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Ropa salvada

24 octubre, 2023
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Elecciones: el gobernador Zililotto puso a resguardo su gestión. Le cumplió a Massa, haciendo mucho para eso.  El voto bronca no aflojó, la diferencia fue exigua.  El PJ cumplió en todos lados, también en Pico.

Javier Urban – No por esperable -por su historia, por su movilización casi exclusiva en lo pre electoral y porque el resultado en las PASO había sido muy malo y no quedaba otra que mejorarlo- los resultados del domingo dejaron de ser un alivio para las expectativas del gobernador Sergio Ziliotto y todo el PJ que puso a prueba “todo su aparato” para revertir lo ocurrido en agosto.



Se podrá decir que la tendencia nacional fue la que se reflejó también en La Pampa, pero nadie podrá dejar de valorar que hubo razones muy pampeanas para que en La Pampa ganara Sergio Massa, lo que quedó claramente expuesto en los más de 25 mil votos que grandiosamente recuperó Ariel Rasuchenberger respecto de las PASO, donde había cosechado 53.407 (28,16%) y el domingo sumó 78.774 (57,93%).

Había contado en este mismo espacio que a nivel nacional el peronismo, y los demás integrantes de la coalición oficialista, paradójicamente después de haber dado el golpe de palacio entronizando un “candidato competitivo”, como en ese momento dijeron, al imponer a Massa como tal, no habían demostrado militar, ni bancar, ni creer en el candidato a presidente de UP y que en gran parte eso los había llevado a caer en las PASO. Dije que muchos gobernadores no jugaron a nada, por falta de fondos para hacer la campaña nacional o porque la elección provincial se había hecho recientemente y eso hacía difícil volver a movilizar.

También habíamos apuntado que, en aquel golpe de palacio, Ziliotto tuvo una participación no menor, que incluso se llegó a decir que había sido uno de los al menos seis gobernadores con los que se comunicó Massa en aquellos días en los que parecía inevitable la PASO entre Wado de Pedro, Daniel Scioli y Agustín Rossi, para alertarlos del vacío de poder que se generaría si el candidato del gobierno terminara tercero con menos de diez puntos en la primaria por la división del voto. «Al otro día el dólar habrá que ir a buscarlo a la Luna», les dijo Massa, recordándoles lo que le había pasado a Macri cuando perdió las primarias.

Había dicho que una vez que los gobernadores Gerardo Zamora y Raúl Jalil le exigieron a Alberto Fernández que bajara a Scioli y a Rossi y le rodearan la manzana a Cristina para que bajara a Wado, Ziliotto celebró con los demás mandatarios la fórmula de unidad e incluso fue el vocero de la cumbre que el 5 de julio respaldara de modo contundente la postulación de Massa diciendo “»La historia de nuestras provincias se formó a partir de una defensa del federalismo. Creo que el pedido de unidad que hicimos hace un tiempo tenía que ver con esto, que el movimiento nacional y popular con el peronismo como columna vertebral tenía que unirse y defender una doctrina, un modelo de país, y en ese sentido salir a trabajar todos juntos, en unidad. Creo que hemos demostrado, con la presencia de todos los gobernadores, que nos une una Argentina federal, una Argentina inclusiva y una Argentina con igualdad y oportunidades en cada rincón del territorio».

Pero después pasaron cosas. Ganó Milei las primarias.  Y fue porque no pasaron cosas. Los líderes territoriales, “orgas” y “colectivos” militaron poco y nada -en términos de cómo lo puede hacer el peronismo cuando se lo propone- al ministro candidato y, la conclusión fue que muchos de ellos “se cuidaron el culo” de sus gobernaciones. Si se quiere, insólito.

La trompada de Milei en las PASO fue inevitable y eso sacudió en forma al gobernador de La Pampa. Por un lado, ha de haberle pesado al Ruso aquella movida de la que fue importante gestor para que Massa sea el candidato. Por otro, que fuera uno de los tres mandatarios a los que inmediatamente después de la derrota, el de Tigre llamó para instarlos a que profundicen el trabajo territorial y la campaña de cercanía para asegurar que el oficialismo entrara al balotaje. Massa le confesó que había que ir por el millón de votos menos que tuvo en las PASO, en las 17 provincias que desdoblaron sus elecciones, entre ellas en La Pampa, donde Unión por la Patria había obtenido 40 mil votos menos que los conseguido por Ziliotto para ser re electo el 14 de mayo.  Y, seguro, el gobernador consideró que muy debilitado quedaría si, antes de empezar su segunda gestión, terminara cargando dos derrotas en sus espaldas.

Todo eso lo decidió a Ziliotto a jugar fortísimo: plebiscitaría su gestión en las elecciones presidenciales.  Y así lo expuso ante la prensa nacional, en un espacio muy “visitado” como es el portal especializado Letra P, advirtiendo que «están en juego las conquistas de la democracia, la integridad social y la representatividad política, pero también quién administrará nuestros recursos naturales, tan estratégicos como fuertemente demandados desde afuera, si a esa riqueza la distribuirá el Estado o el mercado”. Allí expresó que “según quien gobierne, el pueblo quedará adentro o afuera del crecimiento y de la inclusión, el Estado buscará compensar la baja participación del trabajo, mientras que el mercado ampliará la brecha a favor del capital”.  Una vez más exhibió los padecimientos de La Pampa cuando en Nación hubo un presidente de derecha: rutas nacionales sin mantenimiento, sólo 63 viviendas sociales en 4 años, ninguna obra pública de magnitud, sólo la construcción a medias de 3 jardines de infantes…y pese a eso y a los sucesivos pactos fiscales en los que se tuvo que resignar recursos para apuntalar la administración nacional, La Pampa históricamente ha estado bien administrada, financieramente sana, socialmente armónica y productivamente pujante”.

Y después reunió al PJ, ordenó descentralizar los fondos destinados a la campaña, y llamó a cada uno de los referentes –intendentes, responsables de líneas, funcionarios, legisladores- a “cumplir el rol que le corresponde en base, no solo a su pertenencia peronista, sino a su militancia, su lugar como dirigente. Y los que tenemos mayores responsabilidades, mayor será nuestro trabajo” les dijo.  Ningún vecino ni vecina de los pueblos grandes y los pueblos chicos podía quedar sin conocer todo lo que el Estado provincial constantemente hace por ellos, desde otorgarles una vivienda del IPAV hasta contar con un comedor si lo necesitaran. De la excelencia de los hospitales públicos, de los centros o salitas de salud y de la óptima educación pública. Todes tendrían que saber lo que significaría seguir exportando a Brasil y China y de los 126 millones de dólares que no seguirían llegando a La Pampa si nos sacaran de los BRICS. La militancia supo abandonar la parodia de la militancia -ese show cargado de opulencia con que llegaban a repartir la boleta a cada barrio- para dedicarse a militar.

Y el gobernador esta vez le dio un giro a su costumbre de no perder tiempo en “hacer campaña” sino en gestionar como forma de hacer campaña.  Así, no sólo tomó medidas de gobierno que fueron todo ganancia para sus gobernados (aumento del 12,2% por cláusula gatillo, garantizando para septiembre un mínimo salarial para un empleado con familia tipo de $ 287.457,55 y para un docente de $ 316.157,55, un aumento a jubilados y pensionados del  26,5% llegando a $ 200.000 de mínima; promovió planes de compra en cuotas sin intereses e incluso dispuso créditos personales de hasta 400 mil pesos a tasas inexistentes de poco más del 50%; y ante una desocupación que había llegado a casi 6 puntos en el conglomerado Sta Rosa-Toay, con el 24 y medio de los hogares en situación de pobreza, dispuso otro aumento en los programas alimentarios, que ya había incrementado en abril, reforzándolo en 20 mil pesos, por cada niña, niño y/o adolescentes menores de 18 años, integrantes de familias de bajos recursos que no son alcanzados por programas nacionales; y también para personas mayores, solas, o con cónyuge y/o con hijos/as mayores de 18 años, monto asignado exclusivamente para comprar alimentos) sino que las enmarcó en un discurso impregnado de consignas tendientes a obtener el voto de pampeanas y pampeanos.

Aseguró que se elegiría entre dos modelos, «uno donde el Estado está presente» y que encarna Massa, o el que busca dejar «todo librado al mercado», representado por los candidatos de la derecha y la ultraderecha.  «Debo decirle al pueblo de La Pampa qué es lo que voy a poder hacer con un gobierno y qué voy a poder hacer con otro. La gente votó el 14 de mayo un modelo de provincia. Ese modelo de provincia se abastece, no solo de una gestión provincial, sino también de una mirada nacional, como les decía anteriormente, que contenga a todos. No va a ser lo mismo. Y en ese sentido, cada uno, cuando vote el día domingo, sabrá que no solo está en juego la elección de un presidente o presidenta, sino que está en juego el futuro de la provincia de La Pampa. Yo no voy a poder hacer la misma gestión que hicimos hasta ahora, pensando de qué manera crecemos, cómo llevamos adelante una política de producción y trabajo con una gran presencia del Estado, si la opción que elige la ciudadanía es claramente una posición anti-Estado». Y aclarando que sus dichos no eran campaña del miedo, sino la realidad, dijo que “lo que está en juego, no solo es elegir un presidente y una presidenta, sino también entender que hay mucho en juego para la provincia de La Pampa”, para ir más allá y marcar con contundencia que «cuando uno analiza si está garantizado o no el acueducto del norte, depende del presidente de turno, y como son obras que dependen de la remisión de un pago de certificados, dependen de la voluntad del presidente. Si un candidato plantea que la obra pública no es una herramienta que va a tener su gobierno, la respuesta se cae de maduro» dijo unos días después que su ministro de hacienda hubiera dicho que no creía posible seguir con la cláusula gatillo si el presidente elegido fuera Milei. «Vamos a garantizar prestaciones en virtud de nuestra solvencia financiera, vamos a resistir, pero no sabemos si vamos a poder seguir creciendo», advirtió el gobernador, “si el futuro presidente no fuera Massa”.

Y después fue el gran ganador, que resultó ser, Rauschenberger el que enumeró la diferencia que hubo en la campaña respecto a la de las PASO: un trabajo que logró más participación, más movilización, con mayor militancia y encuentros de cercanía. Recorrimos el territorio, hicimos reuniones con productores, con PyMEs, con comerciantes, empresarios, trabajadores, estudiantes, jubilados, jóvenes, con todos los sectores de la vida social, político y económica de la provincia”, dijo.

Así, el peronismo logró sacar en cada una de las 80 localidades más votos que los que obtuvo en las PASO y dar vuelta la elección.  Ziliotto lo hizo y transpiró en forma la camiseta para hacerlo, a punto de haber sufrido un surmenaje en el camino.

Ahora bien, alcanzó para ganar, pero hasta ahí.  Lo de Milei en La Pampa es cosa seria. El tipo jamás pisó la provincia, no hubo nadie que le hiciera campaña, esta vez nadie cuidó sus votos y así y todo terminó a menos de un punto de Massa en la provincia.  Suele ocurrir que las olas nacionales a La Pampa llegan con atraso, pero otra vez quien dio en el clavo fue el ex gobernador Carlos Verna: “Milei va a sacar votos y creo que el porcentaje de participación en las elecciones va a ser menor al que nos tienen acostumbrado en La Pampa y en el país. Y eso es malo, para la democracia porque la debilita y para las instituciones porque le hace perder calidad”, había dicho criteriosamente.  Y Verna tampoco le erró el domingo cuando después de descalificar la campaña pre electoral –“fueron todas chicanas ninguna propuesta”- manifestó: “La gente esta vez va a votar al que le dé esperanza de que se pueda salir. Hace mucho tiempo que estamos mal, que los salarios pierden ante la inflación y que el asado que comíamos los domingos, no se come más”.  Y así pasó, el voto bronca, volvió a pisar fuerte en La Pampa.

Pero insólita e indirectamente también fue destinatario de las expresiones que dirigentes santarroseños susurraron por lo bajo y algunos medios de comunicación muy interesados publicaron, onda chicana: “ahí tenés a la capital del peronismo, ganó Milei”, exponían con sorna.

Más allá de que algunos quieran adjudicarse victorias con ánimo de proyección, la victoria de Massa en Santa Rosa era obvia en el contexto victorioso nacional que se dio. La capital de La Pampa desde siempre fue kirchnerista con beneficio de inventario, porque su fuente de riqueza es la administración pública.  Pero en las localidades del norte y del sur provincial, es el campo su fuente de supervivencia.

Y la suerte de polarización vivida en las elecciones del domingo significó un deja vu de antiguas confrontaciones entre kirchneristas y antikirchneristas, con resultado obvio: en la Capital ganó el candidato acompañado por los k y en el interior se impuso el voto bronca.

De ahí que no debe desmerecerse en absoluto la elección del peronismo en Pico donde recuperó 3500 votos, decisivos a la hora del recuento general en la provincia, como bien lo remarcó la intendenta Fernanda Alonso.

Pero además, con otro ingrediente fundamental.  Mientras las localidades del sur tuvieron en Ariel Rauschenberger un candidato a diputado nacional propio, nacido y criado en Bernasconi, lo que les facilitó la campaña. De hecho, en esos poblados se impuso Ariel, pero igualmente en la categoría presidente, el ganador fue Milei.  En el norte, sobre todo en Pico, estuvieron huérfanos de candidato. Y se sabe, cuando en las boletas no hay candidatos de Pico, el voto “v”, por volátil, puede ir a parar a cualquier lado. Y pese a eso, cosecharon 3500 votos más.

Fueron 78.659 votos los que obtuvo Massa en La Pampa.  Y 75.944 los de Milei.  Pero otra vez, a Milei no le interesa La Pampa, por lo que está claro que, en el balotaje, lo que pase, dependerá del Peronismo. Sin derecho a equivocarse.

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