Se subió a un subte y contó lo que le pasó a su mamá, su abuela y a dos monjas francesas.
Ana Fernández se subió a un subte en la capital del país y contó lo que le pasó en la dictadura a ella, a su madre, a su abuela y a dos monjas francesas.
Se trata de Ana Fernández, nieta de una de las Madres de Plaza de Mayo que fue arrojada al mar en uno de los vuelos de la muerte.
Contó su historia en el subte para concientizar al pueblo sobre el peligro que representan Milei y Villarruel.
La historia de la abuela de Ana Fernández incluye a dos monjas francesas que la acompañaron a pedir por su hija: se trataba de Léonie Duquet y Alice Domon, tiradas vivas al río de la Plata, luego de haber sido detenidas y torturadas en el Centro Clandestino de Detención de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Para justificar su asesinato, los represores que defiende Villarruel, le tomaron una foto delante de una bandera con la leyenda “Montoneros”.
Las monjas
Entre el jueves 8 de diciembre y el sábado 10 de diciembre de 1977 un grupo de militares bajo el mando de Alfredo Astiz secuestró a un grupo de 12 personas vinculadas a las Madres de Plaza de Mayo. Entre ellas se encontraba Léonie Duquet, junto con la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor, y su compañera, también monja francesa, Alice Domon.
La mayor parte del grupo fue secuestrado en la iglesia Santa Cruz ubicada en el barrio de San Cristóbal de la ciudad de Buenos Aires, donde solían reunirse, por el Grupo de tareas 3.3.2. Debido a que Léonie no se encontraba allí, los militares fueron el 10 de diciembre a Ramos Mejía, en el Gran Buenos Aires, para secuestrarla en la Capilla de San Pablo. Los secuestradores engañaron a Duquet diciéndole que Alice Domon había sufrido un accidente y se encontraba en un hospital, ofreciéndose a llevarla.
Léonie fue llevada directamente al centro clandestino de detención ubicado en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), bajo el control de la Marina Argentina, donde fue recluida en el sector denominado Capuchita. Allí permaneció aproximadamente 10 días, lapso durante el cual fue constantemente torturada. En el informe Nunca Más, los testigos Maggio y Cubas, sobrevivientes de la ESMA, relataron lo que sabían sobre su suerte:
Lo mismo sucedió con las religiosas francesas Alice Domon y Leonie Renée Duquet. Tuve oportunidad personal de hablar con la hermana Alice, ya que fue llevada junto con la hermana Renée al tercer piso del Casino de Oficiales de la ESMA, lugar donde me encontraba cautivo. Esto ocurre alrededor del 11 o 12 de diciembre. Es cuando me cuenta que había sido secuestrada en una iglesia, conjuntamente con familiares de desaparecidos. Luego supe que eran 13 personas; las hermanas estaban muy golpeadas y débiles, ya que para llevar al baño a la hermana Alice tenían que sostenerla dos guardias. Le pregunte si la habían torturado y me contestó afirmativamente: la habían atado a una cama totalmente desnuda y le habían aplicado la picana por todo el cuerpo; además dijo que después la habían obligado a escribir una carta a la Superiora de su Congregación, la escribió en francés bajo constante tortura, y posteriormente le sacaron una foto a ambas, sentadas junto a una mesa. Las fotos les fueron sacadas en el mismo lugar donde las torturaron: el subsuelo de Casino del Oficiales. Las hermanas estuvieron en ESMA unos diez días, torturadas e interrogadas. Luego fueron «trasladadas» junto con las once personas restantes. Los rumores internos fundamentados por el apresuramiento con que se sacó de allí a estas personas, indicaban el asesinato de las mismas. (Testimonio de Horacio Domingo Maggio, Legajo N° 4450).

Cayeron alrededor de 10 o 12 familiares, entre ellos la Hermana francesa Alice Domon. Más tarde fue llevada también a la ESMA la hermana Rennée Duquet, de la misma Congregación religiosa que la hermana Alice. A la hermana Renée la alojaron en «Capuchita». Las hermanas Alice y Renée fueron salvajemente torturadas, especialmente la primera. La conducta de ellas fue admirable. Hasta en sus peores momentos de dolor, la Hermana Alice que estaba en «Capucha»- preguntaba por la suerte de sus compañeros y en el colmo de la ironía- en forma particular por el «muchachito rubio», que no era otro que el Teniente de Fragata Astiz (quien se había infiltrado en el grupo haciéndose pasar por familiar de un desaparecido)… A punta de pistola la obligó a la hermana Alice a redactar una carta de su puño y letra… Para coronar esa parodia se les tomó (a ambas Hermanas) fotografías en el propio laboratorio fotográfico de la ESMA, en las que aparecían sentadas delante de una mesa con un cartel del Partido Montonero atrás. Las hermanas Alice y Renée fueron «trasladadas» y junto con ellas los familiares secuestrados en la misma circunstancia. (Testimonio de Lisandro Raúl Cubas, Legajo N° 6974).
La nacionalidad francesa de las hermanas Léonie Duquet y Alice Domon generó un escándalo internacional, especialmente con Francia. Por esa razón el Jefe de la Armada y miembro de la Junta Militar, Emilio Massera, ordenó simular que ambas monjas habían sido secuestradas por la organización guerrillera Montoneros. A tal fin Domon fue obligada bajo tortura a escribir una carta a su superiora en la congregación, carta que fue escrita en francés, diciendo que habían sido secuestradas por un grupo opositor al gobierno de Videla. Luego les sacaron la foto que se encuentra en esta página en la que las dos monjas se encuentran sentadas delante de una bandera de Montoneros y exhibiendo un ejemplar del diario La Nación. La foto, que fue tomada en el subsuelo del Casino de Oficiales de la ESMA y en la que ambas religiosas aparecen con evidentes signos de haber sido torturadas, fue enviada a la prensa francesa.

Villarruel militando la reivindicación del terrorismo de estado.
Durante su cautiverio otra detenida, Graciela Daleo, se encontró con Léonie Duquet en la cocina, donde se encontraba sentada y encapuchada y recién traída de la sala de torturas. Daleo le preguntó entonces qué necesitaba, a lo que Léonie le contestó: «Un café». Inmediatamente un guardia le ordenó a Daleo retirarse. Es el último testimonio que se tiene de su vida.
El 15 de diciembre de 1977 el diario La Nación publicó una noticia de la agencia EFE bajo el título «Vivas y con buena salud». Allí se informaba que la Madre Superiora de la Congregación declaraba desde Francia que las hermanas Léonie y Alice habían sido detenidas y que «se hallan vivas y con buena salud». Aclaraba también que la información provenía del nuncio apostólico en la Argentina.
Probablemente el día 17 o 18 de diciembre de 1977, las dos hermanas y el resto del grupo, fueron «trasladadas» al aeropuerto militar que se encuentra en el extremo sur del Aeroparque de la ciudad de Buenos Aires, subidos sedados a un avión de la Marina y arrojadas vivas al mar frente a la costa de Santa Teresita, muriendo al chocar contra el agua.
En un ejemplo de humor atroz los marinos vinculados a la represión durante el Terrorismo de Estado solían en aquellos tiempos hacer referencia a «las monjas voladoras».
En 1990 el capitán Alfredo Astiz fue condenado en ausencia a cadena perpetua por la Corte de Apelaciones de París como culpable de la muerte de las hermanas Léonie Duquet y Alice Domon.

