
La ruta del esnife
Gustavo Caletti
Factótum Ediciones – 158 páginas.
El protagonista de la novela sueña con construir el mapa de los mejores bares porteños para tomar falopa. En una de esas noches de alcohol y cocaína, ayuda a una mujer, en un baño no binario, a transitar su aborto espontáneo. Sentada en el inodoro, le clama por ayuda: “estoy complicada flaco, fijate que tengo”.
Claudio, un docente universitario que acaba de ser despedido, tiene que separar el cordón umbilical del feto que yace en el hueco de agua, viscoso y sangriento, con un cortaplumas. “Fijate si está el otro, estoy embarazada de mellizos”, le ordena Mika.
Al tiempo se ven en otro bar, donde se entera de que “el otro” estaba dentro de su cuerpo y se lo sacaron en una clínica. Ese encuentro casual en el baño, cambiará el presente del hombre desempleado.
La joven mujer le da la tarjeta de una consultora y al otro día, sale con trabajo. Tiene que recorrer las estaciones de servicio del país y medir la calidad de la franquicia, según lo limpio o cagados que encuentra los baños.
Pero, el esnife, no tiene que ver con el aborto ni con el trabajo. Es un deseo de Claudio. Su proyecto de vida. La cartografía de bares y dealers que debería tener Google Maps para evitar que los consumidores tengan conflicto con la ley en ese momento de la noche donde la abstinencia no será la buena consejera para pensar en dejar la merca algún día, por una cuestión de salud, obvio.

Llevamos un mes recorriendo estaciones de servicio por la Patagonia, completando planillas, revisando cuán cagados están los baños. Miles de kilómetros forzosamente ventosos, cada tanto un pueblo o una pequeña ciudad con su hotel para pasar la noche. Almorzamos flojo, casi siempre manejando, y cenamos abundante en el mejor bodegón disponible. Un par de botellas de vino nos sirven para anestesiar el viento y salir a caminar la noche como si el clima invitara.
Siempre hablamos de drogas: armamos cronologías de nuestros dealers, discutimos sobre los beneficios del papel glasé metalizado o de la bolsita de plástico para envolver. Al final terminamos poniéndonos melancólicos añorando un pasado de pureza sin cortes de anfetas y nos prometemos retomar grandes proyectos, como aquel mapa gigante de Buenos Aires para cartografiar los mejores bares para tomar falopa. O el programa de televisión «Merca por el mundo», en donde recorreremos en cada capítulo ciudades exóticas conociendo las costumbres locales de los consumidores de cocaína.
Grotesca, dramática, bizarra y risueña, La ruta del esnife es una novela de carretera en el que se suman personajes en viaje, drogadictos, borrachos, extravagantes, y patrones aprovechadores.

