
El gobernador no hará cambios en su concepción de gestión ni de funcionarios, a los que conservará en su mayoría. Es su modo de resistencia ante la amenaza de motosierra. Contrariamente el intendente se alinea con el presidente que vendrá y carga contra la “casta”. Fortalezas y debilidades.
Por Javier Urban – Frente a la noche que se avecina con la atronadora motosierra amenazando con hincar su cadena de corte en la coparticipación, en el presupuesto de obras públicas y en los puestos laborales porque «no hay plata», según el presidente que el domingo será tal, las posturas de los mandatarios que directa o indirectamente se verán afectados, son distintas, lo que asegura actitudes diferentes ante el impiadoso ajuste de dimensiones inéditas, que el libertario devenido a macrista los invita a hacer.
Así, mientras el gobernador electo de Córdoba, Martín LLaryora, respaldó las reformas estructurales de la Libertad Avanza y anunció que está casi a total disposición de lo que a Milei le parezca y el gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, con el eufemismo de lograr “un Estado más chico, pero más eficiente”, eliminó 50 áreas del gobierno y redujo el presupuesto en 220 mil millones de pesos, en una provincia donde ya hubo más de 20 trabajadores despedidos por la empresa nacional BTU SA que realiza obras de renovación de vías; el gobernador de Catamarca, Raúl Jallil aseguró que pretender recortes será un problema de Milei, los catamarqueños seguiremos con la Obra Pública sin despedir a nadie.
Del mismo modo dispares son las posturas del intendente de Santa Rosa, Luciano di Nápoli y del gobernador de La Pampa, frente a la tormenta en ciernes.

Justificándose en que «es lo que votó la gente», plasmando en un comunicado que «quienes tenemos responsabilidades de gestión, tenemos la obligación de escuchar la voluntad popular que se expresó en las urnas el pasado 19 de diciembre», di Nápoli aprovecha para alinearse detrás del loco de la motosierra y su proclama ya olvidada de «la casta tiene miedo». Es así que recortará la cantidad de funcionarios y funcionarias y reducirá esa planta de 80 a 60 funcionarios.
Lo importante es dilucidar para qué, el intendente de Santa Rosa hace esa lectura caprichosa del proceso electoral para tomar la decisión que tomó, moto sierra en mano. Digo que es caprichosa porque lo que, estrictamente, se votó el 19 de diciembre fue presidente de la Nación. Se eligió al jefe de Estado nacional. El mensaje que, en todo caso, debería escuchar di Nápoli es el de las y los vecinos el 14 de mayo, cuando lo re eligieron como intendente con casi el 50% de los votos, unos 29500, contra el 37% que obtuvo su adversario radical. O sea, en aquellas elecciones donde los gobiernos de Santa Rosa y La Pampa estaban en juego, nadie pidió motosierra, nadie cantó contra la casta. Los de Milei sacaron el 1,8%.

Pero insisto ¿por qué Copete achica su planta de funcionarios? Básicamente porque el “costo de la política” que Milei quiere eliminar a nivel nacional y el intendente en Santa Rosa representan un ahorro insignificante. En el orden nacional, el costo de la política, del sueldo total de los funcionarios es el 0,9% y en La Pampa, lo reveló el ministro de hacienda en la Cámara de Diputados, representa menos del 1%.
Entonces, todo parece indicar que su motivación es la de mostrarle a las y los vecinos, que el ajuste empieza por casa, que él elimina casta. Y si decimos «empieza» es porque va a continuar y las subas de tasas, lo mismo que la aplicación de otros recursos de recaudación se van a suceder, lo que lógicamente alterará el humor de las y los santarroseños. Un estado de ánimo que ya los lleva a manifestarse contra el intendente ante el primer disparador que este achique conlleva. «Si el intendente reduce la cantidad de funcionarios es porque bien podrá funcionar sin ellos -dicen las y los vecinos- entonces, ¿por qué mantuvo una planta más onerosa durante 4 años?», se preguntan. «Ahora, si los necesitaba para prestar los servicios ¿qué podrán esperar vecinos y vecinas desde que cuente con 20 funcionarios menos, lo que implica el achique de varias áreas del Estado municipal?», también se preguntan.
Y ante eso no es difícil advertir que di Nápoli afrontará un segundo mandato desde una posición sumamente debilitada respecto a lo que fue el inicio de su primera intendencia. Sus rupturas políticas, o al menos sus descontentos manifiestos, con sectores decisivos a la hora de buscar respaldos que se contabilizan en pesos, lo han alejado de aquellos que supieron acompañarlo en su primer mandato. Ubicado desde siempre en la vereda de enfrente del vernismo, hizo público su descontento con el gobernador por la ley de coparticipación a la que pretendía más centralista, e insólitamente rompió con La Cámpora, peleándose así con el kirchnersmo nacional.
Frente a las demandas económicas que se le vienen, lo que más temores le genera, es el desgaste en la relación con Sergio Ziliotto. Del gobernador se sorprendía, cuando no se sumó a la aventura de municipalizar el servicio de transporte urbano. Decía no entender cómo se quedaba afuera de una jugada que parecía fabulosa políticamente hablando. Ahora estará entendiendo por qué Ziliotto aplaudió pero no se subió a ese colectivo. Sin subsidios para el transporte, como viene anunciando Milei que será el futuro no muy lejano, los costos se le multiplicarán al municipio que, a lo largo del año que viene tendrá que comprar varios colectivos porque a fines del año que viene tendrá que devolverle a Autobuses Santa Fe, las unidades que le dejó a préstamo al EMTU. Asusuta pensar en cuánto saldrá viajar en colectivo, servicio esencial para mucha, mucha gente.
Por eso decía, el achique de la planta de funcionarios, es el aviso de di Nápoli, de que su nueva gestión vendrá necesariamente con ajustes.

En otro lugar se para el gobernador Sergio Ziliotto para resistir lo que venga. El presupuesto que los legisladores aprobaron hoy, no tiene recortes e incluso contempla 120 mil millones para obra pública (42 mil millones ya están listos para ser invertidos inmediatamente en la finalización de las rutas 18 y 20, el saneamiento urbano de Santa Rosa y la Travesía Urbana de Acha, si Milei dejara de financiarlas), hay creación de cargos en áreas esenciales, se asegura el pago de jubilaciones con fondos provinciales a pesar de que se estima el recorte de los envíos para afrontar el déficit previsional y también el pago de los salarios.
La idea es sostener un equilibrio entre la responsabilidad en el manejo de fondos acotados y la necesidad de inyectar recursos para que no se caiga el consumo, al que se seguirá considerando como esencial para el crecimiento económico y la generación de empleo.

Y mientras Milei no termina de confirmar a Alejandro Cosentino como secretario de innovación, un área que estaría bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete y tendría a su cargo la poda a la planta estatal, previéndose reducir el empleo estatal en 1.5 millones de personas, algo que consideran «posible y deseable”. Ziliotto ya ha dispuesto invertir nada menos que unos $30 mil millones cuando se paguen los salarios y el aguinaldo en diciembre, cubriendo un tercio del aguinaldo con los $3.800 millones que Nación hace llegar a modo de compensación. También pagará la tradicional suma fija a principios de enero. Y de echar personal, ni se habla, naturalmente.
Es evidente la valentía con la que el gobernador espera capear el temporal inevitable sin resignar su proyecto peronista de no dejar gente afuera por más que cueste que los números cierren.
Y esa valentía en no cambiar de Ziliotto, se vio reflejada también en la constitución del gabinete con el que afrontará su segundo mandato. Desde que en mayo, inmediatamente después de las elecciones provinciales, el ex gobernador Carlos Verna dijera » “Ganamos la gobernación pero perdimos la provincia. Yo creo que a ningún dirigente importante del peronismo se le puede pasar que desde 2019 a la fecha hemos perdido un senador nacional, un diputado nacional, dos diputados provinciales, 19 pueblos y 12 mil votos, lo que implica que debemos hacer un análisis sobre lo que está pasando, lo he conversado con el gobernador y coincide con esta necesidad, también lo he hablado con el doctor Marín… tenemos cuatro años por delante y lo vamos a solucionar” y reclamara cambios diciendo, a lo Cristina, que “hay funcionarios que no funcionan”; el mundo de la política esperaba con ansiedad lo que El Ruso determinara.

Fiel a su estilo, Ziliotto ratificó lo que íbamos recabando de sus más cercanos, «únicamente se irá aquel que se quiera ir». Mantuvo a la mayoría de sus ministros y sumó a tres intendentes al Gabinete: Pascual Fernández como ministro de Gobierno, Gabriela Labourie en Género y Diversidad y al camporista, Saul Echeveste, en Turismo. Se fue de educación Pablo Maccione, que será reemplazado por Marcela Feuerschvenger; de Cultura se fue Adriana Maggio y en su lugar irá Pablo Lucero. Y el más llamativo de los cambios se dió en el IPAV, donde Jorge Lezcano le dejó el lugar a Erica Riboyra. Después, siguen todos. Cambios significativos, ninguno.

Y si de nombres hablamos, fue impactante la enorme concurrencia de hombres y mujeres decidores de la política pampeana, que acompañaron a la diputada provincial María Luz Alonso en la presentación del libro que le prologara la expresidenta Cristina Kirchner.

La muy solvente alocución de Luchy presentando «‘Pensar La Pampa. Claves para construir el futuro”, fue presenciada por el senador nacional del Frente de Todos, Daniel Bensusán, el senador nacional de Juntos por el Cambio, Daniel Kronberger, los ministros de Desarrollo Social, Diego Álvarez, de Conectividad y Modernización, Antonio Curciarello, la fiscala de Estado, Romina Schmidt, el Subsecretario de Salud Mental y Adicciones de La Pampa, Martín Malgá, el exministro de Hacienda, Ernesto Franco, y el exministro de Obras Públicas, Juan Ramón Garay; además del Secretario de Trabajo, Marcelo Pedehontáa, varios intendentes, Manuel Feito (Lonquimay), Adriana García (Winifreda), dirigentes sindicales y empresarios pampeanos. Todo un sacudón en la arena política provincial que descubre en acción a la que fue mano derecha de Cristina en el Senado.


