
Locos por el fútbol, una pasión que recorre la provincia y en donde participan “jóvenes” que recorren una gran cantidad de kilómetros para disfrutar de una tarde entre amigos, en esta nota de Rodfolfo Gigena.
Una mañana de café con amigos, uno de los temas centrales el fútbol y entre ellos de los veteranos. Yo comento que en el campeonato que organiza la Liga de Fútbol de Veteranos de Santa Rosa participan “jóvenes” de distintas localidades del interior y de la provincia de Buenos Aires, recorren 40 o más de 100 kilómetros.
Ante esto un amigo dice “están locos, por un partido de fútbol, a esa edad, les tiene que gustar mucho…” lo miro y solo le respondo, ·”es un encuentro de amigos, donde también está la familia, a esa edad lo toman como una diversión” y agrego “a esa edad puede ser amor por el fútbol o una válvula de escape a la rutina”. Nadie contestó.
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Llega el sábado y voy al predio Víctor Arriaga, del club Estudiantes donde cada siete días concurro, soy Director Técnico de los Tricolores, es temprano y observo cómo están llegando los protagonistas, algunos con la familia, otros con amigos, llevan sus reposeras, el equipo de mate, preparándose para ver a su equipo.

Comienzan los preparativos, mesas y sillas para los planilleros, los banderines, las canchas ya marcadas, los arcos con sus redes, los veteranos se van cambiando, poniéndose sus pantalones cortos, sus camisetas, algunos ya moviéndose para evitar posibles lesiones. “A esta edad hay que cuidarse” me dicen.
En las tempranas horas de la tarde llegan numerosos autos y entre ellos “los visitantes”, los que llegan de otras localidades, Ataliva Roca, Winifreda, Eduardo Castex, General Acha, Pellegrini, Trenque Lauquen y Villa Mazza, son los “locos”, con la misma pasión que “los locales”.
Rápidamente se cambian para “moverse”, estar bien, físicamente, no totalmente expresan. Comienzan los partidos y aparecen en esos 60 minutos de juego las emociones, la felicidad, la tristeza, sentimientos que se van agolpando en cada uno de ellos. Hay un ambiente de competitividad y camaradería, al término todos se abrazan, se saludan, surge el espíritu deportivo.

Luego vendrá el llamado tercer tiempo, se juntan tras el partido, comparten un choripan que es suministrado por la cantina donde se agolpan para comprar. Aparecen los comentarios, las bromas, las anécdotas, algún enojo circunstancial por una “mala jugada”, y se alejan con un “hasta el próximo sábado”.
Recuerdo las palabras de Gerardo “La Vieja” Reinoso, en un campeonato argentino que organiza la Federación Argentina de Fútbol para Veteranos (FAFUV), “nunca uno pasa a ser un ex jugador, hay que seguir, con la misma pasión, hay de todo aquí, alguno ya rengo viene, otros con dolores, gorditos, pero la pasión está presente aunque sea caminando, tocando la pelota, sin esos nervios de ganar, aunque uno nunca pierde la ilusión de triunfar, nunca la perdemos, queremos ganar, protestamos, hay algunas palabras de más. Hablamos con los árbitros, es difícil dirigir a 22 jugadores “viejos”, mañosos, no perdemos el deseo de ganar, queremos ganar, hacer alguna trampa, no es fácil para los jueces, tenemos que tratar de no hacerlo”, agrega entre risas.
Y es verdad, vivimos todo eso cada sábado, con la ilusión de ganar, de encontrarnos con amigos, compartir un mate durante el partido en el banco de los suplentes, un grito de felicidad por un gol del equipo y la angustia de un gol en contra.
Van cayendo las primeras sombras de la tarde, han finalizado los partidos, se saludan todos y van regresando lentamente a sus lugares de origen. Ese sábado donde observe todo lo que sucede alrededor de un campeonato, me quede hasta el final, observando cómo los colaboradores que trabajan incansablemente, reunían todos los elementos.
Los saludé cuando se iban y el silencio envolvió al complejo. Las voces, los gritos desaparecieron. Cuando hacia los primeros metros de regreso observo que aparecen los “personajes”, los teros, siempre presentes donde hay una cancha de fútbol.
Rodolfo Gigena

