar un rol importante en términos de acuerdos políticos, en caso de darse el balotaje.

