
El profesor de Ciencias Políticas, Silvio Arias, envió una nota a Plan B Noticias, a la sección de Libertad de Expresión, donde destacó el pensamiento de Juan Domingo Perón y criticó al gobierno libertario.
Textualmente, esta es la nota de opinión:
“ES LA POLÍTICA, ILUMINADOS”*
Hace más de cincuenta años desde su exilio en Madrid, el ex presidente argentino Juan Domingo Perón realizaba un pormenorizado análisis de la realidad mundial de aquellos años. En su libro “La Hora de los Pueblos”, el líder popular exponía con magistral lucidez, las políticas nefastas de la ultraderecha liberal centralista, en perjuicio de los sectores excluidos de ese modelo global enriquecedor para unos pocos poderosos y empobrecedor para el noventa por ciento de los mortales restantes. Nada ha cambiado.
Diez meses después de haber asumido y ante la verdad consumada, el fracaso libertario argentino, ha demostrado su trágica huella: aumento del desempleo y la pobreza, caída del consumo interno, hiperinflación, cierre masivo de fábricas y pymes nacionales, devaluación, violencia institucional, peligro de la estabilidad democrática…etc.
El cambio prometido ha sido una estafa electoral, disfrazada de buenas intenciones y carente de toda factibilidad en favor de las mayorías populares, que ven mermar día a día su existencia con desesperanza e incertidumbre.
Y por aquello de que “un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetir sus tragedias”; se torna indispensable refrescar percepciones intelectuales nacionales que nos ayuden a clarificar escenarios tristemente conocidos, intentando superar con respuestas efectivas ese devenir catastrófico anteriormente descripto, con pesar y amargura cuando se ama la patria y su gente.
Si el siglo XX consolidó el poder militar-comercial de los imperialismos ruso y yanqui con la complicidad de sus oligarquías nativas -en perjuicio directo de los trabajadores-, el siglo XXI multipolarizó ese poder con nuevos actores y mecanismos de inserción, igualmente efectivos a los intereses conservadores que constantemente inclinan la balanza de los beneficios a su favor. Muchos pobres, pocos ricos. Hoy un puñado de multinacionales, son clave en la gobernanza mundial y responsables directas de la injustica social reinante, ante una dirigencia política de espaldas a los intereses `populares y deslegitimada en su función real.
En medio de tamaño desbalance de poderes globales, la Tercera Posición Justicialista significó un camino de liberación para las naciones vulneradas en su soberanía política y económica. Un socialismo nacional u humanista, que contempla al ser humano en su doble condición espiritual y material, realizándose en un contexto de confluencia de valores colectivos y estatales, en el cual todos ganan “viendo al otro como un igual”.. La solidaridad, el cooperativismo, el ascenso social y la inclusión cívica de todos los sectores que constituyen una comunidad organizada, son la puerta de entrada a una sociedad justa y próspera.
Por su parte, la gula liberal anula la acción política y el ser humano, convirtiéndolo a éste último en un objeto de consumo y explotación, bajo la consigna de la destrucción de una “casta dirigencial” delincuente y elitista, que lejos de desaparecer se multiplica en nuevos actores. En dicho modelo perverso, son los débiles quienes pagan la fiesta destructiva de los adalides de la libertad, la austeridad y la desaparición del Estado. Así, el único derrame posible es el de la sangre del pueblo en las calles, protestando desigualmente contra sus verdugos y soportando el silencio atronador de quienes dicen representarlos.
En “La Hora de los Pueblos”, Perón explicaba: “El sociólogo Jesús Suevos afirmó que uno de los más grandes errores de nuestro tiempo era identificar los vocablos “democracia y liberalismo”. Tras la presencia del hombre-masa, el hombre ya no puede ser considerado como un ente aislado sino como un elemento integrante del conjunto… esto explica la decadencia de los partidos políticos y su reemplazo por otras organizaciones mayores y más naturales. La democracia de nuestro tiempo no puede ser estática, desarrollada en grupos cerrados de dominadores por herencia o por fortuna, sino dinámica y en expansión para dar cabida y sentido a las crecientes multitudes que van igualando sus condiciones y posibilidades a las de los grupos privilegiados… esas masas ascendentes reclaman una democracia directa y expeditiva… Cuando hace veinte años el Justicialismo anunciaba desde la Argentina la “Hora de los Pueblos” y su doctrina, el mundo demoliberal y el soviético, apoyados por el imperialismo capitalista, lanzaban ya su ofensiva contra nosotros con la acusación de “antiliberalismo”, “demagogia” o “nazifascismo”.
Por ello, la democracia popular terminará con la democracia liberal empresarial, eternamente sedienta de lucro y explotación humana. Perón agregaba: “En la Argentina el demoliberalismo burgués con sus caudillismos y sus partidos políticos, no podrá jamás superar al peronismo. Para nosotros organizar es adoctrinar, porque la doctrina es el único caudillo que resiste a la acción destructora del tiempo, y nosotros trabajamos para el porvenir… la fuerza del peronismo radica en que constituye un gran movimiento nacional y no un partido político”.
Perón le otorga a la educación política del país, un papel central para su democratización interna y fortalecimiento internacional; siendo la opción justicialista el escenario del movimiento nacional que protagonizará el cambio real, ante la pérdida de legitimidad de la estructura conservadora partidaria.
El viejo líder subrayaba: “El problema argentino es POLÍTICO, porque sin el concurso del Pueblo ningún Gobierno puede desenvolverse en la Argentina. …lo que hay que arreglar es lo político, buscando soluciones justas y ecuánimes, porque nada estable se puede fundar en la simulación ni en la injusticia”.
Luego de sesenta años, su pensamiento no puede ser más vigente. El problema es político, humano, moral e ideológico, además de económico. Perón tenía la suficiente autoridad política para expresarlo, respaldado en su propia experiencia de gobierno. Cuando en 1946 el justicialismo llegó al gobierno se encontró con un país descapitalizado, endeudado y con servicios financieros en divisas que le llevaban anualmente casi todo el producto del trabajo del Pueblo Argentino. Era un país “subdesarrollado”, descapitalizado por la acción expoliadora del imperialismo. La solución fue capitalizar al país, de una sola manera: TRABAJANDO, “porque nadie se hace rico pidiendo prestado o siendo objeto de la explotación ajena”.
Así es como se aplicaron dos medidas. Se nacionalizaron los servicios en manos extranjeras que imponían servicios financieros en divisas (compra de servicios públicos, repatriación de la deuda externa, creación del IAPI, nacionalización de los seguros y reaseguros, creación de una flota mercante y aérea, etc.). Creándose al mismo tiempo, una organización de control financiero que impidiera la evasión de capitales (reforma bancaria, promulgación de la Ley Nacional de Cambios).
Un ejemplo de que cuando se quiere al país y su gente, se puede. La política es una actividad profesional, culta, educativa, de profunda significación social; no es para improvisados. Como decía Perón: “la verdadera obra de arte no está en la concepción sino en la EJECUCIÓN. Para ello se necesita más que nada experiencia, que es la parte más efectiva de la sabiduría. Los tecnócratas no hacen gobierno porque carecen del humanismo indispensable para gobernar lo fundamental: el hombre. Para gobernar se necesitan hombres de gobierno con la sensibilidad y la imaginación indispensables para conducir a los pueblos”.
La función de la historia consiste en aprender de nuestros devenires, sin repetir –en este caso- errores y fracasos que atenten nuevamente contra las mayorías populares, refrescando la experiencia y el pensamiento de un ex presidente que con sus defectos y virtudes tuvo una visión de su país y el mundo. A juzgar por los hechos, hemos aprendido muy poco. Asistimos a una crisis política sin precedentes, a una deshumanización moral que obstruye la visualización del dolor ajeno, convirtiendo a ese ser en el objetivo central de un plan macabro, destinado a anular su condición humana y capacidad de respuesta ante semejante indignidad. Por ello, a la violencia institucional de la sinrazón y el autoritarismo, deberá oponerse la acción pacificadora del pueblo, organizado en sus diferentes formas y luchando -una vez más- contra la hipocresía, el egoísmo, la apatía y la ausencia total de sensibilidad social ante los que sufren. Necesitamos más política que nunca y más pueblo en las calles, luchando todos por un destino inclusivo digno de ser vivido.-
Silvio J. Arias
Prof. Ciencia Política
Militante PJ – La Pampa

