
* Hace exactamente un año, publicábamos en este mismo medio una Nota bajo el título:-“EL SADISMO COMO POLÍTICA DE ESTADO”.
Algunos lectores de la misma, nos hicieron saber su análisis sobre la misma, pero la mayoría coincidía en que la calificación de “sadismo” a la política del Gobierno les parecía exagerada. Hoy estoy persuadido que no han de pensar lo mismo, ya que en los medios virtuales existen varios centenares de publicaciones donde a las acciones (o inacciones del Gobierno) se las califica de “perversas”.
La diferencia es mínima, respecto al resto de los agresores, y está dada porque en el sádico se pueden identificar algunos rasgos como la satisfacción y placer personal en comportamientos que humillan y violan derechos de terceros, con predisposición a reaccionar de forma imprudente, atracción por conductas riesgosas, además de ser irritables y hostiles.
Básicamente la diferencia entre las personas que realizan actos malvados y las personas que realizan actos sádicos es la satisfacción que produce en estos últimos el acto de dañar.
Pero es importante destacar que en ambos casos se sigue manteniendo la voluntad de causar daño, por lo que no se podría alegar que las personas con estas características presenten alteraciones de percepción de la realidad, lo que significa que tienen capacidad de discernimiento entre el bien y el mal.
Lo que sigue es el contenido de aquélla Nota del 12/3/24 donde si contrastamos los hechos actuales con los de la actualidad se puede apreciar si realmente con el transcurso del tiempo en este año transcurrido “CONTINÚA AGRAVADO EL SADISMO DEL GOBIERNO COMO POLÍTICA DE ESTADO…”.
Allí decíamos: “El régimen Mileísta cada vez, en mayor medida, inyecta crueldad en sus propias acciones y en los funcionarios y agentes a los que estimula para que salgan a masacrar al pueblo, en el sentido más amplio y concreto…”.
Si bien esta conducta ya había sido vislumbrada en expresiones formuladas a los medios, previo a las elecciones, no fue parte del contrato electoral, ni cabe suponer que la mayoría que lo votó para gobernar, jamás lo hubiera aceptado. Hoy, todo está claro y sobre la mesa, ya no se tratan de señales, sino de actos cargados de odio y perversidad destinados exclusivamente para dañar sin límites de crueldad.
Desde lo político, pretende no sujetarse a la Constitución Nacional, ni a ninguna ley, ni a ningún control democrático, sino que dedica su tiempo, emitiendo, la mayoría de la veces, órdenes por twiter (hoy X) para procurar aplastar cualquier desacuerdo o a los que se oponen a esta voluntad de poder desencadenada de toda norma, en tanto se manifiesten contra este proceso, que es su cenit.
Elimina todos los derechos ciudadanos conseguidos en años de lucha del pueblo en sus más diversas expresiones y, bajo la excusa de descartar al Estado como organización jurídica, política y social, entrega el patrimonio nacional y popular a los intereses financieros trasnacionales que este gobierno encarna con el Ministro de Economía Luis Caputo a la cabeza.
Esto se traslada a un aumento desmesurado de la pobreza nunca visto, que se traduce en verdaderos crímenes de lesa humanidad cometidos desde el Estado, contra los sectores más indefensos, niños y ancianos, que pasan hambre, carecen de acceso a la salud y a la educación, vidas “sacrificables” -para su perversa ideología- donde la libertad que propugna se torna en una falacia y una amenaza contra la vida digna.
Estas decisiones se repiten sistemáticamente y en la cúspide de esas decisiones se encuentra el Jefe de estado, ya no hablamos de la mera violencia humana, sino del terror de estado, donde el gobierno avala todos los actos verdaderamente sádicos, cometidos por sus ministros y agentes, lo que nos conduce a una dislocación de los lazos sociales.
Se trata de un Gobierno que instaura como bandera ideológica la destrucción Estado democrático y la forma republicana de gobierno, que pretende uniformar la opinión pública e instaurar el pensamiento único y al mismo tiempo niega a sus próceres y acomete contra la verdad de la historia patria. No tengo dudas que, quien usa como hábito, una falsa invocación divina a los poderes del cielo, mientras proclama la xenofobia, la ira y el desprecio de quienes no piensan igual, ya ha minado, y extingue día a día, toda su legitimidad de origen que lo llevó al Poder Ejecutivo Nacional.
Y sostengo este concepto porque estoy persuadido, que sólo una minoría irresponsable con notoria inmadurez ciudadana, inficionada mentalmente por quien conduce este Gobierno, se ha transformado en miserable, violenta y perversa y puede alegrarse con ver gente que sufre hambre, o porque no puede comprar sus medicinas, o porque ha perdido su trabajo o su comercio y no puede alimentar a sus hijos. Algunos de ellos, seguramente porque carecían de empatía con el Gobierno de Fernandez/Massa creyeron que porque Milei les gritaba en la cara “Viva la libertad carajo” o “El cambio lo pagará la casta” o “voy a dinamitar el Banco central” o “voy a dolarizar porque la moneda argentina es excremento”, se convertirían en liberales y mejorarían su calidad vida.
Es hora que ya se den cuenta que les MINTIERON y que si siguen atados a esas consignas huecas, ya pasarán a la condición de seres deshumanizados y crueles.
No es motivo de asombro para los que vivimos pretéritas experiencias neoliberales con iguales características del anarcocapitalismo que dice representar Milei, que en Argentina desde su ascensión al Ejecutivo nacional, el estado de derecho democrático está abolido por esta corrosión permanente desde los primeros días de este régimen. No es una sorpresa, aunque haya llegado al Gobierno por el voto ciudadano.
Esto también es viejo: los estados represivos siempre se instauraron invocando con cinismo la defensa de los más desposeídos y cortando privilegios políticos, que ahora Milei y sus funcionarios están usufructuando a mansalva, sin cumplir con ninguna de sus promesas de campaña. No extraña en absoluto, a pesar de que el establishment periodístico todavía hoy se empeñe en simular que vivimos bajo un estado democrático de centro-derecha. Estos narradores travestidos de neutrales, son quizás los cómplices más cobardes de estos verdaderos crímenes (como los Tratados de derecho internacional califican al hambre y a la indigencia provocada intencionalmente), porque esta situación no podría sostenerse sin esa confabulación y el de las corporaciones judicial y empresarial, ni de una buena parte de la clase política que mira para el costado.
*Ricardo Víctor CHELI

